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Niños hiperactivos y con problemas de concentración

Casi todos los niños tienen días en que parecen "hiperactivos", pero la verdadera "hiperactividad" es un trastorno que afecta a sólo 1 de cada 20 niños menores de 12 años. Los niños hiperactivos se mueven mucho, les cuesta conciliar el sueño y no pueden permanecer sentados tranquilamente por más de unos cuantos minutos. Se distraen fácilmente, son muy impulsivos y les cuesta mucho mantener la atención. Los médicos denominan a este trastorno, que combina la hiperactividad con el distraimiento, "Trastorno por déficit de atención con hiperactividad" o TDAH (ADHD por sus siglas en inglés).

Durante la primera infancia, es fácil que usted piense que su hijo tiene síntomas de hiperactividad, pero si lo compara con otros niños de su edad, probablemente se notará que es completamente normal. Cuando tienen entre des y tres años los niños suelen ser muy activos e impulsivos y tienen un corto margen de atención. Todos los niños parecen hiperactivos o fáciles de distraer en ocasiones, por ejemplo, cuando están cansados, excitados porque van a hacer algo "especial" o preocupados por el hecho de estar en un lugar desconocido o entre extraños.

Los niños realmente hiperactivos, son visiblemente más activos, se distraen más fácilmente y son más impulsivos que los demás niños de su edad. Y lo más importante: estos niños nunca parecen estar tranquilos y su comportamiento no mejora con el paso del tiempo.

Aunque la mayoría de ellos tienen una inteligencia normal, pueden tener problemas de aprendizaje, puesto que no son capaces de mantener la atención ni de seguir las instrucciones escolares por completo. También les cuesta mucho más controlar sus impulsos y emociones, concentrarse y prestar atención. Suelen ser más habladores, más emotivos, más exigentes y más desobedientes que los demás niños de su edad. Suelen comportarse de forma inmadura durante la infancia y la adolescencia y pueden tener problemas en la escuela, con los amigos, y, a veces, con la ley. Sin apoyo ni tratamiento, los niños realmente hiperactivos suelen acabar con su autoestima, ingrediente imprescindible para tener una vida satisfactoria y productiva.

Nadie sabe exactamente cuál es la causa de la hiperactividad. A veces puede asociarse a situaciones tales como el haber nacido prematuramente o haber padecido alguna enfermedad que provocó una lesión en el cerebro o en el sistema nervioso, como meningitis, encefalitis o síndrome alcohólico fetal. Aún así, la mayoría de los niños hiperactivos no han sido prematuros ni han tenido ninguna de estas enfermedades y la mayoría de quienes contraen estas enfermedades no se vuelven hiperactivos. Muchos niños que padecen este trastorno tienen parientes cercanos con problemas similares, lo que sugiere que se trata de un trastorno con un componente genético. Así mismo, los niños tienen cuatro veces más probabilidades que las niñas de padecerlo. En parte, esto se debe a que los niños suelen madurar más despacio que las niñas en estas áreas de conducta, pero nadie sabe exactamente a qué se debe la diferencia. Aunque se ha especulado mucho sobre la posibilidad de que ciertos alimentos y aditivos puedan provocar esta condición, las extensas investigaciones que se han hecho no han permitido demostrar esta relación de forma concluyente.

Sea cuál sea la causa de la hiperactividad, no hay duda de que el modo de educar y disciplinar a un niño influye considerablemente sobre la gravedad del trastorno y sobre la forma como lo afronta el niño. Los niños cuyos padres tienen problemas mentales y/o que los maltratan, suelen tener problemas más graves que los que tienen padres emocionalmente sanos y que los educan con amor y una disciplina firme y consistente.

Cuándo acudir al pediatra

El observar a su hijo y a otros niños de su edad durante varios días o semanas es la mejor forma de determinar si el niño es o no hiperactivo. Si lleva a su hijo a un jardín infantil, los miembros del personal constituyen una valiosa fuente de información. Ellos le pueden informar sobre cómo se porta su hijo cuando está en grupo y si actúa de un modo acorde con su edad.

Entre los síntomas específicos de hiperactividad figuran:

  • Dificultad para prestar atención en actividades que interesan a otros niños de su edad.
  • Dificultad para seguir instrucciones simples.
  • Sale corriendo hacia la calle repetidamente, interrumpe los juegos de otros niños y no respeta los límites permitidos ni considera las consecuencias de sus actos.
  • Actividad innecesariamente exacerbada: corre, salta, lo toca todo, sin períodos de descanso.
  • Explosiones emocionales repentinas, como llanto, insultos, golpes o actitud inapropiada de frustración.
  • Persistencia de la mala conducta a pesar de que se le llama la atención repetidamente.

