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Niño electrocutado

Cuando el cuerpo humano entra en contacto directo con una fuente de electricidad, la corriente pasa a través de él, provocando lo que conocemos como electrocución. Dependiendo del voltaje de la corriente y la duración del contacto, la descarga puede provocar desde un leve malestar hasta lesiones graves e, incluso, la muerte.

Los niños pequeños, sobre todo durante la primera infancia, se electrocutan al morder cables eléctricos o introducir objetos metálicos, como tenedores o cuchillos, en enchufes o aparatos eléctricos que no están protegidos. Estas lesiones también pueden ocurrir al usar incorrectamente juguetes, utensilios o aparatos eléctricos, o cuando una corriente eléctrica entra en contacto con el agua en que está parado o sentado un niño. Los relámpagos son responsables de aproximadamente una quinta parte de los casos de electrocución. Los árboles de navidad y las luces que se les ponen también representan un riesgo.

Cómo actuar

Si su hijo o hija se electrocuta con algún aparato eléctrico, lo primero que debe hacer siempre es desconectar el aparato. En muchos casos, bastará con desenchufarlo o apretar el botón correspondiente. Si esto resulta imposible, puede cortar el cable de la corriente eléctrica, pero no lo haga con sus propias manos, puesto que usted también podría electrocutarse. En su lugar, utilice un hacha con mango de madera o tijeras especiales para cortar cables que tengan un buen aislamiento. A veces bastará con alejar el cable eléctrico del niño, utilizando un palo seco, una revista o periódico enrollado, una cuerda, un abrigo o cualquier otro objeto grueso y seco que no sea conductor, como, por ejemplo, un trozo de madera.

Si no puede alejar el cable del niño, intente apartar al niño del cable. De nuevo, no toque al niño directamente con las manos mientras permanezca pegado a la corriente eléctrica, ya que su cuerpo actuaría como conductor, trasmitiéndole la electricidad. En su lugar utilice algún material que no sea conductor, como la goma, o cualquiera de los arriba descritos. (Alerta: Ninguno de estos métodos es completamente seguro a menos que desconecte la electricidad).

En cuanto haya cortado la corriente eléctrica (o haya conseguido separar al niño), examine su respiración, pulso, color de la piel, y capacidad de respuesta. Si ha dejado de respirar o respira de forma muy rápida e irregular, utilice inmediatamente las técnicas de resucitación cardiopulmonar y pida a alguien que solicite atención médica de emergencia. Así mismo, evite mover innecesariamente al niño, puesto que con una electrocución seria, es posible sufrir fracturas de la espina dorsal.

Si el niño está consciente y la electrocución ha sido leve, observe si tiene alguna quemadura, sobre todo si el lugar que entró en contacto con la corriente fue la boca. A continuación, llame al pediatra. Las electrocuciones pueden provocar lesiones internas que a veces son difíciles de detectar sin realizar un examen médico. Por este motivo, todos los niños que pasen por este tipo de experiencia deben ir al médico.

En la oficina del pediatra, se curarán y vendarán las quemaduras sufridas. El pediatra podría solicitar una serie de pruebas para comprobar si hay algún órgano interno afectado. Si el niño tiene quemaduras graves o signos de lesión cerebral y/o cardíaca, deberá ser hospitalizado.

Prevención

La mejor forma de evitar lesiones relacionadas con la electricidad es cubrir todos los enchufes, asegurarse de que todos los cables están en buen estado y bien aislados y procurar que siempre haya un adulto supervisando al niño si se encuentra en un área expuesta a riesgos eléctricos. Los aparatos eléctricos pequeños ubicados cerca de una bañera o piscina resultan especialmente peligrosos.

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