Bebe y niños

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Nutrición y suplementos en lactantes

La leche humana contiene una proporción naturalmente equilibrada de vitaminas, sobre todo C, E y B. Por lo tanto, si tanto usted como su hijo están sanos y usted se alimenta bien, no hará falta que le dé ningún suplemento vitamínico al bebé.

Algunos lactantes que viven en áreas urbanas y no se exponen suficientemente a la luz del sol pueden necesitar un suplemento de vitamina D. Esta vitamina es producida naturalmente por la piel al ser expuesta a la luz del sol. Si usted vive en una zona de clima cálido y saca a su hijo a la luz varias veces a la semana, aunque sea por breves períodos de tiempo, usted y el niño producirán suficiente vitamina D. Un total de 15 minutos de luz solar a la semana es suficiente para un niño de piel blanca. Si su hijo es de piel morena y viven en una zona de clima relativamente frío —o si no puede exponerlo al sol con regularidad— deberá darle un suplemento de vitamina D en gotas desde el momento del nacimiento hasta que deje de lactar. (Las leches de fórmula están enriquecidas con vitamina D) Su hijo también necesitará un suplemento de vitamina D si nació prematuramente o tiene determinados problemas médicos. Comente esta cuestión con su médico cuando su hijo nazca.

Algunos pediatras recomiendan a las mujeres que amamantan tomar diariamente un suplemento vitamínico para asegurarse de que obtienen la proporción adecuada de vitaminas, pero no existen pruebas definitivas de que sea necesario hacerlo. Si usted lleva una dieta equilibrada, debería obtener todas las vitaminas necesarias para usted y para su hijo. Sin embargo, si sigue una dieta vegetariana estricta, debería tomar un complejo de vitamina B, ya que determinadas variantes de la vitamina B sólo se encuentran en las carnes, aves y pescados. Si su hijo toma leche de fórmula, probablemente obtendrá todas las vitaminas que necesita, ya que estas leches suelen estar enriquecida con vitaminas.

Hierro

La mayoría de bebés nacen con suficientes reservas de hierro que los protegen contra la anemia. Si usted lacta a su hijo, éste tomará y absorberá la cantidad de hierro que necesita, por lo que no hará falta darle ningún suplemento adicional. Cuando tenga entre cuatro y seis meses, debe empezar a darle alimentos de bebé enriquecidos con hierro (cereales, carne y verduras), que le aportarán la cantidad de hierro que necesita para crecer adecuadamente.

Si ha optado por darle el biberón, es recomendable que le dé a su hijo leche de fórmula enriquecida con hierro desde el momento del nacimiento hasta que cumpla un año. Como último recurso, puede darle suplementos vitamínicos o gotas que contengan hierro, pero sólo en el caso de que cuente con el visto bueno y la supervisión del pediatra. Estos medicamentos no siempre se toleran bien y se ha comprobado que manchan los dientes.

Nuestra posición

La Academia Americana de Pediatría considera que los niños sanos que siguen una dieta equilibrada no necesitan tomar suplementos vitamínicos que superen los niveles recomendables. Las megadosis de vitaminas —por ejemplo, cantidades enormes de vitamina A, C o D— pueden provocar síntomas de intoxicación, que van desde náuseas y erupciones, hasta dolor de cabeza y, a veces, efectos adversos mucho más graves. Antes de darle a su hijo cualquier suplemento vitamínico, consúltelo con su pediatra.

Agua

Hasta que su hijo empiece a comer sólidos, obtendrá toda el agua que necesita de la leche, sea materna o de fórmula. Si hace mucho calor, puede ofrecerle un biberón lleno de agua entre tomas, pero no le fuerce a tomárselo ni se preocupe si lo rechaza. Es posible que prefiera obtener el líquido extra que necesita aumentando la frecuencia de las tomas. Los bebés a quienes se les da el pecho no suelen necesitar dosis adicionales de agua.

En cuanto su hijo empiece a comer alimentos sólidos, aumentará su necesidad de consumir líquido. Aproximadamente el 90 por ciento de los bebés de un año beben jugos de fruta. Los jugos que se les dan con más frecuencia son los de manzana, uva, y más recientemente, pera. Los pediatras recomiendan los jugos para que un lactante normal o un niño consuma el agua que necesita. Sin embargo, si un niño bebe demasiado jugo, es posible que no pueda digerirlo bien y le provoque gases o diarrea. Algunos jugos, como el de uva blanca, se digieren más fácilmente que otros porque contienen una proporción equilibrada de carbohidratos y no contienen sorbitol, un azúcar natural. Para regular la cantidad de jugo que bebe su hijo, asegúrese de que no tome más de 4 a 6 onzas diarias, ofrézcale el jugo junto con algún alimento sólido para demorar el proceso de absorción, y mézclelo con agua a partes iguales (véase en el próximo recuadro la composición de los principales jugos de frutas). Si le ofrece leche o jugos a su hijo a la hora de las comidas, podría quitarle el apetito, lo más recomendable es darle agua en las comidas.

Su hijo también necesitará beber más agua cuando esté enfermo, sobre todo si tiene fiebre. Consulte con su pediatra qué cantidad de agua necesita su hijo en tales circunstancias. El mejor líquido para un bebé enfermo que es amamantado es la leche materna.

Flúor

Durante los primeros seis meses, un lactante no necesita tomar ningún suplemento de flúor. Si después de esta fecha la leche materna sigue siendo su principal fuente alimenticia, sólo es recomendable darle un suplemento de flúor si el agua que bebe la madre contiene menos de 0.3 ppm. de esta sustancia. Si su hijo necesita un aporte adicional de flúor, ya se lo indicará su pediatra o su dentista.

Los lactantes que se alimentan con leche de fórmula consumen flúor cuando se les da el biberón y cuando beben agua (si ésta contiene flúor). La Academia recomienda preguntar al pediatra en cada caso si el bebé necesita algún suplemento adicional de flúor.

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