Bebe y niños

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Niño con fiebre

La temperatura corporal normal de su hijo variará con la edad, la actividad y la hora del día. Los lactantes suelen tener una temperatura corporal más elevada que los niños mayores, y todo el mundo tiene la temperatura corporal más alta durante las últimas horas de la tarde y más baja entre las doce de la noche y las primeras horas de la mañana. Generalmente, una temperatura rectal de 100° Farenheit (37.8° centígrados) o inferior, o una temperatura oral de 99° Farenheit (37.2° centígrados) o menos, se consideran normales, mientras que lecturas superiores se consideran fiebre.

La fiebre por si sola no puede considerarse una enfermedad. De hecho, suele ser una señal de que el cuerpo está luchando contra la infección. La fiebre estimula las defensas del cuerpo, como los glóbulos blancos, que atacan y destruyen a bacterias invasoras. Aún así, la fiebre puede hacer que su hijo se sienta mal, aumente su necesidad de ingerir líquidos y le acelere el pulso y la respiración.

Las enfermedades de las vías respiratorias, como crup, neumonía, infecciones de oído, gripe, resfriados fuertes y faringitis suelen cursar con fiebre. También puede haber fiebre en las infecciones del aparato digestivo o urinario y en diversas enfermedades de origen viral.

En niños entre seis meses y cinco años de edad la fiebre puede desencadenar convulsiones febriles, que suelen aparecer durante las primeras horas de la enfermedad. El niño puede tener un aspecto raro por un rato, después se pone rígido, empieza a retorcerse y vira los ojos hacia arriba. Permanecerá sin reaccionar durante un período de tiempo breve y es posible que se le ponga la piel un poco más oscura de lo normal. Estos episodios no suelen durar más de tres a cuatro minutos y es posible que pasen en cuestión de segundos, pero, a un padre asustado, le pueden parecer eternos. Tranquiliza saber que las convulsiones febriles casi siempre son inofensivas, aunque conviene informar al pediatra al respecto lo antes posible.

Un problema raro pero serio que se confunde fácilmente con la fiebre son las enfermedades relacionadas con la exposición al calor o termoplejía. No se debe a ninguna infección o trastorno de origen interno, sino al calor circundante. Puede ocurrir cuando un niño está en un lugar muy caluroso, por ejemplo, una playa un día de sol en pleno verano o dentro de un auto cerrado y aparcado al sol. Dejar a un niño encerrado dentro de un auto provoca varias muertes al ciño; no deje nunca a un niño solo dentro de un auto cerrado, ni siquiera por unos pocos minutos. La termoplejía también puede ocurrir si se abriga demasiado a un bebé en un clima cálido y húmedo. En estas circunstancias, la temperatura corporal le puede subir hasta niveles peligrosos (sobre 105° Farenheit [más de 40.5° centígrados]), por lo que se le debe bajar con baños templados, ventilación o colocando al niño en un lugar fresco. Después de bajarle la temperatura, se debe llevar al niño al pediatra o a un servicio de emergencia para que lo examinen. La termoplejía es una afección que necesita tratamiento de emergencia.

Siempre que crea que su hijo tiene fiebre, póngale el termómetro. Limitarse a poner la mano en la frente (o utilizar tiras cutáneas para medir la fiebre) no son métodos precisos, sobre todo si el niño tiene escalofríos. Si su hijo es menor de tres años, tómele la temperatura con un termómetro rectal de mercurio. Si el niño es mayor, probablemente cooperará lo suficiente como para que pueda tomarle la temperatura oral, pero asegúrese de que el termómetro permanece en su sitio por lo menos durante dos minutos.

Cuándo acudir al pediatra

Si su hijo tiene dos meses o menos y tiene una temperatura rectal de 100.2° Farenheit (37.9° centígrados) o más, llame al pediatra de inmediato. Es indispensable hacerlo. El médico tendrá que evaluar al bebé para poder descartar la posibilidad de que tenga una infección o enfermedad grave.

También deberá informar al pediatra si su hijo tiene entre tres y seis meses de edad y una temperatura de 101° Farenheit (38.3° centígrados) o más, o si tiene más de seis meses y una temperatura de 103° Farenheit (39.4° centígrados) o más. Una temperatura tan elevada puede indicar una infección o deshidratación, que podría requerir tratamiento médico. Sin embargo, en la mayoría de los casos, la decisión de llamar al pediatra dependerá también de otros síntomas asociados, como dolor de garganta, dolor de oído o tos. Si su hijo tiene más de un año, come y duerme bien y tiene ganas de jugar, tal vez no es preciso que llame al médico inmediatamente. Puede esperar a ver si le baja la fiebre, por si sola o bien utilizando alguno de los métodos descritos más adelante. Si su hijo continúa con fiebre durante más de veinticuatro horas, lo mejor es llamar al médico, incluso si no hay ninguna otra queja o síntoma.

