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Niño con paperas

Las paperas son una infección viral que provoca una inflamación de las glándulas salivales, encargadas de producir los jugos digestivos de la boca. Gracias al desarrollo de la vacuna contra paperas, sarampión y rubéola (MMR), que se administra entre los doce y los quince meses de edad, con una dosis de refuerzo a los cuatro años o poco después, la mayoría de los niños de hoy nunca sufrirán esta enfermedad. En el caso de que no le haya puesto la vacuna a su hijo, debe saber identificar los síntomas de las paperas y distinguirla de otras dolencias similares.

La glándula parótida, ubicada delante de la oreja y sobre el ángulo de la mandíbula, es la más afectada por las paperas. Sin embargo, también pueden verse afectadas otras glándulas salivales situadas en la cara y a su alrededor. Aunque las paperas no siempre hacen que se hinche la cara, una vez que el niño se vea infectado por el virus, quedará inmune al mismo. Contrariamente a lo que cree mucha gente, no se puede tener paperas más de una vez.

El virus de las paperas se suele contagiar cuando una persona infectada salpica gotitas de saliva al toser. Si un niño inhala las partículas expulsadas, el virus pasará del sistema respiratorio al torrente sanguíneo y se instalará en sus glándulas salivales.

En este punto, el virus suele provocar la inflamación de las glándulas a los lados de una o ambas mejillas. Es posible que el niño también tenga fiebre de tres a cinco días y se quejará cuando le toquen el área inflamada, al abrir la boca y al comer, sobre todo si se trata de alimentos que estimulan mucho la producción de saliva. También puede tener náuseas, vómitos ocasionales, dolor de cabeza, debilidad general y falta de apetito.

Aparte de la inflamación de las glándulas salivales, también puede haber inflamación y dolor de las articulaciones y, en los niños de sexo masculino, la inflamación puede afectar a los testículos. En casos extremadamente raros, el virus puede provocar inflamación de los ovarios en las niñas e inflamación del cerebro.

Varios días antes de que la inflamación de las glándulas resulte evidente, el niño podrá contagiar la enfermedad a otras personas. Seguirá siendo contagioso hasta que la inflamación remita por completo, esto es, durante por lo menos diez días desde la aparición del primer síntoma de inflamación.

Es importante saber que la inflamación de las glándulas salivales puede estar provocada por otras infecciones aparte de las paperas. Esto permite explicar por qué muchos padres creen que sus hijos han tenido esta enfermedad varias veces. Si su hijo está vacunado contra las paperas o ya las turo y se le inflaman las mejillas, consulte al pediatra para determinar la causa.

Tratamiento

No hay un tratamiento específico para las paperas, aparte de intentar que el niño esté lo menos molesto posible, procurándole descanso, muchos líquidos y acetaminofén para bajarle la fiebre. Aunque es probable que un niño con paperas no quiera tomar nada, es conveniente tener cerca un vaso de agua o de un jugo de frutas que no sea cítrico e instarlo a que tome sorbos frecuentemente. A veces, las compresas calientes sobre la zona inflamada puede mitigar temporalmente el dolor.

Los alimentos sólidos y difíciles de digerir pueden intensificar el dolor, ya que estimulan la producción de saliva. En cambio, déle a su hijo alimentos blandos, que no sean cítricos, y que sean fáciles de masticar y tragar, para exigir el mínimo esfuerzo a las glándulas salivales.

Si el estado de su hijo empeora o tiene alguna complicación, como dolor de testículos, fuerte dolor de estómago o apatía extrema, póngase en contacto con el pediatra lo antes posible. Probablemente querrá examinar al niño para ver si necesita un tratamiento médico especial. No obstante, es extremadamente raro que las paperas se asocien este tipo de complicaciones.

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