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Torceduras en niños

Una torcedura es una lesión que afecta a los ligamentos que conectan los huesos entre sí. Las torceduras ocurren cuando un ligamento se estira o se tuerce demasiado o se rompe. Las torceduras son muy raras en los niños pequeños, puesto que sus ligamentos suelen ser más resistentes que los huesos, que están todavía en proceso de formación, y que los cartílagos. Por lo tanto, la parte por donde crece el hueso puede separarse o rasgarse antes de que se produzca ninguna lesión en los ligamentos.

Sin lugar a dudas, la torcedura que predomina en niños pequeños es la de tobillo, seguida de las de rodilla y muñeca. En una torcedura leve (primer grado), el ligamento simplemente se estira excesivamente. Las torceduras más graves pueden implicar un desgarramiento parcial del ligamento (segundo grado) o un desgarramiento total del mismo (tercer grado).

Los síntomas de una torcedura en un niño son bastante parecidos a los de una fractura: dolor, hinchazón alrededor de la articulación e incapacidad para andar, soportar peso o doblar la articulación afectada.

Si sospecha que su hijo se ha hecho una torcedura, llame al pediatra. Probablemente éste querrá evaluar personalmente al niño. Si el dolor es muy intenso o la hinchazón marcada o le preocupa que el niño pueda tener una fractura, probablemente le sugerirá llevarlo al ortopeda. Este, a su vez, probablemente le tomará una radiografía especial para saber si la lesión afecta a los ligamentos o al hueso.

Cuando se diagnostica una torcedura, generalmente se inmoviliza la articulación con un vendaje elástico o una férula. Si la torcedura afecta a las extremidades inferiores es posible que el niño tenga que llevar muletas para evitar que fuerce continuamente el ligamento afectado. Si la lesión ha sido muy grave, quizás convenga inmovilizarlo con un yeso.

La mayoría de las torceduras de primer grado se curan en unas dos semanas y no dejan ninguna secuela. Algunas torceduras de tercer grado, sobre todo las que afectan a los ligamentos de la rodilla, pueden requerir cirugía. Si a su hijo le sigue doliendo la articulación o bien la hinchazón persiste o recurre, debe llamar al pediatra. Ignorar estos síntomas, a largo plazo, podría hacer la lesión más seria y mucho más incapacitante.

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