Bebe y niños

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Vacunas

Su hijo debe recibir la mayoría de las vacunas infantiles antes de que cumpla los dos años. Así estará protegido de diez enfermedades importantes: la poliomielitis, el sarampión, las paperas, la varicela, la rubéola, la tos ferina (pertussis), la difteria, el tétanos, las infecciones provocadas por la Haemophilus Influenzae tipo b y la hepatitis B. El calendario de vacunaciones recomendado por la Academia Americana de Pediatría figura en la página 70.

DTP o DTPa. En el chequeo de los dos meses, a su hijo le pondrán la primera dosis de las vacunas contra la difteria, el tétanos y la pertussis (conocida popularmente como tos ferina), bien del tipo acelular (DTPa) o bien del tipo inactivada (DTP). Estas vacunas se ponen en cinco inyecciones, las primeras tres dosis se inyectan a los dos, cuatro y seis meses de edad. La cuarta dosis se inyecta entre seis y doce meses después de la tercera, generalmente alrededor de los dieciocho meses de edad. La última dosis se suele inyectar antes de que el niño empiece a ir a la escuela, entre los cuatro y los seis años. Esta dosis "de refuerzo" eleva aún más la respuesta inmunitaria ante los agentes que provocan las tres enfermedades señaladas.

Durante las veinticuatro horas que siguen inmediatamente al pinchazo, su hijo puede estar irritable y menos activo que de costumbre. Es posible que la zona del pinchazo se enrojezca y le duela y que el niño tenga fiebre baja (menos de 102° Farenheit [38.9°C]). Estas reacciones, completamente normales, no deberían durar más de 48 horas. Pueden tratarse administrando acetaminofen cada cuatro horas. No le dé nunca aspirina.

Informe al pediatra si su hijo presenta alguna de las siguientes reacciones mucho menos comunes:

  • Llanto constante y desconsolado durante más de tres horas.
  • Un llanto mucho más agudo de lo normal.
  • Somnolencia excesiva o dificultad para despertarse.
  • Palidez o flojera.
  • Temperatura igual o superior a los 105° Farenheit (40.6°C).
  • Convulsiones (generalmente provocadas por la fiebre alta).

Aunque estos efectos secundarios pueden ser alarmantes, hay menos de un 1 por ciento de probabilidades de que su hijo presente cualquiera de ellos.

En 1992 se autorizó el uso de un nuevo tipo de vacuna antitosferina que no utiliza toda la célula muerta sino sólo una parte de la misma en la cuarta y quinta dosis. Esta vacuna se denomina "acelular" (DTPa) y desde 1997 se prefiere a la forma "inactivada" (DTP) en todas las dosis. La DTPa tiene menos probabilidades de provocar los efectos secundarios adversos, leves o moderados, que suele provocar la DTP. Ambas tienen la misma eficacia preventiva. Si a un bebé no se le ponen estas vacunas, su riesgo de contraer estas enfermedades aumenta enormemente. La difteria, el tétanos y la tos ferina son enfermedades muy peligrosas.

Estos peligros incluyen:

  • Dos de cada diez personas que contraen el tétanos mueren debido a esta enfermedad.
  • Antes de que existiera la vacuna, una de cada quince personas que contraía la difteria moría debido a esta enfermedad.
  • Uno de cada cien bebés de menos de dos meses que contraen la tos ferina muere de esta enfermedad (La tasa de mortalidad global, considerando a todos los infantes, es de uno por mil).
  • Casi tres de cada cuatro infantes que contraen la tos ferina requieren hospitalización, y uno de cada cinco desarrolla neumonía.

Ha habido cierta controversia en torno a las reacciones que provoca la DTP, pero, puesto que sus beneficios superan con creces a los riesgos implicados, la Academia Americana de Pediatría recomienda fuertemente seguir con la rutina de inyectar esta vacuna, preferentemente en su modalidad acelular (DTPa), a partir de los dos meses de edad.

Sin embargo, hay algunos niños en los que se debería posponer el momento de empezar a vacunarlos y algunos que no deberían ser vacunados. Entre ellos, se incluyen los que tienen uno o más de los siguientes problemas:

  • Una reacción severa ante la primera dosis (reacción alérgica o inflamación del cerebro, denominada encefalopatía)
  • Convulsiones previas o existir la sospecha de que el niño tenga una enfermedad del sistema nervioso de carácter progresivo.

Si su hijo tiene alguno de estos problemas, asegúrese de que el pediatra está convenientemente informado antes de ponerle la vacuna DTP.

