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Niño con Varicela

La varicela es una de las enfermedades más comunes de la niñez. Esta infección, altamente contagiosa, provoca una erupción en forma de vesículas, que pica y puede cubrir la mayor parte del cuerpo. Aparte de la erupción, también suele presentarse fiebre baja.

Si a su hijo le contagian el virus de la varicela, la erupción puede tardar entre diez y veintiún días en aparecer. Las pequeñas vesículas, que pueden tener un área enrojecida a su alrededor, aparecen primero en el tronco y el cuero cabelludo y después se extienden a la cara y las extremidades. Normalmente, las vesículas se secan, se convierten en costras y después se curan, pero pueden dejar pequeñas ulceraciones que, si el niño se las rasca y se infectan, pueden dejar cicatriz. La piel también se puede obscurecer un poco alrededor de algunas vesículas, pero este cambio de color desaparecerá gradualmente conforme vaya remitiendo la erupción.

Tratamiento

Es posible que recuerde, de su propia infancia, lo mucho que puede picar la varicela. Intente disuadir a su hijo de que se rasque, pues las lesiones se le podrían infectar. El acetaminofén (administrado a la dosis adecuada para la edad y el peso de su hijo) puede mitigar el malestar y bajar la fiebre. Cortarle bien las uñas de las manos y bañarlo diariamente con agua y jabón puede ayudar a evitar infecciones bacterianas secundarias. Los baños de avena, de venta en farmacias (sin receta médica), también ayudan a mitigar el picor. El aciclovir, un fármaco que sólo se adquiere con receta médica, también disminuye la gravedad de los síntomas, si se administra durante las primeras veinticuatro horas de la enfermedad. Este medicamento, aunque no es necesario para todo paciente, es especialmente útil en niños con eccema (un trastorno de la piel) o asma y en los adolescentes.

No le dé a su hijo aspirina ni cualquier otro medicamento que contenga aspirina o salicilatos cuando tenga la varicela. Estos productos aumentan el riesgo de padecer el Síndrome de Reye, una enfermedad seria que afecta al hígado y al cerebro. Si usted tiene duda sobre los fármacos que le puede dar a su hijo en estas circunstancias, pida consejo al pediatra.

Entre otras cosas, el pediatra no necesitará ver al niño a menos que tenga fiebre de más de 102° Farenheit o 38.9° centígrados, o la fiebre dure más de cuatro días. De todos modos, si el área afectada por la erupción se pone muy roja, caliente y dolorosa, debe informar al pediatra; esto podría indicar una infección bacteriana que se debe tratar con antibióticos y fármacos especiales para mitigar el picor. En el caso de que su hijo presente alguno de los síntomas del Síndrome de Reye o de encefalitis: vómitos, nerviosismo, confusión, convulsiones, falta de respuesta, aumento en somnolencia, o pérdida del equilibrio, llame inmediatamente al pediatra.

Un niño está contagioso entre uno o dos días antes de que aparezca la erupción hasta las veinticuatro horas posteriores a la aparición de la última lesión (lo que suele ser entre cinco y siete días). Aun así, sólo se pueden contagiar aquellas personas que no hayan tenido varicela anteriormente, por lo que, si los amigos de su hijo ya han pasado la varicela y él se encuentra bien, no hay problema en que juegue con ellos aun si la erupción está en pleno auge. Sin embargo, deberá mantenerlo alejado de aquellos niños que no hayan tenido la varicela o sobre los que haya alguna duda al respecto. Una vez se recupere, su hijo será inmune a la varicela durante el resto de su vida.

Prevención

Se recomienda administrar la vacuna de varicela a todo niño sano, entre doce y dieciocho meses de edad, si no ha pasado previamente la enfermedad. A los niños menores de trece años que no hayan tenido varicela y no se les haya puesto la vacuna, también se les debe administrar una dosis de la misma. Durante los primeros doce meses de vida, la única forma de proteger a su hijo de la varicela es evitar exponerlo al contagio. Evitar la exposición es especialmente importante en los recién nacidos, sobre todo si son prematuros, ya que en ellos la condición puede ser más severa. La mayoría de los bebés cuyas madres tuvieron varicela son inmunes a la enfermedad durante los primeros meses de vida. Los niños susceptibles que padezcan enfermedades que afectan al sistema inmune (como el cáncer), y/o se estén medicando con cortisona, también deben mantenerse alejados de las fuentes de contagio. En caso de que se expongan al contagio, es recomendable administrarles un medicamento especial para hacerlos inmunes a la enfermedad durante un período limitado. Es importante tener presente que, puesto que la vacuna de la varicela es una vacuna de virus vivo, los niños inmunodeprimidos no presentarán una respuesta normal a la vacuna y, por lo tanto, no son candidatos para recibirla.

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