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Niños con Hipertensión (Presión arterial alta)

Solemos pensar en la hipertensión o la tensión alta como un problema que afecta a los adultos. Pero, de hecho, se trata de un trastorno que puede aparecer a cualquier edad, incluso durante la lactancia. Cinco de cada cien niños tienen la presión más alta de lo normal, aunque sólo uno de cada cien tiene una hipertensión médicamente significativa.

El término tensión o presión sanguínea, de hecho, se refiere a dos medidas distintas: a) la presión sanguínea sistólica es la presión máxima alcanzada en las arterias cuando el corazón bombea sangre hacia afuera para que se dirija al resto del cuerpo; y b) la presión sanguínea diastólica es la presión mínima alcanzada en las arterias cuando el corazón se relaja para recibir sangre entre dos latidos consecutivos. Si cualquiera de las dos medidas supera significativamente los límites establecidos para un individuo sano de la misma edad y sexo, se dice que la persona es hipertensa.

La hipertensión es más frecuente entre la población de raza negra que entre la de raza blanca. También es más propia de ciertas áreas del mundo; por ejemplo, es muy rara en los esquimales de Alaska, pero afecta hasta al 40 por ciento de la población japonesa adulta. En muchos casos, la hipertensión se desarrolla con la edad. Por ello, es posible que su hijo no tenga síntomas de hipertensión cuando sea un lactante, pero desarrolle el trastorno conforme vaya haciéndose mayor.

En la mayoría de los casos se desconoce la causa. Sin embargo, cuando la hipertensión es severa, suele ser el síntoma de algún otro trastorno grave, como una enfermedad renal o anormalidades del corazón, del sistema nervioso o del sistema endocrino (glandular).

Afortunadamente, la presión sanguínea, por sí sola, rara vez provoca problemas serios en los niños, y se puede controlar simplemente introduciendo cambios en la dieta, con medicación o combinando ambos tratamientos. Sin embargo, si no se trata y se permite que un niño sea hipertenso durante muchos años, el hecho de que el corazón esté sometido continuamente a una presión excesiva puede acabar provocando un fallo cardíaco. Así mismo, el estrés al que se ven sometidos los vasos sanguíneos del cerebro puede hacer que estallen, provocando una hemorragia cerebral. Así mismo, a largo plazo la hipertensión produce cambios en las paredes de los vasos sanguíneos que pueden provocar lesiones en los riñones, los ojos y otros órganos. Por este motivo, si el pediatra de su hijo le diagnostica hipertensión, es importante que siga sus consejos al pie de la letra.

Tratamiento

En la mayoría de las revisiones rutinarias de su hijo, le tomarán la presión. Es así como suele detectarse la hipertensión. La mayoría de las veces, este problema no provoca ningún síntoma apreciable, pero cualquiera de los siguientes síntomas puede asociarse a hipertensión:

  • Dolor de cabeza.
  • Sensación de mareo.
  • Falta de aliento.
  • Anomalías en la vista.
  • Fatiga.

Si el pediatra constata que su hijo es hipertenso, solicitará que le hagan una serie de pruebas para ver si tiene algún problema médico subyacente, entre las que se incluirá un análisis de sangre y otro de orina. A veces, también le harán radiografías especiales para estudiar cómo llega la sangre a los ríñones. Si, como ocurre en la mayoría de los casos, no es posible detectar ninguna causa médica de la hipertensión, el pediatra emitirá un diagnóstico de hipertensión esencial. (En términos médicos, la palabra esencial significa que no se ha podido identificar la causa del trastorno).

¿Qué indicaciones le dará el médico? El primer paso para bajar la tensión es limitar la cantidad de sal que se ingiere. No usar el salero en la mesa y eliminar las comidas saladas suele bastar para tratar una hipertensión leve, y ayuda a controlar hipertensiones más graves. También deberá tener cuidado a la hora de comprar alimentos enlatados y precocinados, puesto que la mayoría de estos alimentos contienen mucha sal. Lea atentamente las etiquetas para asegurarse de que los alimentos que compra tienen muy poca sal añadida o nada en absoluto.

Es posible que el pediatra también sugiera que su hijo haga más ejercicio.

