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Rivalidad entre hermanos

Si usted tiene más de un hijo, la rivalidad entre hermanos es casi inevitable. La competencia entre hermanos en una familia es algo natural. Todos los niños quieren recibir la atención y el amor de sus padres, por lo que es normal que cada uno de sus hijos crea que merece recibir todo su amor. Ninguno de ellos desea compartirle con nadie; de ahí que, cuando se den cuenta de que no tienen ninguna otra opción, es lógico que se pongan celosos e, incluso, que sean agresivos con sus hermanos.

En los niños pequeños, la rivalidad entre hermanos suele crear más conflictos cuando se llevan entre un año y medio y tres años. Esto se debe a que todavía dependen mucho de sus padres y aún no han establecido relaciones consolidadas con otros niños ni adultos. Pero aunque dos hermanos se lleven nueve años o más, el hermano mayor seguirá necesitando la atención y el afecto de sus padres. Si el hermano mayor tiene la sensación de que se le está haciendo de lado o se le está rechazando, es fácil que culpe al bebé. Por norma general, cuantos más años tenga el hermano mayor, menos celoso estará del bebé. Los celos suelen ser especialmente intensos cuando el hermano mayor está atravesando la etapa preescolar en el momento en que nace el segundo hijo.

Habrá días en que usted estará convencido de que sus hijos se odian, pero estas explosiones emocionales son temporales. A pesar del resentimiento, los hermanos suelen tenerse un profundo afecto. A usted le costará bastante darse cuenta de esto, pues probablemente sus hijos se reservarán sus peores comportamientos para los momentos en que usted esté presente, en los que competirán directamente por su atención. Cuando usted no esté delante, probablemente serán buenos amigos. Conforme crezcan y disminuya su necesidad de competir por su atención, el afecto mutuo superará probablemente los celos que sienten el uno por el otro. Es raro que la rivalidad entre hermanos se prolongue durante la edad adulta.

Qué puede esperar

Usted puede percibir los primeros indicios de rivalidad entre hermanos aun antes de que nazca su segundo hijo. Cuando el hermano mayor le vea preparar el ajuar o comprar las cosas del bebé, es posible que él también quiera recibir algún regalo. Quizás le pida que le vuelva a poner los pañales o a tomar el biberón "como hará el bebé". Si se da cuenta de que usted está preocupado por el bebé, es posible que se porte mal para atraer su atención.

Este comportamiento inusual o regresivo puede continuar después del nacimiento del bebé. Es posible que su hijo mayor llore más de lo habitual, se vuelva más apegado y dependiente, o, simplemente, se aisle por completo. Quizás le dé por imitar al bebé, pida su sabanita vieja y su chupete o, incluso, quiera volver a lactar. Los niños en edad escolar suelen demostrar un gran interés por el bebé, pero, al mismo tiempo, es posible que se vuelvan más agresivos o empiecen a portarse mal para llamar la atención. Independientemente de la edad, los hermanos suelen intentar atraer más la atención de sus padres cuando éstos están dedicándose activamente al bebé, por ejemplo, mientras lo está bañando o dándole el biberón.

Cuando su hijo pequeño crezca y adquiera mayor mobilidad, surgirán las primeras disputas por los juguetes y otras posesiones del hermano mayor. El hermano menor irá directo a coger lo que se le antoje, sin preocuparle de quién es, mientras el hermano mayor vigilará atentamente sus pertenencias. Si el hermano menor pone un pie en territorio prohibido, lo más probable es que el hermano mayor reaccione de forma desproporcionada.

A veces, sobre todo cuando ambos hermanos se lleven muchos años, el mayor aceptará y protegerá al más pequeño. De todos modos, conforme el pequeño vaya creciendo y adquiriendo nuevas habilidades (en el ámbito académico, deportivo, o social), es posible que el hermano mayor se sienta amenazado e incluso se avergüence por el hecho de "ser superado" por el pequeño. Es posible que se vuelva más agresivo o susceptible y establezca una relación de competencia con el hermano menor. También es posible que el hermano menor tenga celos debido a los privilegios, logros y habilidades del hermano mayor, así como al trato ventajoso que se le irá otorgando conforme vaya madurando. A menudo es difícil saber cuál de los dos hermanos está contribuyendo más a la rivalidad.

