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Niño con estreñimiento

Como ocurre en los adultos, no todos los niños evacúan igual. Por ello, a veces resulta difícil saber si un niño está estreñido. Un niño puede pasar dos o tres días sin evacuar y no estar estreñido, mientras que otro puede evacuar con relativa frecuencia y tener dificultad al evacuar. Por lo general, debe sospechar que su hijo está estreñido cuando detecte los siguientes síntomas:

  • En un recién nacido: evacuaciones firmes menos de una vez al día.
  • En un niño mayor: heces duras y compactas, pasando entre tres y cuatro días sin evacuar.
  • A cualquier edad, heces duras y secas asociadas a dolor al evacuar.
  • Dolor abdominal que desaparece o se mitiga después de una deposición abundante.
  • Sangre en las heces y/o en el ano.
  • Ensuciarse de excrementos entre deposiciones.

El estreñimiento suele ocurrir cuando los músculos al final del intestino grueso se estrechan, evitando que las heces pasen con normalidad. Cuanto más tiempo permanecen allí las heces, más duras y más secas se vuelven, siendo cada vez más difícil que pasen sin provocar dolor. Puesto que las deposiciones resultan dolorosas, es de esperar que el niño aguante las ganas de evacuar, posponiendo conscientemente el momento de hacerlo, lo que agrava aún más el problema.

La tendencia al estreñimiento se ve en familias. Puede empezar en la infancia y mantenerse como una tendencia durante el resto de la vida, empeorando si no se establecen buenos hábitos de evacuación o si el niño tiende a aguantar las ganas de evacuar para evitar el dolor asociado. La tendencia a retener heces se suele desarrollar entre los dos y los cinco años, durante la fase en que el niño empieza a ser independiente, a controlar los esfínteres y a usar el inodoro. Los niños mayores pueden tener reparos para evacuar fuera de casa en un baño que no le resulta familiar. Esto también puede provocar estreñimiento o acentuarlo.

Si su hijo tiende a retener heces puede acabar haciendo deposiciones tan abundantes que su recto se acabe dilatando demasiado. Es posible que al final no sienta la necesidad de defecar hasta que las heces sean demasiado voluminosas para salir sin la ayuda de un enema, un laxante u otro tratamiento. En algunos casos, se produce pérdida de líquido por el ano alrededor de la deposición. Estas pérdidas, parecen diarrea cuando ensucian la ropa interior. Esto indica que el recto deber ser vaciado por un médico y que el niño debe ser readiestrado para adquirir unos buenos hábitos de eliminación.

Tratamiento

Los episodios leves u ocasionales de estreñimiento pueden resolverse siguiendo estas indicaciones:

Si su hijo tiene entre seis y doce meses y ha empezado a tomar leche de vaca hace poco, vuelva a la fórmula original. Esto puede solucionar el problema, puesto que la fórmula suele ser menos astringente que la leche de vaca. Es raro que un niño que lacta esté estreñido, pero, en el caso de que ocurra, probablemente se debe a algún motivo distinto de la dieta. No substituya la leche materna por fórmula a menos que se lo diga el pediatra.

Si su hijo ya ingiere alimentos sólidos y está estreñido, es recomendable que le dé una mayor cantidad de fibra al día. Incluya ciruelas (frescas y pasas), albaricoques, uvas pasas, verduras con elevado contenido en fibra (como los guisantes, las judías, el brécol), cereal y pan integral. Aumentar el consumo diario de agua también puede ayudar.

En casos más graves, es posible que el pediatra le prescriba al niño un laxante suave o un enema. Siga las instrucciones al pie de la letra. Nunca le dé un laxante a su hijo sin el visto bueno del pediatra.

Prevención

Los padres deben familiarizarse con el patrón de eliminación de sus hijos y con el volumen y la consistencia de sus deposiciones. Así, les resultará más fácil saber cuándo están estreñidos y evaluar la gravedad del problema. Si el niño no evacúa regularmente una vez al día o cada dos días, o lo pasa mal al evacuar, probablemente usted debe ayudarle a adquirir unos buenos hábitos de eliminación. Esto se puede conseguir dándole una dieta adecuada y estableciendo una rutina de eliminación regular.

En los niños que todavía no utilizan el inodoro, la mejor forma de evitar el estreñimiento es darles una dieta de elevado contenido en fibra. La cantidad de fibra debe ir aumentando conforme el niño va creciendo.

Si el niño ya sabe usar el inodoro, se le debe enseñar a sentarse cada día un rato en el baño después del desayuno. Se le puede dar un libro, un rompecabezas o un juguete para que, al estar ocupado, se pueda relajar. Se le debe sugerir quedarse sentado hasta que evacué o hasta que hayan pasado unos quince minutos. Si tiene éxito, se le elogiará; si no, se le animará con frases positivas. La meta es que, al final, vaya al baño él solo, sin que se lo tengan que sugerir sus padres.

Si la combinación de una dieta rica en fibras y la rutina de sentarse regularmente en el baño no surte efecto, es posible que el niño esté reteniendo heces conscientemente. En estos casos, es preciso consultar al pediatra. El supervisará el uso de productos para ablandar las heces, laxantes o supositorios, de ser necesarios. En ocasiones, el estreñimiento resulta tan pertinaz que tanto el niño como la familia se ven afectados. Llega un momento en que prácticamente todas las conversaciones familiares giran en torno a las deposiciones del niño. Afortunadamente, existen programas de modificación de conducta para afrontar este tipo de situaciones.

Por lo común la retención empieza aproximadamente cuando el niño está aprendiendo a utilizar el inodoro. El niño se resiste a expulsar las heces en el orinal o en el inodoro y las retiene. Las heces se acumulan y le duele al expulsarlas. El niño asocia el hecho de evacuar con el dolor y empieza a retener las heces para evitar el dolor. La situación puede evolucionar hacia un terror obsesivo. En estos casos extremos, hay que limpiar el recto utilizando un enema o supositorios. Una vez vaciado el recto, es recomendable administrar productos para ablandar las heces, como el aceite mineral, para evitar que el niño retenga heces voluntariamente. Puesto que evacuar dejará de ser doloroso, el niño empezará a ir al baño sin miedo. Este tratamiento puede aplicarse durante meses y, cuando las deposiciones del niño se hayan normalizado, la dosis de aceite se puede ir reduciendo paulatinamente. Una dieta alta en fibra y unos hábitos de eliminación regulares deben continuar siendo parte de su rutina diaria.

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