La actividad física regula la presión sanguínea y, por lo tanto, permite reducir la hipertensión. En las personas obesas, perder peso también puede ayudar a bajar la tensión, además de tener otros beneficios.

Si el pediatra comprueba que su hijo tiene la tensión alta, la querrá volver a evaluar cada seis meses para asegurarse de que no va en aumento. Si le sigue subiendo la tensión, es posible que, aparte del cambio de dieta y el ejercicio, le mande medicación. Hay muchos tipos distintos de fármacos para tratar la hipertensión, que actúan en distintas partes del cuerpo. Al principio, es posible que el pediatra le recete un diurético, un fármaco que aumenta la producción de orina y, por lo tanto, la eliminación de sal (sodio), antes de probar medicamentos más fuertes. Si con esta medicación no consigue bajarle la tensión, probablemente le recetará un "antihipertensivo". Inicialmente el pediatra recetará al niño sólo un medicamento, pero, si sigue sin poder controlarle la tensión, añadirá otros fármacos.

En cuanto la tensión de su hijo pueda ser controlada con la dieta y/o la medicación, es posible que tenga la tentación de dejarle tomar más sal o de suspenderle la medicina porque el problema parece estar resuelto. Si actúa de este modo, la hipertensión volverá; por lo tanto, insistimos en que siga al pie de la letra las instrucciones que le dé el pediatra.

Prevención

Es muy importante detectar la hipertensión lo antes posible. Por este motivo, a su hijo le deben tomar la presión por lo menos una vez al año.

Los niños con sobrepeso son más propensos a la hipertensión (y a otros problemas de salud). Por este motivo, controle la cantidad de calorías que consume su hijo y anímelo a hacer mucho ejercicio.

También es recomendable no usar mucha sal en la dieta de su hijo incluso si no es hipertenso. No existen pruebas concluyentes de que el consumo de sal provoque hipertensión, pero de lo que no cabe duda es de que su hijo no necesita más sal de la que de por sí tienen los alimentos. Además, si se habitúa a comer salado, le costará mucho más prescindir de la sal si en el futuro desarrolla hipertensión.

Alimentos de elevado contenido en sodio (sal)

(Más de 400 miligramos/ración)

Condimentos—Caldos, ablandadores de carne salados, especias saladas (como la sal sazonada, la sal de ajo y la sal de cebolla), salsa de soya.

Tentenpiés (Snacks)—Galletas saladas, "pretzels", papas fritas y palomitas de maíz ("popcorn").

Alimentos preparados—La mayoría de los platos precocinados congelados y las sopas enlatadas y deshidratadas.

Alimentos de origen vegetal—Cualquier alimento de origen vegetal en salmuera, aliño o adobo, como las aceitunas, pepinillos ("pickles"), col envasada ("sauerkraut"), y jugos de vegetales, como el de tomate.

Quesos—Alimentos elaborados con queso, algunos tipos de queso, como el americano, el "blue cheese", el requesón ("cottage") y el parmesano.

Carnes—Cualquier carne ahumada, curada o adobada, como la cecina de vaca ("corned beef"), la tocineta ("bacon"), la carne y el pescado desecados, el jamón, las carnes frías, y las salchichas.

Alimentos de bajo y moderado contenido en sodio (sal)

(Menos de 400 miligramos/ración)

Condimentos—Especias sin sal añadida, como el ajo o la cebolla en polvo y las especias "naturales", como el orégano, el tomillo, el eneldo, la canela, etc. Salsas como la mayonesa, la mostaza, la salsa de pimienta picante y el catsup.

Verduras—Cualquier verdura fresca, congelada o enlatada, sobre todo las que no tienen sal añadida.

Frutas y jugos—Jugos de frutas, y todas las frutas frescas, enlatadas, congeladas y deshidratadas.

Productos elaborados con cereales y harinas—Pasta, pan, arroz, cereales hervidos, la mayoría de los cereales para el desayuno, los pasteles bizcochos y galletas.

Lácteos—Leche, yogur, natillas, púdings, helados.

Carnes y otros alimentos ricos en proteínas—Carne fresca, pescado, huevos, nueces sin sal, judías secas y guisantes.

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