Bebe y niños

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Sueño del niño en el segundo año

A esta edad, ningún niño quiere irse a dormir. Meterse en la cama significa perderse la acción, separarse de usted y tener que afrontar la noche solo. Si le dejara elegir, probablemente se pasaría toda la noche posponiendo la hora de acostarse. Un cuento más, otro beso, un poco más de agua; su hijo utilizará todos los trucos que se le occurran para retenerle a su lado. Conforme vaya dominando el lenguaje verbal, sus peticiones y tácticas dilatorias se volverán más complejas y elaboradas. Y, en cuanto crezca lo suficiente y se haga más fuerte, hasta es posible que se salga de la cuna para ir a buscarle.

A veces es tentador ceder y dejar que se acabe durmiendo sentado, por puro agotamiento. Pero así sólo conseguirá empeorar las cosas. En lugar de ello, fíjese en qué momento su hijo parece tener sueño y convierta esa hora en la hora de acostarlo. Piense en un ritual tranquilo para acostar a su hijo y coméntelo con él. Ya sea que incluya un baño, un cuento o una canción, el ritual debería acabar con el niño tranquilo pero despierto, dentro de la cuna y listo para recibir su beso de buenas noches antes de que usted salga de la habitación.

Lamentablemente, la resistencia a irse a dormir no será la única batalla que tendrá que librar con su hijo en este ámbito. ¿Se acuerda de la primera vez que durmió durante toda la noche siendo todavía un bebé y usted creyó que ya se habían acabado sus problemas de sueño? Como padre de un niño pequeño ahora conoce la triste realidad: no dé nunca por sentado que a esta edad va a dormir toda la noche seguida. Es posible que durante unos pocos días, semanas e incluso meses, duerma como un angelito, pero de repente empiece a despertarse casi tan a menudo como cuando era recién nacido.

Los cambios en la rutina diaria son la causa más frecuente de estos despertares nocturnos. Un cambio de habitación o de cama, la pérdida de su peluche, juguete o manta favorita o el hecho de tener que dormir fuera de casa son las interferencias más habituales. Si su hijo está enfermo o le está saliendo un diente, también se despertará más a menudo. Además, entre los doce y los catorce meses empezará a soñar activamente, lo que probablemente le sobresaltará y le asustará. Todos éstos son motivos más que suficientes para que su hijo se despierte por las noches, pero no para que usted lo cargue y se lo lleve a su habitación. Su hijo necesita aprender volverse a dormir, aunque para ello tenga que llorar un poco antes.

¿Y si su hijo está acostumbrado a que le dedique mucho tiempo por las noches? En tal caso, deberá ir deshabituándolo progresivamente. Supongamos que usted ha estado dándole leche cada vez que se despierta por la noche. Ya es hora de sustituirla primero por leche diluida o agua, y después suspenderla por completo. Si usted ha estado encendiendo la luz y jugando con él, intente tranquilizarlo a oscuras. Si ha estado cargándolo, intente calmarlo a distancia utilizando exclusivamente la voz. Por encima de todo, no se enfade con él si sigue protestando. Aunque debe mantererse firme, también tiene que trasmitirle apoyo y consuelo. No es nada fácil, pero, a la larga, tanto usted como su hijo dormirán mejor.

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