Si usted u otras personas detectan tres o más de estas señales de forma recurrente, consulte al pediatra. Éste querrá evaluar personalmente a su hijo para descartar cualquier causa física. A continuación le hará un examen a fondo o referirá su caso a un psicólogo o psiquiatra infantil. La evaluación de la hiperactividad suele constar de tres fases consecutivas. En primer lugar, el médico o el terapeuta le hará preguntas sobre el comportamiento actual y pasado de su hijo y es posible que pida información sobre el niño al personal del jardín infantil a fin de identificar algún patrón de comportamiento que se haya mantenido a lo largo del tiempo y en distintos contextos. A continuación, las evaluaciones de desarrollo determinarán si su hijo tiene un desarrollo físico y mental acorde con su edad. Por último, se observará a su hijo en una sesión de juegos para determinar si su desarrollo socio-emocional es adecuado para la edad.

Si la evaluación realizada sugiere que su hijo es hiperactivo, es probable que el médico o terapeuta le recomiende aplicar ciertas técnicas de disciplina e incluso puede aconsejarle que lo lleve a un centro preescolar especial. A menos que el comportamiento de su hijo sea totalmente ingobernable, no le recetará medicación por sus efectos secundarios en niños menores y debido a que en ocasiones es incierto emitir un diagnóstico de hiperactividad en niños menores de cinco años. Durante la primera infancia y la etapa preescolar los niños cambian tan de prisa y tan drásticamente, que lo que en un momento puede parecer un problema de conducta, es posible que desaparezca en pocos meses. Por este motivo, muchos médicos prefieren hacer un seguimiento de estos niños durante varios meses e incluso durante varios años antes de recetar algún fármaco para tratar el déficit de atención.

Los medicamentos que se utilizan para tratar este trastorno sólo se recetan en casos severos y no se recomienda administrar los mismos a niños menores de tres años.

Si su hijo es hiperactivo, es probable que usted haya oído hablar de tratamientos alternativos. Mientras algunos de estos tratamientos todavía no han sido validados, otros han demostrado ser ineficaces. Entre las terapias controversiales que podrían resultar eficaces en algunos casos figuran:

  • La terapia de juego. Este enfoque ayuda al niño a superar sus inhibiciones y ansiedades. Sin embargo, éstos no son los problemas medulares de los niños con hiperactividad.
  • Ejercicios físicos especiales. Generalmente tienen como meta mejorar la coordinación motriz e incrementar la tolerancia a los estímulos. La mayoría de los niños hiperactivos tienen problemas en estos ámbitos, pero estos problemas no son la causa del desorden.

Aunque estos ejercicios pueden beneficiar a los niños hiperactivos, parece ser que funcionan sobre todo porque hacen que los padres presten más atención a sus hijos y esto contribuye a elevar su autoestima.

  • Dietas especiales. Se basan en el supuesto de que ciertos alimentos fomentan el comportamiento indeseable. Cada dieta tiene en cuenta un tipo distinto de alimentos o sustancias, como aditivos artificiales, azúcar, alimentos alergénicos más comunes (maíz, nueces, chocolate, mariscos, trigo) Aunque estas dietas apenas están validadas científicamente, muchos padres están convencidos de que ayudan. La mayoría de estas dietas son saludables y no le hacen daño a un niño, a menos que sus hábitos alimentarios se conviertan en una fuente de conflictos familiares, o a menos que se utilicen en lugar de otros métodos para modificar su comportamiento. Ninguna dieta aislada puede solucionar el problema de la hiperactividad.

Entre los tratamientos que pueden resultar peligrosos y, por lo tanto, deben evitarse, figuran:

  • La terapia de megavitaminas.
  • Suplementos vitamínicos y minerales especiales.

Cómo actuar

Si su hijo o hija presenta síntomas de hiperactividad, es posible que no sea capaz de controlar su propia conducta. La excitación y prisa por hacer las cosas pueden predisponerlo a tener lesiones frecuentes y a comportarse de forma destructiva. Usted tendrá que ayudarle a controlarse y a prestar atención a lo que está haciendo.

Para disciplinar a un niño hiperactivo, usted debe responder tanto "eficaz" como "constructivamente". Si sus reacciones son "eficaces", el comportamiento de su hijo mejorará; si, además, son "constructivas", le ayudarán a elevar su autoestima y a ser más responsable. En la página anterior hay algunos ejemplos de respuestas eficaces y constructivas a algunos problemas de conducta comunes entre niños hiperactivos.

Es importante responder de inmediato siempre que su hijo se porte mal, y que se asegure de que todas las personas que lo cuidan reaccionan del mismo modo. Los castigos dolorosos, como las nalgadas o cachetadas es pueden frenar la mala conducta temporalmente, pero no fomentan el autocontrol. Al contrario, este enfoque le transmite a un niño que es correcto hacerle daño a otra persona. Los métodos de disciplina no violentos y basados en el amor son mucho más eficaces a largo plazo.

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