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Quemaduras solares en niños

Aunque las personas de piel morena suelen tolerar mejor el sol, nadie, independientemente de cuál sea su constitución, es inmune a las quemaduras solares y a los trastornos asociados las mismas. Los niños, en particular, deben protegerse de los efectos perjudiciales de los rayos del sol. Como cualquier otra quemadura, las provocadas por el sol dejan la piel enrojecida, caliente y adolorida. En casos graves, se pueden formar ampollas, y puede haber fiebre, escalofríos y sensación de malestar general.

De todos modos, no hace falta que su hijo se queme para sufrir los efectos perjudiciales del sol. Los efectos de la exposición al sol se van acumulando a lo largo del tiempo, por lo que hasta una exposición moderada durante la infancia puede contribuir a la formación de arrugas, al endurecimiento de la piel y hasta al desarrollo de un cáncer de piel en el futuro. Así mismo, hay algunos medicamentos que, si se combinan con la exposición al sol, pueden desencadenar reacciones adversas, y algunos trastornos médicos hacen que las personas sean más vulnerables a los efectos nocivos del sol.

Tratamiento

Los síntomas de las quemaduras solares suelen aparecer de entre seis a doce horas desde la exposición y suelen doler más durante las primeras veinticuatro horas. Si, después de exponerse al sol, su hijo tiene la piel roja, caliente y adolorida, podrá tratarlo usted mismo. Póngale paños fríos sobre el área afectada o bien báñelo en agua templada. También puede darle acetaminofén para mitigar el dolor. (Compruebe siempre la dosis según su edad y su peso).

Si le han salido ampollas, le ha subido la fiebre o tiene escalofríos, dolor de cabeza o malestar general, llame al pediatra. Las quemaduras solares graves deben tratarse como cualquier otra quemadura grave, y, en el caso de que abarquen un área muy extensa, es posible que sea preciso hospitalizar al niño. Además, las ampollas podrían infectarse, lo que se debe tratar con antibióticos.

A veces, las quemaduras solares graves y extensas pueden provocar deshidratación y desmayo. En estos casos, se debe llevar al niño a la sala de emergencia más cercana.

Prevención

Muchos padres creen erróneamente que el sol sólo es peligroso cuando es bien brillante. Sin embargo, no son los rayos de luz visibles, sino los rayos ultravioletas invisibles, los realmente peligrosos. De hecho, es posible que su hijo se vea más expuesto a los rayos ultravioletas en días nublados o con bruma, puesto que no tendrá tanta sensación de calor y, por lo tanto, pasará más tiempo al aire libre. Así mismo, los efectos del sol son más perjudiciales a mayor altitud. Llevar un buen gorro o una sombrilla no garantiza una protección absoluta, puesto que los rayos ultravioletas rebotan en la arena, el agua, la nieve y muchas otras superficies lisas.

Intente mantener a su hijo resguardado de los rayos ultravioletas durante las horas en que más pega el sol (entre las 10 a.m. y las 4:00 p.m.). Si no es posible, siga las siguientes indicaciones:

  • Utilice siempre una crema con filtro solar en climas catidos para proteger a su hijo de los efectos nocivos de los rayos ultravioletas. Todo niño deben ponerse una crema con un factor 15 de protección, como mínimo. Aplique la crema media hora antes de la exposición al sol. Muchas cremas solares son resistentes al agua, pero, incluso éstas se deben aplicar cada tres o cuatro horas si se pasa mucho tiempo en el agua. Lea atentamente las instrucciones de uso.
  • Vista a su hijo con ropas frescas de algodón, pero póngale camisetas de manga larga y pantalones largos.
  • Utilice una sombrilla o algo similar cuando vayan a la playa para que su hijo pueda estar a la sombra.
  • Póngale una gorra con una amplia visera.

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