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Tuberculosis en niños

La tuberculosis es una infección bacteriana de carácter crónico que suele afectar a los pulmones. Aunque es mucho menos frecuente hoy en día que hace algunas décadas, ha reaparecido durante los últimos años, en parte debido a la epidemia del SIDA y a los efectos del flujo migratorio. Los niños menores de dos años son los más susceptibles a contraer esta infección. A partir de esta edad, la vulnerabilidad disminuye hasta los trece años, momento en que parece aumentar de nuevo, aunque en menor medida.

La tuberculosis se suele contagiar cuando un adulto infectado tose. El niño inhala los gérmenes del aire y contrae la infección (Es raro que los niños que tienen tuberculosis contagien a otras personas, puesto que sus secreciones mucosas suelen contener muy pocas bacterias y su tos es relativamente ineficaz.)

Afortunadamente, la mayoría de los niños expuestos a la bacteria de la tuberculosis no llegan a enfermarse. Cuando los gérmenes llegan a los pulmones, el sistema inmune los ataca y evita que la infección continúe extendiéndose. Los niños que reaccionan de este modo desarrollan un tipo de infección totalmente asintomática que se detecta sólo por una prueba de tuberculina positiva. Esto no significa que el niño tenga tuberculosis activa, pero, como se explica más adelante, deberá recibir tratamiento para evitar que la enfermedad llegue a manifestarse activamente. En un número reducido de niños, la infección a veces progresa, provocando fiebre, fatiga, irritabilidad, tos persistente, debilidad, respiración rápida y dificultosa, sudores nocturnos, ganglios linfáticos inflamados, pérdida de peso y retraso del crecimiento.

En un número muy reducido de niños (sobre todo lactantes), la infección de la tuberculosis se extiende a través del torrente sanguíneo, afectando prácticamente a todos los órganos del cuerpo. Esto exige un tratamiento mucho más complejo y, cuanto antes se inicie, mejor será el resultado.

Los signos y síntomas de la tuberculosis infantil pueden ser difíciles de identificar. A menudo, la única forma de saber que un niño se ha visto expuesto a la infección es haciéndole la prueba de la tuberculina. Si usted o el pediatra sospecha que su hijo ha sido expuesto a la enfermedad o si presenta algún síntoma de tuberculosis, éste le hará la prueba de la tuberculina. Normalmente, los niños que no tienen factores de riesgo y que viven en comunidades en las que hay pocos casos de tuberculosis no hace falta que se repitan la prueba de la tuberculina cada año. Sin embargo, a los niños que no tienen factores de riesgo pero que viven en comunidades con muchos casos de tuberculosis activa, se les debe hacer la prueba periódicamente. Así mismo, los niños que viven en comunidades de alto riesgo y que en su país de origen se les puso la vacuna BCG (anti-tuberculosis), se les debe hacer la prueba de la tuberculina. La prueba de la tuberculina consiste en inyectar en la piel gérmenes purificados e inactivados de la tuberculosis. Si ha habido infección, la zona de la piel alrededor del pinchazo enrojecerá y se inflamará. Cuando le hagan la prueba a su hijo, le pedirán que observe esta zona durante los días que sigan inmediatamente al pinchazo, ya que la reacción tarda unas cuarenta y ocho horas en aparecer. Cualquier reacción que presente su hijo debe ser examinada por el pediatra. Esta prueba determinará si el niño ha sido expuesto en el pasado a la infección, aún cuando no haya presentado ningún síntoma y su cuerpo haya vencido a la enfermedad. Si la prueba de la tuberculina da positiva, o si da negativa pero su hijo presenta síntomas que sugieren que tiene una infección activa, se le practicará una radiografía de tórax, para determinar si sus pulmones están o han estado infectados. Si la radiografía sugiere la existencia de infección activa en los pulmones, el pediatra intentará identificar la bacteria que ha provocado la tuberculosis en las secreciones mucosas o en el contenido del estómago del niño (que obtendrá introduciéndole un tubo por la nariz hasta el estómago). El objetivo de estas pruebas es determinar el tipo exacto de tratamiento que debe administrarse.

Tratamiento

Si la prueba de la tuberculina da positiva pero el niño no presenta síntomas de tuberculosis activa (generalmente detectable mediante radiografías o analizando la saliva o el contenido gástrico), aún así se considera infectado. Para evitar que la infección se active, el pediatra le recetará un medicamento denominado isoniacida. Deberá tomarlo diariamente por vía oral durante un mínimo de nueve meses.

Si su hijo tiene tuberculosis activa, el pediatra podría recetarle una combinación de dos o más fármacos. Usted deberá darle esta medicación durante un período de tiempo que oscilará entre los seis meses y el año y medio, dependiendo de la respuesta del niño y de la gravedad de la

enfermedad. Es posible que al principio sea necesario hospitalizar al niño, aunque la mayor parte del tratamiento puede aplicarse en casa. En casos graves de tuberculosis o cuando la enfermedad afecta a otros órganos aparte de los pulmones, el niño deberá permanecer más tiempo internado y tomar más medicamentos.

Prevención

Si su hijo está infectado por la bacteria de la tuberculosis, independientemente de que presente o no síntomas, es muy importante intentar identificar a la persona que lo ha contagiado. Esto suele hacerse buscando posibles síntomas de tuberculosis entre todas las personas que han estado en contacto directo con el niño y aplicando la prueba de la tuberculina a todos los miembros de la familia, niñeras y personal del centro de preescolar a donde vaya el niño. Todo el que dé positivo en la prueba debe hacerse una radiografía de tórax y una revisión médica.

Si se detecta a un adulto infectado, debe hacerse todo lo posible por aislarlo de las personas no infectadas —sobre todo de los niños pequeños— hasta que reciba el tratamiento adecuado. Todos los miembros de la familia que hayan estado en contacto con esa persona suelen ser tratados con isoniacida, independientemente de los resultados que obtengan en la prueba de la tuberculina. (En las personas que den negativo en esta prueba, la medicación podrá interrumpirse si, al cabo de tres meses, el resultado sigue siendo negativo después de repetir la prueba varias veces). Pero si la prueba da positiva desde el principio o al cabo de cierto tiempo, la persona afectada deberá seguir tomando isoniacida diariamente durante un período de tiempo que oscilará entre los seis y los doce meses dependiendo de la edad. Toda persona que durante este período de tratamiento enferme o presente alguna anomalía en los pulmones detectable en radiografías deberá recibir el tratamiento que se administra en los casos de tuberculosis activa.

La tuberculosis es mucho más frecuente en las clases desfavorecidas, que son más vulnerables a las enfermedades contagiosas debido al: hacinamiento, la alimentación inadecuada y la escasa atención médica. Las personas que tienen el SIDA también son más vulnerables a esta enfermedad, debido a sus bajas defensas. Para evitar que su hijo se contagie, fomente buenos hábitos de salud, incluyendo, visitas regulares al médico y una alimentación equilibrada. Así mismo, nunca tome ni le dé a ningún otro miembro de la familia leche sin tratar (no pasteurizada), puesto que ésta puede contener la bacteria que provoca un tipo de tuberculosis, aparte de otros agentes infecciosos.

Si no se trata, la tuberculosis puede permanecer en estado latente durante muchos años, manifestándose sólo durante la adolescencia, el embarazo o la adultez. Cuando se manifieste, la persona infectada, no sólo enfermará, sino que además podrá contagiar a quienes le rodeen. Por este motivo, es muy importante que, si su hijo entra en contacto con algún adulto que tenga la enfermedad, le hagan la prueba de la tuberculina y que, en caso de que dé positiva, le administren lo antes posible el tratamiento adecuado.

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