Bebe y niños

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Preparar a su hijo para la escuela

El Kindergarten se considera el inicio "oficial" de la escolarización. Sin embargo, muchos niños entran en contacto con el mundo escolar mucho antes, cuando empiezan a ir a guarderías o jardines infantiles que aceptan a niños desde los dos o tres años. En estos centros no se pretende iniciar una formación académica propiamente dicha, sino ayudar a los niños a acostumbrarse a la idea de estar fuera de casa durante cierto tiempo del día y de aprender en grupo. También les ofrecen la oportunidad de mejorar sus habilidades sociales, al poder estar y jugar con otros niños y adultos, y de entrar en contacto con normas más formales que las que tienen que respetar en casa. Estos centros son especialmente recomendables para aquellos niños que no tienen la oportunidad de relacionarse con otros niños o adultos, así como para los que tienen facultades extraordinarias o problemas de desarrollo y, por lo tanto, podrían beneficiarse de una atención especial.

Aparte de los beneficios que una guardería o un jardín infantil puede reportarle a su hijo, estos centros también pueden ayudarle a satisfacer algunas de las necesidades que usted tiene. Quizás deba reincorporase al trabajo o vaya a tener otro hijo. O tal vez necesite tener unas cuantas horas para usted cada día. Cuando su hijo tenga entre dos y tres años, la separación puede ser positiva para ambos.

Si antes no solía pasar mucho tiempo lejos de su hijo, es posible que se sienta triste o culpable por tener que separarse de él. También puede sentir celos si su hijo establece un fuerte vínculo con alguno de sus maestros, sobre todo si —en uno de sus enfados— le da por decir que le gusta más su maestra que usted. Pero, acéptelo: usted sabe que no puede ser reemplazada por ningún maestro, del mismo modo que la vida escolar de su hijo nunca podrá reemplazar a la vida familiar. Estas nuevas relaciones contribuirán a que su hijo entienda que hay muchas personas que pueden cuidar de él, aparte de su familia. Ésta es una importante lección que debe aprender conforme se va preparando para entrar en el mundo, mucho más grande de la escuela primaria.

Cuando sienta punzadas de tristeza, celos o culpabilidad, piense en que estas separaciones estructuradas ayudarán a su hijo a adquirir mayor independencia, experiencia y madurez; al tiempo que le permitirán a usted tener más tiempo para cultivar sus intereses y satisfacer sus necesidades. A fin de cuentas, estas separaciones fortalecerán el vínculo que usted mantiene con su hijo.

Idealmente, todas las guarderías y jardines infantiles deben ofrecer a los niños un entorno seguro y estimulante, supervisado por adultos que estén pendientes de los niños y que les traten afectuosamente. Lamentablemente, no todos los centros satisfacen estos requisitos. ¿Cómo puede distinguir entre un buen y un mal centro? He aquí algunos de los aspectos que debe tener en cuenta:

