Bebe y niños

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Procedimientos que siguen a un parto prematuro

Entre cinco y seis de cada cien niños nacidos en este país son prematuros. Puesto que estos niños nacen antes de que estén físicamente preparados para abandonar el útero materno, suelen tener problemas. Por este motivo, los niños prematuros reciben atenciones y cuidados médicos especiales inmediatamente después del parto. Dependiendo de lo que se haya adelantado el niño, es posible que el pediatra consulte a otro pediatra (el neonatólogo), especializado en cuidados intensivos de bebés prematuros, para que determine si necesita un tratamiento especial y, en caso afirmativo, qué tipo de tratamiento necesita.

Si su hijo nace prematuramente, es posible que no tenga el aspecto ni el comportamiento propio de un bebé a término. Mientras que un bebé a término promedio pesa unas 7 libras al nacer, un bebé prematuro puede pesar 5 libras e incluso menos. Cuanto más se adelante, más pequeño será el bebé, más grande parecerá su cabeza en relación con el resto del cuerpo y menos grasa tendrá. Con tan poca grasa, su piel parecerá más fina, casi trasparente, dejando entrever las venas que pasan por debajo. Sus rasgos serán más penfilados que los de un recién nacido a término y probablemente no estará impregnado de vérnix, la capa cremosa so que suele recubrir el cuerpo de un recién nacido a término, puesto que ésta se produce cuando el embarazo está avanzado.

Puesto que carece de esta capa de protección grasa, un bebé prematuro se enfriaría si se deja a temperatura ambiente. Por este motivo, inmediatamente después del nacimiento lo colocarán en una cuna cerrada dotada de un sistema de regulación de la temperatura para que se mantenga caliente. Después del examen rápido realizado en la sala de partos, probablemente se lo llevarán a una sala de cuidados especiales.

Muchas veces los niños prematuros lloran muy bajito, si es que lloran, y pueden tener problemas para respirar. Esto se debe a que su sistema respiratorio aún no está lo suficientemente maduro.

Si el parto se adelanta más de dos meses, las dificultades respiratorias del bebé pueden ocasionarle graves problemas de salud, ya que es posible que no llegue suficiente oxígeno a los órganos del cuerpo. Para evitar que esto ocurra, los bebés prematuros están bajo estricta observación médica. Si precisan ayuda respiratoria, se les puede administrar oxígeno mediante mascarilla o se puede utilizar temporalmente un equipo especial de respiración asistida.

El hecho de que se lleven inmediatamente al bebé a la sala de recién nacidos resulta tan doloroso para la madre como importante es para el bebé recibir los cuidados especiales que necesita. Aparte de la preocupación por su estado de salud, la madre puede echar de menos la experiencia de estrecharlo entre sus brazos, amamantarlo y empezar a forjar el vínculo con su hijo inmediatamente después del parto. No podrá cargarlo ni tocarlo cuando ella lo desee ni tampoco tenerlo consigo en la habitación.

¿Cuál es la mejor forma de defenderse ante una experiencia como ésta? Solicitando ver a su hijo lo más pronto posible después del parto e insistiendo en que quiere hacerse cargo de él. Vaya a la sala de recién nacidos y pase con él todo el tiempo que permita el estado de salud de ambos. Si no se lo dejan cargar, tóquelo y acaricíelo cuando esté en la cuna o a través de la puertecilla de la incubadora, si su estado lo permite. Déle el pecho siempre que sea posible o pídale a la enfermera que le facilite un extractor de leche para que pueda sacarse leche y dársela después al bebé; de este modo, estimulará la producción de leche y podrá amamantarlo cuando llegue el momento de hacerlo.

Cuanto más participe usted en el proceso de recuperación y más contacto tenga con el bebé durante estos momentos, mejor se sentirá con toda la situación y más fácil le resultará cuidar de su hijo cuando abandone la sala de recién nacidos. Si en una situación como la descrita, usted tiene preguntas, no dude en hacérselas a los médicos y al personal de enfermería. Además, no olvide que su pediatra también participará en el proceso, o, por lo menos, recibirá información puntualmente sobre el tratamiento que esté recibiendo su hijo y, por lo tanto, podrá responder a la mayoría de las preguntas que usted tenga.

Amamantar al bebé después del parto

Piensa darle el pecho a su hijo? Si es así, infórmese previamente sobre cuál es la política del hospital en lo referente al amamantamiento en la sala de partos. Hoy en día, la mayoría de los hospitales recomiendan dar el pecho inmediatamente después de un parto rutinario, a menos que el bebé tenga un bajo puntaje en la escala Apgar o respire demasiado rápido, en cuyo caso conviene retrasar temporalmente la lactancia.

Dar el pecho inmediatamente después del parto es beneficioso para la madre, ya que hace que el útero se contraiga, reduciendo, de este modo, la hemorragia uterina. (La hormona que desencadena las contracciones del útero es la misma que estimula la producción de leche).

El mejor momento para empezar a darle el pecho a un bebé es durante la hora que sigue al nacimiento, ya que durante este período de tiempo los bebés están muy despiertos y hambrientos. Cuando usted acerque al bebé a su pecho, lo primero que hará será lamerlo. Después, ayudándole un poco, cogerá el pezón y lo chupará con fuerza durante varios minutos. Si retrasa mucho la lactancia, es posible que el bebé esté adormilado y le cueste más succionar eficazmente.

La leche materna como tal no empieza a fluir sino de tres a cinco días después del el parto, pero el bebé recibe el calostro, un líquido poco más denso y amarillento que contiene proteínas y anticuerpos para protegerlo de las infecciones. El calostro no proporciona tantas calorías como la leche materna, pero sigue siendo una importante fuente de nutrición e inmunidad.

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