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Reacciones de duelo en los niños

Perder a un padre es una de las cosas más traumáticas que le pueden ocurrir a un niño, y el duelo es la reacción natural. Un niño puede tener una reacción de duelo no sólo ante la muerte de un padre, sino también si éste contrae una enfermedad grave y/o crónica o si sus padres se divorcian. (Incluso si sigue manteniendo el contacto con ambos padres después del divorcio, puede añorar la familia que una vez tuvo). Los niños también pueden tener reacciones de duelo ante la pérdida de un hermano, un abuelo, una niñera muy querida o una mascota.

La pérdida de un padre

Para un niño pequeño, la pérdida de uno de sus padres es algo incomprensible que desencadena una tremenda crisis. Los niños menores de cinco años no pueden entender la permanencia de la muerte. Por este motivo, la primera fase del duelo suele ser un período de protesta y de esperanza por la vuelta del padre perdido. Muchos niños acuden a la fantasía para conseguir que esto ocurra, imaginándose al padre fallecido en situaciones y lugares familiares.

En cuanto el niño empieza a darse cuenta de que su padre se ha ido para siempre, llega la desesperanza. Los lactantes, con sus limitadas habilidades comunicativas, suelen expresar su desesperación llorando, perdiendo el apetito y mostrándose inconsolables. Si la pérdida del padre ocurre durante la primera infancia, el niño llorará, estará más irritable y menos cooperativo que de costumbre y es posible que presente conductas regresivas. Los niños de más edad suelen reaccionar aislándose; un preescolar puede volverse taciturno y mostrar menos creatividad y entusiasmo en sus juegos. Cuanto más angustiados y distantes estén los demás miembros de la familia, mayor será la desesperación del niño.

Al final, el niño superará su desesperación y volverá a recuperar la confianza en los demás. Esto no significa que se haya olvidado de su padre o que no lo eche de menos. A lo largo de toda su vida, habrá momentos en que volverá a tener, de forma consciente o inconsciente, sentimientos de pérdida y de duelo, sobre todo en los cumpleaños y festividades, en celebraciones especiales como una graduacaión y cuando esté enfermo. En estos momentos es posible que el niño exprese su tristeza y reclame al padre perdido.

Si el padre fallecido era del mismo sexo que el niño, es posible que entre los cuatro y los siete años de edad, momento en que el niño estará luchando por entender su propia identidad sexual, se reactiven sus sentimientos de pérdida y duelo. En el mejor de los casos, estas reactivaciones serán breves y positivas y no le afectarán grandemente. Pero si persisten durante mucho tiempo y parecen crea problemas, coméntelo al pediatra.

La pérdida de un hermano

Perder un hermano también es una experiencia devastadora para un niño. Aunque no le afecte tanto como la pérdida de un padre, puede costarle más superarla, ya que muchos niños, incluso los que son lo suficientemente mayores como para entender por qué murió su hermano, sienten que, de algún modo, ellos tienen la culpa de lo ocurrido. Estos sentimientos de culpa pueden intensificarse si los padres, completamente destrozados por lo ocurrido, se encierran en sí mismos y se alejan del niño.

El niño es testigo de cómo sus padres pasan por la misma agonía que él habría pasado si los hubiera perdido a ellos. Primero presenciará el golpe inicial y la anestesia emocional, seguido de la negación y más tarde del enfado y la rabia por lo ocurrido. A lo largo de todo este proceso es fácil que perciba alusiones de culpabilidad en las palabras y expresiones de sus padres. Por ejemplo, puede interpretar que sus padres le dedicaron un tiempo y unas atenciones que deberían haberse reservado para el hermano fallecido.

La madre puede sentirse impelida a hablar sobre el hijo desaparecido, cómo murió y qué podría haber hecho para evitarlo. Es posible que el niño desee consolarla mientras intenta asimilar lo ocurrido. Al darse cuenta de que, por mucho que se esfuerce, no consigue alegrarla, su autoestima y su seguridad en sí mismo pueden verse afectadas. Si el padre reacciona inconscientemente como hacen muchos hombres, aislándose del resto de la familia, volviéndose irritable e intentando llenar el vacío que ha dejado el hijo fallecido con distracciones y ocupaciones fuera de casa, el niño puede sentirse solo y rechazado.

En una casa en que la madre siente la necesidad intensa de hablar sobre el hijo desaparecido mientras el padre evade el tema, es difícil que ambos cónyuges se den mutuamente el apoyo que necesitan para superar un trance como éste. Como resultado, es fácil que el matrimonio se resienta. El niño, sintiendo la tensión que se respira en casa con la misma intensidad que el duelo por el hermano desaparecido, puede acabar asumiendo que él es el culpable tanto de los conflictos que hay entre sus padres como de la desaparición de su hermano.

Ante la muerte de un hijo, toda la familia puede beneficiarse de consejería profesional. El pediatra le puede recomendar un terapeuta familiar cualificado, un psicólogo o un psiquiatra para que les ayude a enfrentar la pena y a restablecer la unidad familiar.