  1. La escuela debe tener unas metas con las que usted esté de acuerdo. Un buen centro preescolar debe incluir, entre sus prioridades, ayudar a los niños a adquirir independencia y confianza en sí mismos y a desarrollar sus habilidades sociales. Tenga mucho cuidado con los programas que prometen enseñar habilidades académicas o "aceleran" el desarrollo intelectual. Desde un punto de vista evolutivo, la mayoría de los preescolares no están preparados para recibir una enseñanza formal y, si se les exige demasiado, sólo se consigue predisponerlos negativamente contra el aprendizaje. Si usted sospecha que su hijo está preparado para asumir mayores retos intelectuales, pídale al pediatra que evalúe su capacidad intelectual o que lo remita a un especialista en desarrollo infantil. Si la evaluación confirma sus sospechas, busque un centro que estimule la curiosidad natural y el talento de su hijo sin presionarlo.
  2. Si su hijo tiene necesidades especiales —como dificultades auditivas o del lenguaje, o algún otro problema de desarrollo o de conducta— póngase en contacto con el director de educación especial del sistema escolar local para que lo refiera a un programa apropiado en su zona de residencia. Muchos programas locales carecen de la infraestructura para proporcionar terapia o consejería especializada, por lo que es posible que un niño con necesidades especiales sienta que se le "deja atrás" o que está "fuera de lugar".
  3. Busque programas que tengan clases relativamente pequeñas. Los niños de dos o tres años se adaptan mejor a clases de diez niños o menos y deben ser supervisados de cerca. Los niños de cuatro años pueden estar en clases hasta de veinte individuos y no necesitan una supervisión tan directa.
  4. Los maestros y ayudantes deben tener una buena formación en desarrollo o educación infantil. No se fíe demasiado de un centro en el que el personal se renueva constantemente. Esto no sólo refleja la escasa capacidad de la directiva para seleccionar al personal, sino que dificulta encontrar información sobre los maestros que trabajan allí.
  5. Asegúrese de que está de acuerdo con los métodos disciplinarios. El establecimiento de límites debe ser firme y consistente, sin coartar la necesidad de explorar del niño. Las normas deben tener en cuenta el nivel evolutivo de los niños y los maestros deben apoyar, animar y ser afectuosos con los alumnos, sin limitar su creatividad e independencia.
  6. Deben permitirle ir a ver a su hijo a cualquier hora. Aunque el hecho de que los padres entren y salgan puede alterar la rutina cotidiana, esta actitud abierta trasmite una sensación de consistencia y demuestra que la escuela no tiene nada que ocultar.
  7. Tanto las aulas como el patio o el jardín deben estar "a prueba de niños". Siempre debe haber una adulto presente que sepa aplicar las técnicas de primeros auxilios, incluyendo la reanimación cardio-pulmonar (respiración boca a boca y estimulación cardíaca para reanimar a una persona cuando deja de respirar o le deja de latir el corazón) y cómo se debe proceder en caso de atragantamiento.
  8. Debe haber una política clara sobre cómo actuar en caso de enfermedad. Cuando un niño tenga fiebre, lo mejor es aislarlo. Así mismo, si un niño presenta síntomas de una enfermedad infecciosa, se le debe mandar a casa lo antes posible.
  9. La higiene es muy importante para evitar el contagio de enfermedades infecciosas. Asegúrese de que haya lavamanos adaptados a la estatura de los preescolares y que se les pida a los niños que se laven las manos cuando es conveniente, sobre todo después de usar el inodoro. Si la escuela acepta a niños que todavía lleven pañales, debería disponer de un área completamente aislada donde realizar el cambio de pañales para controlar el contagio de enfermedades infecciosas.
  10. Asegúrese de que está de acuerdo con la ideología general del programa. Averigüe con anticipación qué efecto tiene la ideología sobre el programa académico y decida si es lo que su familia busca. Muchos centros preescolares dependen de iglesias, sinagogas u otras organizaciones religiosas. Generalmente los niños no tienen que ser miembros de ninguna congregación para asistir a estos centros, pero es posible que sean expuestos a ciertos ritos religiosos de esa fé.

Algunas reglas de oro sobre la disciplina del pre-escolar

Independientemente de que usted sea un defensor de la disciplina más estricta o de que se tome este tema con más tranquilidad, las siguientes guías le pueden ayudar a diseñar una estrategia de disciplina que a largo plazo será beneficiosa tanto para usted como para su hijo.