Vacuna contra la poliomielitis. La poliomielitis es una enfermedad de origen viral que puede paralizar algunos músculos del cuerpo. Puede ser de leve a muy grave, dependiendo de los músculos afectados y de la gravedad de la afectación. Afortunadamente, la forma natural del virus de la poliomielitis ha sido eliminada en la los Estados Unidos gracias al uso de vacunas eficaces para prevenir esta enfermedad.

Vacunarse es la mejor forma de protegerse contra la poliomielitis. Los niños deben recibir cuatro dosis de esta vacuna antes de ingresar a la escuela. Hay dos tipos de vacunas de la poliomielitis: la IPV (Inactivated Polio Vaccine) o vacuna de la poliomielitis inactivada, que se inyecta en la pierna o el brazo, y la OPV (Oral Polio Vaccine) o vacuna de la poliomielitis atenuada, que se toma por vía oral en forma de gotas. Esta vacuna se pone a los dos meses, a los cuatro meses, entre los doce y los dieciocho meses y entre los cuatro y los seis años. (En los niños a quienes se administra la forma oral en todas las dosis, la tercera toma puede efectuarse en cualquier momento entre los seis y los dieciocho meses de edad)

Las dos vacunas de la poliomielitis proporcionan una protección excelente contra la polio. Los padres pueden elegir entre tres posibles pautas de vacunación: sólo IPV, sólo OPV y combinado. Pregúntele al pediatra qué pauta de vacunación debería seguir su hijo.

La OPV proporciona una protección excelente contra la poliomielitis y, aparte de no tener que inyectarse, evita que la forma natural del virus de la poliomielitis se trasmita de una persona a otra. Aunque contiene una forma atenuada del virus, en raras ocasiones puede provocar un cuadro de parálisis en niños inmunodeprimidos. También puede provocar un cuadro de este tipo en las personas que no sean inmunes al virus de la poliomielitis y que estén en contacto con niños que hayan recibido la vacuna contra la polio por vía oral (el virus estará presente en las heces del niño al poco tiempo de la vacunación). De todos modos, las probabilidades de que esto ocurra son bajísimas. Si su hijo es alérgico a los antibióticos neomicina y estreptomicina, es probable que el pediatra le recomiende la forma oral de la vacuna, ya que los antibióticos mencionados se utilizan para preparar la forma inyectable.

La IPV proporciona una protección excelente contra la poliomielitis y se ha visto que, exceptuando la leve inflamación en la zona del pinchazo, apenas se asocia a efectos secundarios. La IPV protege al niño que recibe la inyección, y, al estar elaborada con un virus de la poliomielitis inactivado, no puede provocar cuadros de parálisis. Sin embargo, en el caso de que haya un brote de poliomielitis, la forma inyectable no es tan eficaz como la oral para prevenir la trasmisión de la forma natural del virus de la poliomielitis. De todos modos, si su hijo o alguien que está habitualmente en contacto con él tiene el sistema inmune debilitado, debido a alguna enfermedad como cáncer o SIDA, se le debe administrar exclusivamente la forma inyectable de la vacuna. Esta recomendación también es válida para aquellos niños que, por el hecho de tener cáncer o alguna una enfermedad crónica, se estén sometiendo a radioterapia o quimioterapia o a un tratamiento a largo plazo a base de esteroides.

Si se opta por la pauta de vacunación integrada por dos dosis de la forma inyectable de la vacuna y dos dosis de la forma oral (pauta combinada), su hijo podrá beneficiarse de las ventajas de ambas vacunas, excelente protección contra la poliomielitis y menor riesgo de presentar un cuadro de parálisis.

Vacuna contra el sarampión, la rubéola y las paperas (Triple vírica). Cuando su hijo tenga entre doce y quince meses de edad, recibirá un sólo pinchazo en el que se le inmunizará contra las paperas, el sarampión y la rubéola. Aunque estas enfermedades se conocen sobre todo por las erupciones (sarampión y rubéola) y la inflamación glandular (paperas) que provocan, también pueden ocasionar complicaciones médicas graves. Las vacunas contra estas enfermedades no suelen tener efectos secundarios graves, pero su hijo puede experimentar las siguientes reacciones, al cabo siete a diez días:

  • Sarpullido de carácter leve.
  • Leve hinchazón de los ganglios linfáticos del cuello o del área que queda cubierta por los pañales.
  • Fiebre baja.
  • Adormilamiento.

En los niños alérgicos a los huevos, esta vacuna puede provocar reacción en raras ocasiones (ya que en su proceso de elaboración se emplean huevos). Por lo tanto, si su hijo tiene este tipo de alergia, debería indicárselo al pediatra. Si su hijo está tomando alguna medicina que interfiera con el funcionamiento del sistema inmune o su sistema inmune está debilitado por cualquier motivo, no se le debe inyectar esta vacuna. Puesto que no todos los niños se inmunizan con un sólo pinchazo, para garantizar una mayor protección se recomienda una segunda dosis antes de que cumplan 12 años. Muchos estados recomiendan dar esta segunda dosis antes (entre los cuatro y los seis años de edad), por lo que es recomendable consultar con su pediatra.

