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Preparar los senos para la lactancia

Independientemente de que piense darle o no el pecho a su hijo, en cuanto quede embarazada, su cuerpo empezará a prepararse para la lactancia. El área que hay alrededor del pezón —la areola mamaria— se oscurecerá. Sus senos aumentarán de tamaño, a medida que las células que se encargarán de producir leche se van multiplicando y que los conductos que se encargarán de trasportarla se van desarrollando. Mientras tanto, otras partes de su cuerpo empezarán a almacenar un exceso de grasa para proporcionarle la energía adicional que necesitará durante la lactancia.

Tan pronto como a las dieciséis semanas de embarazo, los senos de una mujer embarazada están preparados para producir leche en cuento nazca el niño. El primer fluido que sale por el pezón —una solución densa de color naranja-amarillento que se produce durante los días que siguen inmediatamente al parto hasta que es sustituida por la leche propiamente dicha —se denomina calostro. El calostro contiene más proteínas, sales, anticuerpos y otros componentes con propiedades protectoras que la leche, pero menos grasas y calorías. Su cuerpo producirá calostro durante varios días, hasta que "baje" la leche propiamente dicha. Ésta, que será mas fina y tendrá el color típico de la leche, se ajustará a las necesidades de su bebé durante el resto de la lactancia. La leche materna va cambiando sus propiedades nutricionales a medida que van cambiando las necesidades del bebé.

A medida que su cuerpo se prepara de forma natural para la lactancia, no hay mucho que hacer en este sentido.

A menos que sus pezones sean planos o invertidos, no tiene por qué estirarlos, alargarlos, dilatarlos, friccionarlos ni masajearlos cuando se aproxime el final del embarazo. No es necesario endurecer ni "fortalecer" los pezones para que resistan la lactancia. De hecho, algunas de estas manipulaciones pueden interferir con la lactancia normal al dañar las pequeñas glándulas de la areola mamaria que secretan un fluido lechoso que lubrica el pezón para prepararlo para la lactancia.

Hay otra razón más: a medida que se aproxima el final del embarazo, estimular excesivamente los pezones puede desencadenar la liberación de un hormona que hace que el útero se contraiga, lo que podría provocar un parto prematuro. Por lo tanto, aunque la estimulación suave y ocasional del pecho —por ejemplo, mientras se hace el amor— es inofensiva, se debe evitar manipular excesivamente los pezones durante el embarazo. Lavarlos, como se hace habitualmente durante el baño o la ducha y secarlos con suavidad es todo el cuidado que necesitan los senos durante el embarazo.

Aunque muchas mujeres se ponen cremas y aceites en los senos para suavizarlos, no es necesario y además pueden tapar los poros de la piel. Los bálsamos, sobre todo los que contienen vitaminas u hormonas, son innecesarios y pueden perjudicar al bebé si se utilizan cuando ya se ha empezado a darle el pecho. Las sustancias que contiene pueden ser absorbidas por la piel de la madre y pasar al bebé a través de la leche.

Es importante que los senos estén bien sujetos durante el embarazo y la lactancia (independientemente de que la madre piense darle el pecho o el biberón a su hijo), puesto que los senos, aparte de aumentar de tamaño, pesan mucho más de lo habitual. Si no se utiliza un buen sujetador, el volumen y el peso adicionales estirará los ligamentos del pecho, lo que contribuirá a que los senos caigan en el futuro. Algunas mujeres empiezan a llevar sujetadores de lactancia durante el embarazo. Conforme el pecho va creciendo de tamaño, son más grandes y más fáciles de ajustar y mucho más cómodos que los sujetadores normales.

Cómo preparar los pezones invertidos

Normalmente, cuando se presiona la areola mamaria entre dos dedos, el pezón sobresale y se pone erecto. Pero, si, el pezón parece retraerse hacia dentro en lugar de proyectarse hacia afuera, se dice que está invertido. Esto puede dificultar la lactancia, ya que al niño le costará mucho coger el pezón con la boca para succionarlo y obtener la leche. Afortunadamente, si el problema se detecta durante el embarazo, puede tratarse fácilmente antes de que nazca el bebé.

El tratamiento más sencillo de un pezón invertido consiste en utilizar una pezonera, esto es, un protector especial que la futura madre se coloca dentro del sujetador para llevarlo mientras está despierta, varias semanas o meses antes del parto. Este protector de plástico, de venta en la mayoría de tiendas de artículos para bebés y farmacias, tiene la forma de una cúpula agujereada. La cara interior, la que debe estar en contacto con la piel, tiene un agujero por donde se introduce el pezón. El área circular alrededor de este agujero ejerce una presión suave y uniforme sobre la areola, haciendo que el pezón sobresalga hacia fuera y se introduzca en el agujero. Al final, el pezón acaba adoptando esta forma, incluso cuando se retira la pezonera.

Raramente, en casos muy graves de pezón invertido, las pezoneras no resultan eficaces. Algunas veces el pezón invertido no se diagnostica hasta después del parto. En tales casos, el personal de enfermería del hospital donde haya tenido lugar el parto, enseñarán a la madre a utilizar un extractor antes de colocarle el bebé en el pecho. La succión del bebé también contribuirá a que los pezones invertidos acaben proyectándose hacia fuera.

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