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Sueño del niño de los dos a los tres años

Entre los dos y los tres años de edad su hijo o hija dormirá de nueve a trece horas diarias. La mayoría de los niños de esta edad hacen sólo una siesta de dos o tres horas después de almorzar, pero algunos siguen haciendo dos siestas cortas en lugar de una. Otros no duermen nada en absoluto durante el día. A menos que su hijo esté irritable habitualmente y parezca muy cansado durante el día por falta de sueño, no tiene ningún sentido forzarlo a hacer una siesta.

A la hora de acostarse, es posible que su hijo se vuelva algo rígido con el ritual de las buenas noches. Sabe que cuando llega determinada hora, se pone el pijama, se lava los dientes, usted le lee un cuento, se abraza a su manta, muñeco o peluche favorito y, después de recibir su beso de buenas noches, se va a dormir. Si usted modifica en lo más mínimo esta rutina, es posible que su hijo se queje y hasta le cueste conciliar el sueño.

Sin embargo, aunque haya una rutina totalmente predecible, algunos niños de esta edad se resisten a irse a dormir. Si siguen durmiendo en la cuna, se pondrán a llorar en cuanto se queden solos o incluso saldrán de la cuna en busca de mamá y papá. Si ya han hecho la transición de la cuna a la cama, se levantarán una y otra vez insistiendo en que no están cansados (aún cuando estén completamente agotados) o pidiendo que se les deje participar en lo que esté haciendo el resto de la familia. Esto se debe, en parte, al negativismo típico de esta edad —esto es, la tendencia a negarse a hacer cualquier cosa que mamá o papá quieran que haga— y, en parte, a la persistente ansiedad de separación. A pesar de su deseo de independencia, siguen sintiéndose intranquilos cuando mamá y papá están fuera del alcance de su vista, sobre todo si se quedan solos en un cuarto oscuro.

Para que su hijo tenga la sensación de que controla la situación, deje que sea él quien haga la mayor cantidad de elecciones posibles a la hora de acostarse, como qué pijama se va a poner, qué cuento quiere que le lean, y con qué peluche quiere dormir. Así mismo, deje una lamparita de noche encendida en su habitación (probablemente estará más tranquilo si puede ver un poco de luz) y déjele que se duerma con algún objeto que le transmita seguridad, para ayudarle a afrontar la ansiedad de separación. Si a pesar de todo se pone a llorar en cuanto usted salga de la habitación, déle diez minutos para ver si es capaz de tranquilizarse solo antes de volver a su habitación para echarle un vistazo; si vuelve a llorar, espere otros diez minutos y repita el proceso. No lo riña ni lo castigue, pero tampoco refuerce su comportamiento dándole algo de comer o quedándose con él.

En algunos casos, estas "batallas nocturnas" no son más que una forma de llamar la atención. Si su hijo se levanta noche tras noche y va en su búsqueda, vuélvalo a meter en la cama sin dilación y dígale: "Es hora de dormirse". No lo riña ni le diga nada más y salga de la habitación en cuanto esté acostado. Probablemente le pondrá a prueba, levantándose una y otra vez durante muchas noches seguidas; pero, si usted mantiene la calma y es consistente, su hijo acabará dándose cuenta de que con eso no va a conseguir nada y empezará a acostarse con una actitud mejor.

Algunas veces su hijo se despertará en medio de una pesadilla. Las pesadillas son bastante frecuentes en niños de esta edad, puesto que aún no distinguen con claridad entre realidad y ficción. Si oyen un relato de miedo o ven escenas violentas por televisión, muchas veces estas imágenes se fijan en su mente y más adelante aparecen en forma de pesadillas. Y, si recuerdan haber soñado con un "monstruo", es probable que crean que el monstruo es real.

Cuando su hijo se despierte en medio de una pesadilla, la mejor forma de actuar es abrazarlo y tranquilizarlo. Deje que le hable sobre el sueño, si puede, y quédese con él hasta que se haya calmado lo suficiente como para volverse a dormir.

Su hijo tendrá pesadillas más a menudo cuando esté ansioso o tenso. Si tiene sueños desagradables muy a menudo, intente averiguar qué es lo que le preocupa para mitigar su ansiedad. Por ejemplo, si empieza a tener más pesadillas justo después de iniciar el proceso de aprendizaje para usar el inodoro, disminuya la presión y déle la oportunidad de ensuciarse pintando con los dedos o de jugar un poco con la comida. Así mismo, intente hablar con él, en la medida de lo posible, sobre los temas que le preocupan. Algunas de sus ansiedades pueden estar relacionadas con el hecho de separarse de usted, el tiempo que pasa en el jardín infantil, o algún cambio que puede haber tenido lugar en su casa. El hablar a veces ayuda a evitar que el estrés se acumule.

Como precaución general para evitar las pesadillas, seleccione cuidadosamente los programas de televisión que vea su hijo, y no le deje ver televisión justo antes de acostarse. Hasta los programas que considera más inofensivos, pueden contener imágenes que podrían asustar a un niño de esta edad. Durante el resto del día, déjele ver sólo programas educativos o sobre la naturaleza apropiados para su edad. Y no le permita ver programas violentos de ningún tipo, incluyendo muchos dibujos animados.

Cuando llegue la hora de acostar a su hijo, prepárelo para dormir jugando con él a algo tranquilo o leyéndole un cuento que le guste. Poner música suave también puede ayudarle a conciliar el sueño, y dejar encendida una lamparita de noche puede darle seguridad en caso de que se despierte.

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