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Sueño del bebé de los ocho a los doce meses

La mayoría de los bebés de ocho meses siguen necesitando tomar dos siestas al día, una por la mañana y otra por la tarde. También suelen dormir unas doce horas seguidas por la noche, sin necesidad de despertarse para comer. Pero tenga en cuenta algunos problemas que posiblemente deberá afrontar. Conforme la ansiedad de separación de su hijo se vaya intensificando durante los próximos meses, es posible que se resista a irse a dormir y que se despierte más por las noches reclamando su presencia.

Durante este difícil período probablemente tendrá que ensayar diversas estrategias hasta encontrar las que le ayuden a su hijo a conciliar el sueño. Por ejemplo, a algunos niños les resulta más fácil conciliar el sueño si se les deja la puerta abierta (de tal modo que puedan oír a sus padres); otros desarrollan hábitos de autoconsuelo como chuparse el pulgar o balancearse. Como ya hemos comentado, es posible que su hijo adopte una manta o un peluche especial como objeto de transición, que le servirá de consuelo cuando usted no esté a su lado. Cualquier cosa que sea suave y que se pueda abrazar, acariciar o chupar servirá. Usted puede ayudar a su hijo a adoptar un objeto de transición proporcionándole un surtido de mantas pequeñas o juguetes blandos y agradables al tacto. Pero, evite utilizar un chupete; si su hijo depende de él para conciliar el sueño, llorará para que se lo vuelva a poner cada vez que se le caiga de la boca durante la noche.

En cuanto su hijo se quede dormido, su patrón de sueño será bastante predecible. Después de una o dos horas de sueño profundo, pasará por una fase de sueño más ligero y es posible que se despierte parcialmente antes de volver al sueño profundo. Durante el resto de la noche, se irán alternando fases de sueño profundo y de sueño más ligero. En las fases de sueño más ligero, que pueden ocurrir de cuatro a seis veces cada noche, es posible que su hijo hasta llegue a abrir los ojos, mire a su alrededor y empiece a llorar llamándole. Ésta experiencia puede ser bastante exasperante, sobre todo si usted ya se estaba acostumbrando a dormir toda la noche de un tirón. De todos modos, puede consolarse pensando en que la mayoría de los bebés de esta edad se comportan de este modo debido a la ansiedad de separación. Lo único que necesita su hijo es tener la seguridad de que usted está cerca cuando se despierta. También tiene que aprender a volverse a dormir y es usted quien debe enseñarle cómo hacerlo. Para ello, puede utilizar las mismas técnicas que para ayudarle a conciliar el sueño al acostarlo. Si actúa correctamente, este período de despertares nocturnos no debería durar más de unas pocas semanas.

He aquí algunas sugerencias más para que este periodo pase pronto. En primer lugar, no haga nada que recompense a su hijo por ponerse a llorar a media noche. Vaya a verle para asegurarse de que está bien y dígale que usted estará cerca en caso necesario. No encienda la luz, no lo meza, ni lo pasee en brazos. Puede ofrecerle un poco de agua, pero no le dé de comer y, sobre todo, no se lo lleve con usted a la cama. Si está sufriendo debido a la ansiedad de separación, el llevárselo a la cama sólo hará que sufra más, cuando lo vuelva a dejar en la cuna.

Cuando vaya a ver a su hijo, haga lo necesario para que esté lo más cómodo posible. Si se ha enredado en las cobijas o está en una esquina de la cuna, acomódelo bien. Así mismo, compruebe que no está enfermo. Algunos problemas, como las infecciones de oído o el crup, pueden aparecer de repente por la noche. Si no detecta ningún síntoma de enfermedad, compruebe cómo tiene los pañales y cambíelo sólo si tuvo una deposición o si están demasiado mojados. Cambíelo lo más rápido posible, en la penumbra, y vuelva a acostarlo en la cuna inmediatamente.

Antes salir de la habitación de su hijo, susurre unas palabras para tranquilizarlo y dígale que es hora de dormir. Si sigue llorando, espere cinco minutos y vuelva a consolarlo durante un período de tiempo breve. Regrese a su habitación cada cinco a diez minutos por un rato corto hasta que vuelva a dormirse.

Insistimos en que este período puede ser extremadamente difícil para los padres. Después de todo, escuchar llorar a un hijo por la noche es algo que resulta emocional y físicamente agotador y usted probablemente reaccionará con una mezcla de lástima, enfado, preocupación y resentimiento. De todos modos, tenga en cuenta que el comportamiento de su hijo no es intencional. Contrariamente, es la forma que tiene de reaccionar ante la ansiedad y el estrés propios de esta etapa evolutiva. Si usted mantiene la calma y sigue un patrón consistente noche tras noche, su hijo no tardará mucho en aprender a dormirse solo. Tenga presente esta meta mientras se enfrenta a la lucha del "entrenamiento" nocturno. A la larga, éste hará que la vida sea mucho más fácil para ambos.

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