Si, al subirle la fiebre, su hijo empieza a comportarse como si delirara (parece asustado, tiene alucinaciones, habla de forma extraña), llame al pediatra, sobre todo si es la primera vez que le ocurre algo así. Este comportamiento inusitado probablemente remitirá en cuanto le baje la fiebre, pero es posible que el pediatra quiera ver al niño para asegurarse de que estos síntomas se deben a la fiebre en lugar de a algo más grave, como una inflamación cerebral (encefalitis).

Si su hijo tiene convulsiones febriles, debe ser visto por el pediatra lo antes posible, sobre todo si es la primera vez que esto le ocurre, o si el episodio es más grave o dura más de lo habitual. Es preciso determinar si las convulsiones se deben a la fiebre y no a otro trastorno más grave, como la meningitis.

Tratamiento en casa

Si un niño tiene fiebre menor de 101° Farenheit (38.3° centígrados), generalmente no necesita ningún tratamiento, a menos que el niño se sienta mal o tenga historial de convulsiones febriles. Incluso la fiebre alta no es peligrosa si el niño no tiene historial de convulsiones o alguna enfermedad crónica. Es más importante observar su comportamiento. Si duerme y come bien y si tiene ganas de jugar probablemente no necesitará ningún tratamiento. Pero si se siente mal debido a la fiebre, puede tratársela de las siguientes formas.

Medicación

Hay varios medicamentos que bajan la fiebre, al bloquear el mecanismo que la provoca. Entre estos fármacos, denominados antipiréticos, se incluye acetaminofén, ibuprofen y aspirina. Los tres son igual de eficaces para bajar la fiebre. Sin embargo, puesto que la aspirina puede provocar o estar asociada a efectos secundarios adversos como molestias estomacales, hemorragias intestinales o (más importante aún) el Síndrome de Reye, no recomendamos su uso para tratar la fiebre. El ibuprofen puede utilizarse en niños de seis meses en adelante; aún así, nunca se le debe dar a un niño que esté deshidratado y/o que haya tenido vómitos recurrentes.

Idealmente, la dosis de acetaminofén debe depender del peso del niño, no de su edad. La dosis de ibuprofen debe depender tanto de la temperatura corporal base como del peso del niño, no de la edad que tenga. Sin embargo, las dosis especificadas en los envases de acetaminofén (que suelen calcularse en función de la edad) son en principio seguras y eficaces, a menos que el niño sea muy pesado o muy delgado para su edad.

No olvide leer y seguir las instrucciones de uso antes de administrarle a su hijo cualquier medicamento.

Para asegurarse de que su hijo toma la dosis adecuada, es importante seguir las instrucciones de la etiqueta al pie de la letra. El acetaminofén puede estar contenido en varios medicamentos que se venden sin receta médica, como las medicinas para el resfriado. Lea atentamente las etiquetas de todos los medicamentos para asegurarse de que su hijo no está tomando varias dosis del mismo medicamento. Por norma general, no medique nunca a un niño de menos de dos años con acetaminofén u otro medicamento sin el visto bueno del pediatra.

Baños templados

En la mayoría de los casos, darle a un niño acetaminofén o ibuprofen por vía oral es la mejor forma de bajarle la fiebre. Aún así, en algunos casos es posible que usted quiera combinar este tratamiento con baños de esponja, o bien limitarse a usar este último tratamiento.

Es preferible dar baños de esponja templados que administrar acetaminofén si:

  • Su hijo es alérgico o no tolera los fármacos antipiréticos (algo muy raro).

Es recomendable combinar los baños de esponja con el acetaminofén o el ibuprofen si:

  • La fiebre está incomodando mucho al niño.
  • La fiebre supera los 104° Farenheit (40° centígrados).
  • Tiene historial de convulsiones febriles o bien hay antecedentes familiares de este tipo de episodios.
  • Está vomitando y probablemente no retendrá el medicamento.

La forma de proceder es la siguiente: coloque a su hijo en el lugar donde suele bañarlo (bañera o bañerita), pero ponga sólo entre 1 y 2 pulgadas de agua a una temperatura fresca que oscile de 85° a 90° Farenheit, o de 29.4° a 32.3° centígrados. Si usted no tiene un termómetro de baño, compruebe la temperatura del agua con la cara interna de la muñeca: debe estar ligeramente tibia. No utilice agua fría, pues incomodará al niño y podría provocarle escalofríos, lo que, a su vez, podría hacer que suba más la fiebre. Siente al niño en la bañerita pues así estará más cómodo que estirado. Entonces, con una toallita o esponja limpia, vaya vertiéndole chorritos de agua sobre el tronco, los brazos y las piernas. El agua se evaporará y enfriará el cuerpo del niño. Mantenga la habitación a 75° Farenheit ó 23.9° centígrados, y siga mojando a su hijo con agua hasta que le baje la fiebre a un nivel aceptable. Nunca le eche alcohol al agua. Éste puede ser inhalado o absorbido a través de la piel, lo que puede provocar graves trastornos, como el coma.