  1. Fomente y recompense siempre la buena conducta, aparte de castigar la mala conducta. Cuando pueda elegir, decídase siempre por la opción más positiva. Por ejemplo, supongamos que su hijo de dos años va directo hacia la estufa; intente distraerlo en lugar de esperar a que se meta en problemas. Y cuando compruebe que él solo ha elegido hacer algo aceptable en vez de algo que no está permitido, felicítelo por haber tomado la decisión correcta. Al demostrarle que se siente orgulloso de él, le hará sentirse a gusto consigo mismo y fomentará que se porte bien en el futuro.
  2. Establezca normas que ayuden a su hijo o hija a controlar sus impulsos y a comportarse correctamente en sociedad sin coartar su deseo de independencia. Si impone unas normas demasiado restrictivas, su hijo podría tener miedo de explorar por su cuenta o de probar nuevas habilidades.
  3. Tenga siempre en cuenta el nivel de desarrollo de su hijo a la hora de fijarle límites y no espere cosas que están por encima de sus posibilidades. Por ejemplo, un niño de dos o tres años no puede controlar el impulso de tocar cosas que le atraen. Por lo tanto, no es realista esperar que no toque los artículos expuestos en el supermercado o en una tienda de juguetes.
  4. Aplique castigos adaptados al nivel de desarrollo de su hijo. Por ejemplo, si decide enviar a su hijo de dos años a su habitación por haberse portado mal, no lo deje allí más de cinco minutos; si lo deja más tiempo se olvidará de por qué está allí. Si prefiere razonar con él en lugar de castigarlo, háblele utilizando palabras sencillas y concretas. No utilice nunca argumentos hipotéticos como "¿Qué sentirías si yo te hiciera lo mismo?" Ningún preescolar puede entender este tipo de razonamientos.
  5. No modifique las normas o los castigos al azar. Así sólo conseguirá confundir a su hijo. Conforme vaya creciendo, es natural que usted espere un comportamiento más maduro. Pero, cuando usted modifique alguna norma, hágaselo saber y explíquele por qué. Por ejemplo, cuando su hijo tenía dos años, usted podía tolerar que le halara la ropa cuando quería que le hiciera caso, pero, cuando cumpla cuatro, es posible que prefiera que se dirija a usted de una forma más madura. Cuando decida cambiar una norma, explíqueselo a su hijo antes de empezar a aplicarla.
  6. Asegúrese de que todos los adultos que viven en su casa y las demás personas que vayan a cuidar de su hijo entiendan las normas y los castigos que se deben utilizar para disciplinarlo. Si un padre dice que algo está bien y el otro lo prohibe, el niño está condenado a vivir confundido. Al final, descubrirá que puede salirse con la suya poniendo a un padre contra el otro, lo que les complicará la vida a todos, tanto ahora como en el futuro. La mejor forma de evitar este tipo de "batallas" es presentar un frente unido.
  7. Recuerde que usted es un modelo fundamental para su hijo. Cuanto más coherente y sensato sea su comportamiento, más probabilidades habrá de que el comportamiento de su hijo refleje esas cualidades. Si, contrariamente, usted le pega cada vez que se salta una norma, le trasmitirá con su ejemplo que es correcto resolver los problemas utilizando la violencia.

La extinción

La extinción es un procedimiento disciplinario de modificación de conducta que resulta sumamente eficaz con niños de dos y tres años de edad, aunque puede seguir siendo útil durante la etapa escolar. La idea consiste en ignorar sistemáticamente al niño cada vez que viola una norma. Lógicamente, este procedimiento sólo se debe utilizar para erradicar conductas molestas o indeseables y no en casos de comportamientos peligrosas o destructivos, ya que éstos requieren el enfoque directo e inmediato que ya hemos explicado.

Para aplicar la "extinción" proceda del siguiente modo:

  1. Primero defina bien la conducta indeseada. ¿Grita en público para llamar la atención? ¿Se pega a usted y no la deja hacer absolutamente nada? Sea muy específico a la hora de delimitar la conducta y las circunstancias en que aparece.
  2. Tenga en cuenta la frecuencia con la que el niño realiza la conducta indeseada y cómo suele reaccionar usted. ¿Intenta tranquilizarlo? ¿Deja lo que tiene entre manos y le presta atención? Si es así, usted está perpetuando involuntariamente la conducta indeseada.
  3. Siga registrando la frecuencia de la conducta indeseada después de empezar a ignorarla. Recuerde que la clave está en la consistencia. Aunque todo el mundo en el supermercado esté mirándoles, no le demuestre a su hijo que le ha oído gritar. Simplemente continúe con lo que tenía entre manos. Al principio, es posible que su hijo aumente la frecuencia y la intensidad de sus "representaciones" para ponerle a prueba, pero, al final, se acabará dando cuenta de que la cosa es en serio.
  4. Cuando su hijo se porte bien en una situación en la que suele portarse mal, no se olvide de elogiarlo. Si, en lugar de gritar cuando usted se niega a comprarle una golosina, le habla en un tono de voz normal, elogíelo por demostrar tanta madurez.
  5. Si usted consigue que la mala conducta se extinga durante cierto tiempo pero luego vuelve a aparecer, inicie el proceso de nuevo. Probablemente la segunda vez no tardará tanto tiempo en erradicar la conducta no deseada.