Cómo ayudar a su hijo a enfrentar el duelo

Mientras usted está en duelo por la muerte de su pareja o de uno de sus hijos, es fácil que descuide las necesidades del otro niño. Las siguientes recomendaciones pueden ayudarle a darle a su hijo el amor, el consuelo y la confianza que necesita durante y después de este duro trance:

  1. Intente mantener la rutina diaria de su hijo la máximo. Pida a las personas que su hijo aprecia y en las que confía —parientes, niñeras, maestras del preescolar— que estén con él cuando usted no pueda estar a su lado.
  2. Explíquele las cosas con calma y teniendo en cuenta su nivel de comprensión y sus posibles sentimientos de culpa. Déle explicaciones sencillas pero verdaderas. No invente cuentos de hadas que sólo conseguirán confundirlo y darle falsas esperanzas. Si su hijo tiene más de tres años, asegúrele que nada de lo que él hizo o pensó provocó la muerte de la persona querida y que nadie está enfadado con él. Para estar seguro de que ha entendido lo que le ha explicado, pídale que se lo repita.
  3. Déjese ayudar por sus seres queridos. Es difícil dedicarle a un hijo toda la atención y darle todo el apoyo que necesita cuando se está sumido en la desesperación. Sus mejores amigos y familiares pueden ayudarle mucho, proporcionándole a su hijo el cariño y el apoyo que necesite cuando se sienta solo y perdido. Si ha perdido un hijo, es muy importante que usted y su pareja intenten apoyarse mutuamente en lugar de aislarse el uno del otro.
  4. Esté dispuesto a hablar sobre la pérdida durante semanas, meses y años. Aunque parezca que su hijo se ha recuperado de la pérdida antes que usted, el duelo permanecerá latente en él durante años y probablemente, de forma inconsciente, durante el resto de su vida. Su hijo necesitará su apoyo y su comprensión para ir asimilando la pérdida. Conforme vaya creciendo, probablemente le hará preguntas cada vez más sofisticadas sobre las circunstancias y las causas de la muerte del ser querido. Por muy doloroso que pueda ser para usted recordar los hechos, intente contestarle franca y directamente. Cuanto mejor consiga entender lo ocurrido, más fácil le resultará estar en paz con el pasado.

¿Debe asistir un niño pequeño al funeral de un ser querido?

La conveniencia de que un niño pequeño asista o no al funeral de una persona muy allegada es algo que depende de su nivel de comprensión, su madurez emocional y su deseo explícito de participar en la ceremonia. Si parece estar muy asustado y ansioso, o no logra entender el sentido de la ceremonia, lo más sensato es que no asista. Por otra parte, si parece capaz de controlar sus respuestas y desea estar presente para despedirse de la persona fallecida, asistir al funeral puede servirle de consuelo y ayudarle superar la pena.

Si decide llevar a su hijo al funeral, prepárele para lo que allí verá. Así mismo, arregle las cosas para que alguien familiar pueda llevarse al niño en el caso de que tenga que abandonar el funeral. De este modo, usted también tendrá mayor libertad para satisfacer sus propias necesidades emocionales durante la ceremonia.

Si usted considera que es mejor que su hijo no asista al funeral, puede organizar más adelante una visita menos formal a la tumba del ser querido. Aunque esto también puede resultar estresante para el niño, probablemente le ayudará a entender mejor lo ocurrido.

Cuándo buscar ayuda profesional

Poco después de la muerte de un ser querido, puede ser conveniente, hablar con el pediatra de su hijo. Éste, con la experiencia y conocimientos que tiene, aparte de indicarle qué le puede decir al niño y cómo se lo debe decir, le informará sobre cómo se puede sentir y comportar su hijo durante los meses que se avecinan.

No se puede saber cuánto tiempo tardará un niño en superar la pena. Posiblemente su hijo presentará síntomas de recuperación de forma gradual, habiendo primero horas, luego días y al final semanas en que actuará prácticamente igual que antes del fallecimiento. Si no empieza a tener breves períodos de normalidad cuando hayan pasado entre cuatro y seis semanas o a usted le parece que la desesperación inicial es demasiado intensa o dura demasiado tiempo, hable con el pediatra.

Aunque es normal que un niño eche de menos a un padre o un hermano desaparecido de vez en cuando, no es normal que la tristeza obscurezca todas las facetas de su vida durante años. Si su hijo piensa y/o habla constantemente sobre la muerte, de tal modo que el duelo le domina constantemente e interfiere con su vida social y emocional, debe llevarlo a un profesional de salud mental. El pediatra puede recomendarle uno.

Su hijo también necesita que usted vuelva gradualmente a funcionar con normalidad. Después de perder a su pareja o a un hijo, puede costarle meses volver a la rutina cotidiana y todavía más superar sus sentimientos de angustia y tristeza. Si ya ha pasado un año desde el fallecimiento y usted todavía no ha podido normalizar su vida o si el duelo ha dado paso a la depresión, debe buscar ayuda profesional. Tanto usted como su hijo se beneficiarán de ello.

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