¿Cómo deben actuar los padres?

Es importante que los padres no reaccionen de forma desproporcionada ante los celos entre hermanos, sobre todo si el hermano mayor está atravesando la etapa preescolar. Los sentimientos de resentimiento y frustración son algo totalmente comprensible, a ningún niño le gusta tener que compartir el afecto paterno. El hermano mayor necesita tiempo para darse cuenta de que sus padres no lo quieren menos por el mero hecho de haber tenido otro hijo.

Si su hijo mayor empieza a imitar al bebé, no se le ocurra ridiculizarlo ni castigarlo. Sea indulgente y comprensivo con él. Hasta puede dejarle que satisfaga ocasionalmente sus fantasías, permitiéndole beber unos sorbos del biberón o meterse en la cuna o en el corral del bebé. Aún así, no lo haga más de una o, como mucho, dos veces, y no refuerce este comportamiento dedicándole más atención. Hágale saber que no necesita portarse como un bebé para merecer su aprobación, su amor o su afecto. Elogíelo cuando se porte como un "niño mayor", y déle muchas oportunidades para que pueda ser el "hermano mayor". No le costará mucho tiempo darse cuenta de que es mejor actuar con madurez que comportarse como un bebé.

Si su hijo mayor tiene entre tres y cinco años, trate de reducir al mínimo los conflictos que puedan surgir por espacio, reservando un área segura y protegida para el hermano mayor donde no pueda entrar el pequeño. Si separa las pertenencias del hermano mayor de los juguetes y objetos que se pueden compartir, disminuirán los enfrentamientos.

Es natural que un padre compare a sus hijos entre sí, pero no lo haga delante de ellos. Cada niño es especial y se le debe tratar como tal. Las comparaciones hacen que un niño se sienta inevitablemente inferior a otro. Si, por ejemplo, un padre afirma: "Tu hermana es mucho más ordenada que tú", el niño que escucha la afirmación puede resentirse tanto con el padre como con su hermana, y es posible que reaccione volviéndose todavía más desordenado.

Cuando sus hijos discutan, lo mejor que puede hacer es quedarse al margen. Si no se inmiscuye, probablemente acabarán solucionando sus diferencias. Si se implica en la disputa, puede verse tentado a tomar partido por uno de ellos, haciendo que uno se sienta como el vencedor y el otro como el vencido. Incluso si intentan implicarle en sus disputas, haga todo lo posible por ser imparcial y pídales que solucionen sus diferencias ellos solos. En vez de culpar sólo a uno de ellos, insista en que ambos son responsables, tanto de implicarse en la disputa como de ponerle fin.

Lógicamente, si la situación se complica y llegan a las manos, usted deberá intervenir, sobre todo si hay mucha diferencia de edades, ya que el hermano mayor podría hacerle daño al pequeño. En estos casos, lo primero que debería hacer es proteger al pequeño. Asegúrese de que el hermano mayor entiende que usted no va a tolerar que abuse de su fuerza. Si se llevan muchos años, o hay motivos para sospechar que podría estallar la violencia, vigílelos de cerca cuando estén juntos. Evitar la violencia siempre es mejor que castigarla después, ya que esto suele alimentar, en lugar de mitigar, los sentimientos de rivalidad del hermano mayor.

Es importante que los padres pasen tiempo a solas con cada uno de sus hijos. No siempre es fácil encontrar el equilibrio, pero si de repente su hijo mayor empieza a pasarse de la raya, podría indicar que necesita que usted le dedique más tiempo.

Si su hijo mayor se vuelve extremadamente agresivo o a usted le parece que la situación se le está escapando de las manos, consulte al pediatra. Él podrá determinar si se trata de un caso normal de rivalidad entre hermanos o de un problema más serio que requiere atención especial. El pediatra también puede sugerirle formas de suavizar las tensiones y, si lo cree conveniente, remitirle a un profesional de la salud mental.

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