Vacuna contra la varicela. Se recomienda vacunar contra la varicela a todos los niños sanos de entre doce y dieciocho meses que no hayan tenido la enfermedad. Los niños de menos de trece años que no hayan tenido varicela ni fueron vacunados contra esta enfermedad en su momento, también deberían recibir una única dosis de esta vacuna. Los adolescentes y adultos jóvenes que no hayan tenido esta enfermedad ni se hayan vacunado contra ella deberían recibir dos dosis de esta vacuna separadas entre sí por un período de entre cuatro y ocho semanas. Aunque la varicela no suele provocar complicaciones en la mayoría de niños sanos, hay ciertos sectores de la población que tienen mayor riesgo de desarrollar problemas graves. Entre ellos, cabe destacar a los niños de menos de un año, los que tiene el sistema inmune debilitado, los que tienen eccema u otros trastornos dérmicos, los asmáticos y los adolescentes.

Vacuna contra la Haemophilus Influenzae Tipo B (Hib). Es recomendable administrar la vacuna contra las infecciones provocadas por la bacteria denominada Haemophilus Influenzae tipo b a partir de los dos meses de edad. El uso de esta vacuna ha permitido reducir notablemente la incidencia de las enfermedades provocadas por esta bacteria.

Vacuna contra la Hepatitis B. La vacuna para prevenir la hepatitis B se ha añadido al listado de las vacunas que es recomendable administrar durante la infancia. La hepatitis B (a veces denominada hepatitis sérica) es una enfermedad viral que afecta al hígado. Se puede dar en personas de cualquier edad, incluyendo a los recién nacidos. Puede trasmitirse de madre a hijo en el momento del parto y entre las personas que conviven en la misma casa. También se puede contagiar por vía sexual y por el contacto con la sangre infectada o con utensilios quirúrgicos contaminados.

Los infantes y los niños pequeños pueden contraer la enfermedad y manifestar síntomas leves o, incluso, no manifestar ningún síntoma en absoluto, pero es posible que más adelante desarrollen problemas de hígado de carácter crónico, incluyendo cáncer.

Puesto que parece ser que esta enfermedad está aumentando y los contactos no siempre se pueden predecir o evitar, las autoridades sanitarias incluyento la AAP recomiendan administrar esta vacuna temprano en la infancia.

La vacuna se administra en tres dosis: la primera dosis se inyecta pocos días después del nacimiento, la segunda uno o dos meses después y la tercera entre los seis y los dieciocho meses de edad.

Los niños mayores, adolescentes y adultos también deberían vacunarse. Muchas guarderías y escuelas públicas exigen pruebas de vacunación contra hepatitis B para admitir a un niño. Estas personas también tendrían que ponerse tres inyecciones, dejando pasar un mes entre la primera y la segunda, y seis meses entre la segunda y la tercera.

No se han descrito reacciones adversas graves a esta vacuna. De todos modos, pueden presentarse efectos secundarios menores, como malestar e inflamación y enrojecimiento de la zona del pinchazo. Esta vacuna sólo está contraindicada en las personas alérgicas a la levadura (algo poco habitual en los niños).

En este capítulo hemos dado una visión de conjunto de los cuidados que necesita un bebé. De todos modos, su hijo es un individuo único, por lo que probablemente tendrá algunas preguntas que sólo son pertinentes para su caso en concreto. Estas preguntas serán mejor resueltas por su propio su pediatra.

Nuestra posición

La Academia Americana de Pediatría considera que los beneficios de las vacunas superan con creces los riesgos implicados. A pesar de la publicidad que se ha hecho sobre los efectos secundarios adversos de las vacunas —sobre todo de la vacuna antitosferina— éstos son muy poco habituales. La Academia Americana de Pediatría considera que la vacunación es la forma más segura y económica de prevenir la enfermedad, las discapacidades y la muerte, e insta a los padres a que se aseguren de que a sus hijos reciben todas las vacunas necesarias para prevenir las enfermedades infantiles más peligrosas.

En lo que se refiere a la varicela, la Academia Americana de Pediatría recomienda inyectar esta vacuna de forma universal en los niños muy pequeños y también en los niños mayores y adolescentes que sean más susceptibles a esta enfermedad. Esta vacuna se debe inyectar en una sola dosis cuando el niño tenga entre doce y dieciocho meses de edad, pudiendo administrase junto con la triple vírica (sarampión, varicela, rubéola). A los niños mayores también basta con inyectarles una sola dosis lo antes posible.

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