Bebe y niños

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Preparación, esterilización y almacenamiento de las leches de fórmula

La mayoría de las fórmulas para lactantes se pueden adquirir de tres formas distintas: líquidas y listas para usar, concentradas, y en polvo. Aunque los productos líquidos "listos para usar" son muy convenientes, también son los más caros. Los productos concentrados se preparan mezclando a partes iguales el producto con agua estéril (por ejemplo, una lata del concentrado y una de agua potable; o un biberón a la vez dejando el resto del concentrado cubierto en la nevera durante no más de cuarenta y ocho horas). Los productos en polvo, más económicos, vienen bien en paquetes previamente medidos o en latas grandes con un medidor. Para preparar la leche, se debe añadir la cantidad de producto especificada en las instrucciones a la cantidad indicada de agua y mezclarlos bien para que no se formen grumos en el biberón. Si utiliza agua un tanto caliente, la solución se mezclará mejor y ser disolverán mejor los grumos.

Aparte del precio, la ventaja de los productos en polvo es que son mucho más ligeros y manejables. Puede poner la cantidad adecuada del producto dentro del biberón cuando tenga que salir con el bebé y limitarse a añadir el agua necesaria antes de darle el biberón. El polvo no se estropeará aunque esté varios días dentro del biberón antes de mezclarlos con agua. Si elige un producto que requiere preparación, siga al pie de la letra las instrucciones del fabricante. Si añade demasiada agua, su hijo no obtendrá las calorías ni los nutrientes que necesita para crecer; y si añade muy poca, le dará a su hijo más calorías de las que necesita y la excesiva concentración del preparado podría provocarle diarrea y deshidratación.

El agua que se debe utilizar para preparar la leche (tanto en los productos concentrados como en los productos en polvo) debería hervirse durante aproximadamente un minuto antes de efectuar la mezcla. Asegúrese también de que todos los biberones, mamaderas y demás utensilios que utilice para preparar la leche y darle el biberón al bebé estén limpios. Si el agua de su casa es tratada con cloro, puede utilizar el lavaplatas o lavar a mano los utensilios con agua caliente y jabón, enjuagándolos después con agua caliente. Si tiene agua de depósito o agua no tratada con cloro, ponga los utensilios en agua hirviendo durante cinco a diez minutos o bien utilice un procedimiento denominado calentamiento terminal.

En el calentamiento terminal: se lavan los biberones, pero no se esterilizan, después se llenan con la leche ya preparada y se tapan con el capuchón sin llegarlos a cerrar del todo. A continuación se colocan los biberones llenos en una olla en la que se ha vertido agua hasta aproximadamente la mitad y se deja hervir a fuego lento durante unos veinticinco minutos.

Siempre que prepare leche con antelación, deberá refrigerarla para evitar que crezcan bacterias. Si no utiliza la leche refrigerada en un plazo de veinticuatro horas, deshágase de ella. Calentar la leche refrigerada antes de dársela a su hijo no es estrictamente necesario, pero la mayoría de los bebés la prefieren a temperatura ambiente. Puede dejar la leche fuera de la nevera durante una hora hasta que alcance temperatura ambiente o bien calentarla al baño María (insistimos, de nuevo, en que no utilice un microondas). Si calienta la leche que ha sacado de la nevera al baño María o la utiliza inmediatamente después de prepararla siguiendo el procedimiento del calentamiento terminal, compruebe su temperatura antes de dársela a su hijo. La mejor forma de comprobar la temperatura de la leche es dejar caer unas pocas gotas en la cara interna de su muñeca.

Los biberones pueden ser de cristal, plástico ó plástico con bolsas plásticas interiores. Estas bolsas pequeñas son muy convenientes y pueden prevenir que el bebé trague mucho aire al chupar, pero son más costosas. Conforme el bebé crezca y comience a agarrar la botella por sí mismo, debe evitar botellas de cristal que puedan romperse.

Los biberones diseñados para que el bebé los tome por su cuenta no son recomendables, puesto que pueden contribuir al deterioro de la dentadura y a la formación de caries. Al dejar que el niño se alimente cuando quiera, los dientes están expuestos a los azúcares de la leche constantemente. Cuando la leche se acumula detrás de los dientes, se crea un campo de cultivo favorable a la proliferación de bacterias. Así mismo, se ha comprobado que si se deja al bebé tomando el biberón en una postura supina (estirado boca arriba), puede favorecer las infecciones de oído. Nunca debe dársele un biberón a un lactante o a un niño mayor para que se lo vayan tomando por la noche. Si se le da un biberón al bebé a la hora de acostarse, es recomendable hacerlo con relativa rapidez y retirarle el biberón vacío.

Pregúntele a su pediatra qué tipo de mamadera recomienda. Elegirá entre las mamaderas estándar de goma, las ortodónticas y otros modelos especiales para bebés prematuros o para bebés con paladar hendido. Sea cuál sea el tipo de mamadera que utilice, fíjese en el tamaño del agujero. Si es demasiado pequeño, su hijo succionará con tanta fuerza que tragará demasiado aire; si es demasiado grande, la leche saldrá tan rápido que el niño podría atragantarse. En el caso ideal, la leche debería salir por la mamadera a un ritmo de una gota por segundo cuando coloque el biberón boca a bajo. (Debería dejar de gotear al cabo de unos segundos.) Muchos padres consideran que una mamadera con un agujero pequeño es adecuado para darle agua al bebé, pero hace falta un agujero mayor o varios agujeros pequeños para darle leche.

Cómo preparar leche de fórmula usando concentrado (un biberón cada vez)

Cómo preparar leche de fórmula en polvo

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