Normalmente los baños tibios bajan la fiebre pasados treinta a cuarenta y cinco minutos. Si su hijo se resiste a que le vierta agua limítese a dejarlo jugar en el agua sentado en la bañera. Si el estar ahí lo pone peor, será mejor que lo saque del agua aunque la fiebre no le haya bajado. Recuerde que la fiebre como tal, si no es muy alta (menos de 102° Farenheit ó 38.9° centígrados) no es perjudicial.

Otras recomendaciones para tratar la fiebre baja

  • Mantenga la habitación del niño a una temperatura agradable y vístalo con ropa fresca.
  • Hágale beber mucho líquido (agua, jugos de frutas diluidos).
  • Evite darle alimentos muy grasosos o difíciles de digerir, ya que la fiebre reduce la actividad del estómago y los alimentos se digieren más despacio. No hay ningún motivo para que deje de darle la cantidad de leche que bebe habitualmente.
  • Si hace calor en la habitación del niño o se siente el aire cargado, ponga en marcha un ventilador para que circule el aire.
  • Su hijo no tiene que permanecer en su habitación o en la cama por el hecho de tener fiebre. Puede estar levantado y pasearse por la casa, pero no es recomendable que corra ni que haga esfuerzos excesivos.
  • Si la fiebre es síntoma de una enfermedad muy contagiosa (como la varicela), mantenga a su hijo alejado de otros niños pequeños y de personas de edad avanzada.

Cómo tratar las convulsiones febriles

Si su hijo tiene un episodio de convulsiones febriles, actúe inmediatamente para evitar posibles lesiones:

  • Colóquelo en el suelo o en la cama, lejos de cualquier objeto cortante, puntiagudo o duro.
  • Gírele la cabeza hacia un lado para que la saliva o los vómitos le puedan salir por la boca.
  • No le meta nada en la boca; la lengua no le bloqueará las vías respiratorias.
  • Si el episodio es muy grave (dificultad para respirar, atragantamiento, piel morada, una convulsión detrás de otra) o dura más de dos o tres minutos, llame al servicio de emergencias.

¿Cuál es el mejor termómetro?

MERCURIO

Instrucciones de uso: Agite el termómetro hasta que marque menos de 96° Farenheit (35° centígrados). A continuación, limpie el bulbo con alcohol o con agua y jabón y enjuagúelo con agua templada.

Rectal (para niños de menos de tres años): Ponga un poco de lubricante, por ejemplo, vaselina, en el extremo del bulbo. Coloque al bebé sobre una superficie plana y estable, estirado boca abajo o de lado con las rodillas flexionadas, e introduzca con suavidad aproximadamente una pulgada del termómetro por la abertura anal. Mantenga el termómetro en esta posición de dos a tres minutos.

Oral (para niños de cinco años en adelante): Coloque suavemente la punta del termómetro debajo de la lengua del niño y mantenga el termómetro en esta posición de dos a tres minutos.

Si su hijo se acaba de tomar una bebida fría o caliente, espere por lo menos quince minutos antes de ponerle el termómetro a fin de obtener una lectura más precisa.

Axilar (para niños de tres meses en adelante): Coloque el bulbo del termómetro oral o rectal en la axila del niño y apriétele el brazo contra el pecho. Espere de cuatro a cinco minutos antes de retirárselo.

Ventajas:

  • Económico.
  • Muy preciso.

Inconvenientes:

  • Se rompe con facilidad.
  • Las cifras son pequeñas y de difícil lectura.
  • Los niños inquietos no pueden estar sin moverse el tiempo necesario para que el termómetro registre.

DIGITAL

Instrucciones de uso: Limpie el termómetro con alcohol o con agua y jabón y enjuagúelo con agua templada. Enciéndalo y coloque el sensor debajo de la lengua del niño, hacia la parte posterior de la cavidad bucal. Mantenga el termómetro en esta posición durante un minuto aproximadamente (hasta que oiga el bip electrónico). El termómetro digital también se puede colocar en el recto habiéndolo lubricado, o bien en la axila.

Ventajas:

  • De fácil lectura.
  • Indica que ya ha marcado la temperatura con un bip.

Inconvenientes:

  • Funciona con pilas.
  • Los niños muy inquietos no pueden estar sin moverse están el tiempo necesario para que el termómetro registre.

TIMPÁNICO

Instrucciones de uso: Introduzca suavemente el extremo del termómetro en el canal auditivo. Enciéndalo y obtendrá la lectura en pocos segundos.

Ventajas:

  • Muy rápido.
  • Fácil de usar con niños inquietos o que estén incómodos.

Inconvenientes:

  • Para obtener una lectura precisa se debe colocar correctamente en el canal auditivo.
  • Funciona con pilas.
  • Costo más elevado.

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