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Niño con dolor de garganta (faringitis, amigdalitis)

Los términos dolor de garganta, faringitis y amigdalitis se suelen utilizar como si fueran sinónimos, pero no necesariamente se refieren a lo mismo. La amigdalitis es la inflamación de las amígdalas. Cuando su hijo tenga faringitis o dolor de garganta, es posible que sus amígdalas estén inflamadas, pero también es posible que la inflamación afecte a otras partes de la garganta pero no a las amígdalas.

Durante la lactancia, la primera infancia y la etapa preescolar, la causa más frecuente de los dolores de garganta son las infecciones virales. Cuando la infección ha sido provocada por un virus, no existe ningún tratamiento específico y el niño debe mejorar en un lapso de tres a cinco días. A menudo, los niños que tienen un dolor de garganta de origen viral están resfriados al mismo tiempo. Es posible que tengan fiebre baja, pero no suelen encontrarse muy mal.

Hay un virus particular (denominado Coxsackie) que actúa sobre todo durante el verano y el otoño y que suele provocar fiebre más alta, mayor dificultad para tragar y mayor malestar general. Si su hijo contrae esta infección, es posible que le salgan una o dos vesículas en la garganta, que el pediatra intentará encontrar cuando lo examine. La mononucleosis infecciosa también puede cursar con dolor de garganta, a menudo asociado a amigdalitis.

Hay faringitis que están provocadas por la bacteria Streptococcus pyogenes. En cierta medida, los síntomas de esta infección dependen de la edad que tenga el niño. Los lactantes pueden tener febrículas y mucosidad nasal más densa y sanguinolenta. Los niños de entre uno y tres años tienen también mucosidad más densa y sanguinolenta y fiebre. Además, suelen estar bastante irritables, pierden el apetito y se les inflaman los ganglios linfáticos del cuello. Los niños mayores con esta infección se ven más enfermos, es posible que les duela mucho la garganta, que tengan una fiebre de más de 102° Farenheit (38.9° centígrados), ganglios linfáticos del cuello inflamados y tengan pus en las amígdalas. Es importante saber distinguir entre una faringitis de origen viral y otra por estreptococo, puesto que última debe tratarse con antibióticos.

Diagnóstico-tratamiento

Siempre que su hijo se queje de dolor de garganta persistente (no uno que desaparezca al beberse el primer vaso de jugo por la mañana), vaya o no acompañado de fiebre, dolor de cabeza, dolor de estómago, o fatiga extrema, debe llamar al pediatra. La llamada debe hacerla con carácter urgente si, además, su hijo tiene muy mal aspecto o si le cuesta mucho respirar o tiene dificultades para tragar (lo que le hace babear). Esto podría indicar que tiene una infección más grave.

El médico examinará a su hijo y es posible que le haga un cultivo de garganta, para determinar el origen de la infección. Para ello, le pasará el extremo de un aplicador cubierto con algodón por el fondo de la garganta y las amígdalas, y luego lo pasará por un medio de cultivo idóneo para que prolifere el estreptococo, en caso de que los haya. Generalmente el cultivo se examina al cabo de veinticuatro horas para ver si han crecido bacterias.

Muchas consultas pediátricas hoy día disponen de una prueba que permite obtener resultados en pocos minutos. De todos modos, si esta prueba da negativa, es preciso confirmar el resultado haciendo un cultivo. Si el resultado del cultivo sigue siendo negativo, se suele asumir que la infección es de origen viral. En estos casos los antibióticos no sirven de nada y, por lo tanto, no se deben administrar.

Si el resultado de la prueba dá positivo, el pediatra recetará un antibiótico, sea oral o inyectable. Si a su hijo le recetan un antibiótico oral, es muy importante que complete todo el tratamiento, que suele durar unos diez días, incluso aunque los síntomas empiecen a remitir o desaparezcan por completo.

Si una faringitis por estreptococo no se trata con antibióticos o no se completa el tratamiento, la infección puede empeorar o extenderse a otras partes del cuerpo, provocando problemas más graves, como una sinusitis o una infección de oído. Si no se trata adecuadamente, esta infección puede provocar fiebre reumática, una enfermedad que afecta a las articulaciones y al corazón.

Prevención

La mayoría de las infecciones de garganta son contagiosas y se trasmiten a través del aire o de las gotitas de saliva que se expelen al hablar, por lo que tiene sentido que usted mantenga a su hijo alejado de las personas que presenten síntomas de infección. Sin embargo, la mayoría de la gente puede contagiar la infección antes de que aparezcan los primeros síntomas, por lo que, de hecho, no hay ninguna forma de evitar que su hijo contraiga la enfermedad.

En el pasado, cuando un niño tenía faringitis recurrentes, se le extirpaban las amígdalas para evitar ulteriores infecciones. En la actualidad, no obstante, esta intervención, denominada amigdalectomía, no se practica tan a menudo. Incluso en los casos más complicados, cuando el niño tiene dolores de garganta de origen bacteriano recurrentes, el tratamiento con antibióticos suele ser la mejor solución.

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