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Niño con retraso mental

El término retraso mental se utiliza cuando la inteligencia de un niño y su capacidad de adaptación son significativamente inferiores al promedio y esto afecta a su modo de aprender y desarrollar nuevas habilidades. Cuanto más profundo sea el retraso, más inmaduro resultará el comportamiento del niño para la edad que tiene.

A partir de los dos años, la inteligencia se mide en términos de cociente intelectual (CI). Para determinar el CI de un niño, se le plantean una serie de tareas que permiten evaluar su capacidad de resolución de problemas y otras capacidades más específicas. El CI promedio es de 100, que es la cifra que se obtiene cuando la puntuación del niño coincide exactamente con la puntuación promedio de su grupo de edad.

En algunos casos, las pruebas estándar de CI no son precisas ni fiables, porque las diferencias culturales, los problemas lingüísticos y/o las limitaciones físicas de un niño pueden influir tanto sobre su comprensión de las cuestiones formuladas como sobre su forma de contestarlas. En estos casos, se deben utilizar pruebas especiales para evaluar la capacidad de razonamiento y resolución de problemas del niño que no reflejen estas limitaciones.

Signos y síntomas

Generalmente, cuanto más profundo es el retraso mental, más pronto se detecta. Sin embargo, a pesar de que se detecten síntomas en un niño pequeño, es difícil predecir cuál será su grado de retraso mental cuando crezca. Los niños que nacen con el Síndrome de Down, pueden variar enormemente en el grado de retraso mental, de leve a profundo.

Cuando un niño presenta un desarrollo motor lento (por ejemplo, empieza a aguantar la cabeza a los cuatro meses o a sentarse a los diez), es posible que este retraso se asocie a un retraso mental. De todos modos, éste no siempre es el caso, ni el hecho de presentar un desarrollo motor normal es garantía de que un niño tenga una inteligencia normal. Algunos niños con retraso mental leve o moderado parecen tener un desarrollo fisico completamente normal durante los primeros años. En estos casos, el primer síntoma de retraso mental suele ser un retraso en la adquisición del lenguaje o en el aprendizaje por imitación de habilidades motoras sencillas como decir adiós con la mano o hacer palmitas.

En muchos casos de retraso mental leve, el niño parece desarrollarse con total normalidad, exceptuando por el lenguaje. Más tarde, cuando alcanza la edad escolar o preescolar, empieza a tener problemas de rendimiento académico. Por ejemplo, puede tener dificultades a la hora de hacer rompecabezas, reconocer colores o contar, mientras el resto de sus compañeros dominan estas tareas. De todos modos, no debe olvidar que cada niño se desarrolla a su propio ritmo y que un niño que tenga problemas académicos no necesariamente tiene un retraso mental. Los retrasos evolutivos también pueden deberse a deficiencias auditivas, problemas de visión, trastornos del aprendizaje o problemas emocionales.

Cuándo acudir al pediatra

Si le preocupa que su hijo pueda tener un retraso en el desarrollo, hable con el pediatra. Él evaluará el nivel de desarrollo del niño y le indicará si se ajusta o no al patrón normal de su edad. Si el pediatra comparte su preocupación o tiene alguna duda al respecto, lo más probable es que refiera su caso a un especialista en desarrollo, un neuropediatra o un equipo multidisciplinar de profesionales para que lo evalúen más a fondo. Si se trata de un niño mayor, podrá ser útil una evaluación por parte de un psicólogo. También es posible que el pediatra recomiende esperar un poco para ver si el ritmo de desarrollo de su hijo mejora o se acelera. Esto puede ocurrir si su hijo ha tenido una enfermedad grave o si su retraso evolutivo es leve. Si la evaluación del pediatra no disipa su preocupación, pídale que le recomiende a un especialista en desarrollo.

Si lleva a su hijo a un pediatra del desarrollo o a un neuropediatra, éste le ordenará una serie de pruebas para determinar la naturaleza y la causa del retraso. Aparte de identificar lo que va mal, estas pruebas le ayudarán a descubrir algunos de las fortalezas de su hijo, tanto físicas como en intelectuales. Después de las pruebas pertinentes, le deben dar una explicación detallada de qué es lo que le ocurre a su hijo, su causa o causas posibles (si se conocen), qué se puede hacer para ayudar al niño y qué es lo que puede esperar en el futuro. Debe tener en cuenta que, sobre todo si el retraso mental se asocia a alguna discapacidad física, como la parálisis cerebral, puede ser muy difícil hacer predicciones precisas sobre el nivel de funcionamiento general que tendrá en el futuro un niño pequeño que presente un retraso evolutivo.