Programas para niños con problemas potenciales de aprendizaje

Algunos de los niños que fracasan de forma recurrente a la hora de alcanzar las etapas de desarrollo propias de su edad tienen mayores probabilidades de tener problemas de aprendizaje cuando empiecen a ir a la escuela. El diagnóstico temprano y la intervención apropiada pueden prevenir la aparición de este tipo de problemas, al tiempo que ayudan a los padres a afrontar las dificultades diarias que pueden presentarse.

Si el pediatra comparte sus preocupaciones y el maestro del niño (una inestimable fuente de información) está de acuerdo, probablemente se le sugerirán otras evaluaciones profesionales. Pero no se alarme. Un problema de aprendizaje sólo es una dificultad que puede experimentar cualquier niño al intentar aprender información nueva. Puede tratarse simplemente de algún problema con la lectura o para entender el lenguaje hablado.

Las leyes federales (Acta de Individuos con Disabilidades Educativas [IDEA]), estimula el establecimiento de servicios financiados por el estado para bebés y preescolares que necesitan ayuda especial para promover su desarrollo temprano y prepararlos para la escuela. Mientras que la forma exacta en que esta ley ha sido puesta en acción varia de estado en estado, la mayoría de los estados brindan servicios a niños que tengan por lo menos tres años de edad, y algunos ofrecen programas a edades más tempranas. Un niño puede ser referido a estos programas por los padres, el pediatra, un maestro o cualquier adulto interesado en el niño. La recomendación de brindarle asistencia al niño se basa en sus propias necesidades y en la disponibilidad de programas. La mayor parte de estos servicios comprenden algún tipo de guardería o de jardín infantil especializado.

Estimulación del crecimiento cerebral: el tercer año

  • Fomente los juegos creativos, de construcción y de dibujo. Déle a su hijo o hija el tiempo y los utensilios que necesite para que aprenda divertiéndose.
  • Sea sensible a su ritmo y a su estado de ánimo. Aprenda a leer las señales que le envía y respóndale tanto cuando se sienta molesto como cuando esté contento. Anímelo y apóyelo, utilizando una disciplina firme cuando sea preciso, pero sin gritarle, pegarle ni zarandearle; déle normas claras y consistentes.
  • Sea cálido y afectivo con su hijo. Déle abrazos, besos y caricias para trasmitirle una sensación de seguridad y bienestar.
  • Hable con su hijo o cántele mientras lo viste, lo baña, lo alimenta, juega o pasea con él o van en auto, utilizando un lenguaje adulto. Háblele lentamente y con claridad y déle tiempo para que le pueda contestar. Intente no contestarle con el típico "aja", limitándose a asentir, porque se dará cuenta de que no le está escuchando; en lugar de ello, alargue las frase de su hijo.
  • Léale algo cada día. Elija libros que inciten a tocar y señalar, y léale rimas, poemas y cuentos infantiles.
  • Si usted habla una lengua distinta a la del lugar donde vive, utilícela en casa.
  • Facilite a su hijo instrumentos musicales de juguete (pianos, tambores, etc.)
  • Ponga música suave, tranquila y melódica para que su hijo la escuche.
  • Escuche y responda a las preguntas de su hijo.
  • Pase tiempo a solas con su hijo cada día.
  • Déle a su hijo la opción de elegir siempre que sea posible (¿Mantequilla de maní o queso? ¿La camiseta amarilla o la roja?).
  • Ayude a su hijo a utilizar palabras para describir sus emociones y expresar sus sentimientos y sensaciones, como felicidad, alegría, enfado y miedo.
  • Limite el tiempo dedicado a ver televisión o vídeos; evite los dibujos animados violentos. Supervise todos los programas que vea su hijo y coméntelos con él. No utilice la televisión a modo de niñera.
  • Fomente las experiencias sociales fuera de casa, llevando a su hijo a un jardín infantil o a sesiones de juego.
  • Asegúrese de que todas las personas que van a cuidar de su hijo, aparte de velar por su salud, entienden lo importante que es darle cariño.
  • Pase un rato cada día jugando en el suelo con su hijo.
  • Elija bien a la niñera de su hijo: que sea una persona preparada, atenta, afectiva y que sepa tratar a los niños y velar por su seguridad. Hable con ella frecuentemente e intercambien ideas sobre el cuidado de los niños.

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