Bebe y niños

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Sueño del niño de tres a cinco años

Para muchos padres, la hora de acostar a sus hijos es el momento más temido del día, y generalmente por un buen motivo: a menos que estén muy cansados, los niños de esta edad suelen resistirse a meterse en la cama. Este momento resulta particularmente problemático si el niño tiene hermanos mayores que se pueden quedar despiertos hasta más tarde. El hermano pequeño sentirá que se le "hace de lado" y temerá "perderse de algo" mientras los demás miembros de la familia siguen levantados. Este tipo de sentimientos son totalmente comprensibles y no hay ningún inconveniente en tener cierta flexibilidad al respecto. Pero recuerde que un niño de esta edad necesita dormir entre diez y doce horas cada noche.

La mejor forma de preparar a su hijo o hija para que concilie el sueño, es leerle un cuento. Cuando termine de leerle y le haya dado el beso de buenas noches, no deje que "le enrede" ni que le pida que se quede con él hasta que se duerma. Tiene que aprender a dormirse por su cuenta. Así mismo, no le deje participar en juegos muy movidos justo antes de acostarse, puesto que podría excitarse demasiado. Cuanto más tranquila y calmada sea la actividad que realice antes de acostarse, menos le costará conciliar el sueño.

La mayoría de los niños de esta edad duermen bien por las noches, pero a menudo se despiertan y echan un vistazo a su alrededor antes de volverse a dormir. De todos modos, es posible que algunas noches su hijo tenga sueños muy vividos que le hagan despertarse súbitamente. En estos sueños suelen reflejarse algunas de las vivencias del día. En los sueños también es posible detectar vestigios de impulsos, emociones agresivas, o temores que sólo salen a la superficie a través de los sueños.

Cuando su hijo cumpla cinco años, o algo más tarde, entenderá mejor que estas imágenes sólo son sueños, pero, hasta que llegue ese momento, necesitará que alguien le tranqulice diciéndole que no son reales. Así que, cuando se despierte a media noche asustado y llorando, consuélelo, hable del sueño y quédese a su lado hasta que se calme. Para su tranquilidad, piense que sólo se trata de una pesadilla, no de un problema grave.

Para ayudar a su hijo a superar estos miedos, puede leerle cuentos sobre el acto de dormir y los sueños. Al comentar estos cuentos, el niño entenderá que todo el mundo sueña y que no tiene por qué tener miedo de sus sueños. Hay muchos cuentos clásicos sobre este tema a en su librería más cercana, que pueden serle de gran ayuda. Sin embargo, asegúrese de que estos cuentos no asustan al pequeño.

Es posible que alguna vez encuentre a su hijo en la cama, aparentemente despierto y muy alterado, quizás gritando y temblando, con los ojos abiertos de par en par y completamente aterrorizado. Si usted intenta tranquilizarlo, no reaccionará. En estos casos, su hijo, ni está despierto ni tiene una pesadilla: usted estará presenciando un "terror nocturno". Este misterioso y angustioso comportamiento que aparece durante el sueño, es común durante la etapa preescolar y los primeros años escolares. Típicamente, el niño concilia el sueño sin problemas, pero aproximadamente al cabo de una hora, abre los ojos de par en par en actitud de terror. Es posible que tenga alucinaciones, señale objetos imaginarios, dé patadas en el aire, agite los brazos, llore y, generalmente, parezca inconsolable. Lo único que puede hacer usted en estos casos es cargarlo para evitar que se haga daño. Intente tranquilizarlo diciéndole cosas como: "Todo va bien. Mamá y papá están contigo". Al cabo de entre diez a treinta minutos, el niño se tranquilizará y volverá a dormirse. A la mañana siguiente no se acordará de nada.

Algunos niños tienen terrores nocturnos sólo una vez en la vida, mientras que otros tienen varios episodios de este tipo. De todos modos, lo que no es habitual es que un niño tenga terrores nocturnos recurrentes y frecuentes durante un período de tiempo prolongado. Si estos episodios son muy frecuentes, las medicinas para el sueño que le prescriba el pediatra pueden ayudar, pero la mejor estrategia suele ser simplemente esperar a que remitan. Estos terrores desaparecerán por si solos a medida que crece el niño.

Pero, ¿y en aquellos casos en que usted está seguro de que su hijo no tiene ni una pesadilla ni un terror nocturno, pero se despierta por la noche y le llama? Limítese a decirle que todo va bien, arrópelo y déjelo solo. No recompense la conducta de despertarse a media noche dándole de comer o llevándoselo con usted a su habitación.

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