Tratamiento

El tratamiento principal de un niño con retraso mental es la educación y adiestramiento. Los individuos con retraso mental leve en su mayoría son capaces de hacer hasta cuarto o quinto de primaria y pueden aprender a leer y escribir, a ser relativamente independientes en las actividades cotidianas, a viajar solos y a tener un trabajo. Los adultos con retraso mental moderado pueden aprender a leer y escribir a un nivel de primero o segundo de primaria y a realizar las actividades básicas de la vida cotidiana, pero necesitan ayuda para transportarse y supervisión para trabajar. Aunque las personas con retraso mental profundo o severo no aprenden a leer ni escribir salvo en contadas excepciones y suelen requerir una supervisión constante, se les puede enseñar a comer, a vestirse y a usar el baño con ayuda. También se les puede enseñar a realizar tareas muy sencillas en centros de formación ocupacional.

Una de las preguntas que más suelen hacer los padres es: "¿Podrá mi hijo valerse por sí mismo cuando sea mayor?" La respuesta a esta pregunta varía en función del grado de retraso mental y de si el niño tiene o no otros problemas asociados.

Hoy en día, muchos adultos con retraso mental viven en casas, bien con su familia, o bien en pequeños grupos supervisados. La cantidad de casas compartidas por adultos con retraso mental ha aumentado notablemente durante los últimos años, y en los EE.UU. constituyen una presencia cada vez más aceptada. Los adultos discapacitados que residen en estas caséis asisten a cursos o talleres durante el día, realizan actividades de ocio supervisadas en los fines de semana, y van a ver a sus familias durante las vacaciones.

Prevención

Hay muy pocas causas de retraso mental que, si se tratan a tiempo, permiten evitar una discapacidad significativa. Entre las más comunes, cabe señalar los trastornos de origen metabólico, como la fenilcetonuria (PKU) y el hipotiroidismo. Si se detectan en las pruebas de cernimiento que se realizan antes de dar el bebé el alta, y se tratan adecuadamente, se puede evitar el retraso mental. Otro trastorno que, si no se detecta o se trata a tiempo, puede provocar retraso mental es la hidrocefalia (exceso de líquido en el interior del cráneo que provoca una presión intracraneal excesiva. Suele tratarse drenando el líquido hacia otra parte del cuerpo para reducir la presión intracraneal y, de este modo, evitar posibles lesiones cerebrales.

Conviene evaluar la posibilidad de que el retraso mental de un niño tenga una base hereditaria, puesto que ayuda a determinar las necesidades que tendrá el niño en el futuro, y permitirá que la familia se beneficie del consejo genético en embarazos posteriores.

En muchos casos de retraso mental no hay una causa identificable y en la inmensa mayoría de los casos se podría haber hecho poco o nada para evitarlo. Por muchas promesas que le hagan, no hay ninguna forma de "curar" el retraso mental y puede perder mucha energía emocional y mucho dinero intentando dar con una. Es mucho mejor que usted invierta sus energías en aprender a aceptar y a vivir con la discapacidad que tiene su hijo, ayudándole a desarrollar al máximo sus potencialidades. Póngase en contacto con las asociaciones locales de padres de niños con retraso mental o las asociaciones de personas con discapacidades físicas para informarse sobre los programas y actividades de que se podría beneficiar tanto su hijo como su familia. Aunque el apoyo y la asistencia profesional pueden serle de gran ayuda, a largo plazo, usted será siempre el principal defensor de su hijo.

Intente no sobreproteger a su hijo, pues le haría más mal que bien. Como cualquier niño, su hijo necesita que le planteen retos para poder desarrollar al máximo todas sus potencalidades. Si usted lo protege demasiado, no le dejará ensayar cosas nuevas y limitará sus posibilidades de

adquirir y practicar nuevas habilidades. Ayúdele a sacar el máximo partido de sus fortalezas. Fíjele unos objetivos realistas y anímelo a alcanzarlos. Ofrézcale su ayuda cuando la necesite, pero deje que haga él solo todo lo que esté en sus manos. Tanto él como usted se sentirán orgullosos cuando comprueben que es capaz de cumplir sus objetivos por si solo.

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