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Un mensaje especial para las mamás en el primer mes del bebe

Una de las razones de que este primer mes sea tan difícil es que usted todavía está recuperándose físicamente del estrés y del cansancio del embarazo y el parto. Para que su cuerpo vuelva a la normalidad, sus heridas (si le practicaron una episiotomía o una cesárea) cicatricen y usted pueda reanudar su actividades cotidianas, deberán pasar varias semanas. También es muy probable que experimente altibajos en su estado de ánimo debido a los cambios hormonales que están teniendo lugar en su cuerpo. Estos cambios pueden provocar llantos repentinos sin motivo aparente y sentimientos depresivos durante las primeras semanas. Además es fácil que estas emociones se intensifiquen debido al agotamiento provocado por el hecho de tener que levantarse por las noches cada dos o tres horas para alimentar y cambiar al bebé.

Si tiene los ánimos por los suelos, es posible que se avergüence de sus sentimientos o, incluso, que crea que es una "mala madre". Por muy difícil que le pueda parecer, intente relativizar estas emociones recordándose a sí misma que se trata de algo normal después de un embarazo y un parto. Hasta los padres se sienten a veces tristes y están más sensibles de lo habitual cuando acaban de tener un hijo (probablemente como reacción ante la intensidad psicológica de la experiencia). Para evitar que la tristeza domine su vida —y para poder disfrutar de su bebé— evite aislarse durante las primeras semanas. Intente dormir cuando duerma su hijo, para que no se le vaya acumulando el cansancio. Si los sentimientos de tristeza llegan a bloquearle por completo o persisten más allá de las primeras semanas, hable con el pediatra o, pida ayuda a su médico de cabecera.

Las visitas de familiares y conocidos pueden ayudarle a combatir la tristeza celebrando con usted la llegada del bebé. Pueden traer regalos de bienvenida para el recién nacido o —algo todavía mejor para estas primeras semanas— ofrecerle ayuda con las comidas u otras tareas domésticas. Pero también pueden resultar agotadoras, abrumadoras para el bebé e, incluso, pueden exponerlo a infecciones. Por lo tanto, le recomendamos que restrinja las visitas durante las dos primeras semanas y que mantenga al bebé alejado de cualquier persona que tenga tos, un resfriado o cualquier otra enfermedad contagiosa. Pida a las visitas que avisen con antelación y que no se alarguen demasiado, sobre todo durante las primeras semanas, cuando su familia todavía no se ha adaptado a la nueva situación. Si al bebé parece molestarle el ajetreo, no deje que las visitas lo carguen o se le acerquen demasiado.

Si le agobian las llamadas telefónicas y tiene un contestador automático, utilícelo para tener un poco de paz. Grabe un mensaje informando sobre el sexo, nombre, fecha y hora de nacimiento, peso y longitud del bebé. Después active el contestador y quítele el timbre a su teléfono. Así podrá contestar las llamadas cuando pueda sin sentirse estresada o culpable cada vez que suene el teléfono. Si no tiene un contestador automático, desconecte el teléfono o tape el timbre con una almohada.

Con un nuevo bebé en casa, visitas constantes, el cuerpo adolorido, cambios impredecibles en el estado de ánimo y, en algunos casos, otros hijos reclamando su atención, es fácil descuidar las tareas domésticas. Resígnese con antelación: los platos sucios van a acumularse en la cocina mucho más de lo habitual, la casa va a estar más sucia que de costumbre y muchas comidas serán, congeladas o traídas de un restaurante. Ya se pondrá al día el próximo mes. Por ahora, lo importante es que se concentre en recuperarse físicamente y en disfrutar de su hijo.

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