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Niño con Sarampión

Gracias a la vacuna contra el sarampión, hoy en día esta enfermedad es relativamente infrecuente en los países desarrollados. En 1996, sólo ocurrieron trescientos casos de sarampión en los EE.UU. Aun así, la gente sigue contrayendo esta enfermedad. Si su hijo no ha tenido sarampión ni se ha vacunado contra el mismo, podría contraerlo si se viera expuesto al virus que lo provoca. Éste se contagia a través de las gotitas que expulsan las personas infectadas al hablar o al respirar. Toda persona que inhale estas gotitas y no sea inmune a la enfermedad puede contraerla.

Signos y síntomas

Durante los primeros ocho a doce días que siguen al contagio, es probable que su hijo no presente ningún síntoma; esto se conoce como el período de incubación. Luego desarrollará una enfermedad que puede parecer un resfriado común, con tos, secreciones nasales y ojos enrojecidos. La tos puede ser severa a veces y le durará aproximadamente una semana, y probablemente el niño se sentirá muy mal.

Entre el primer y el tercer día de enfermedad, los síntomas catarrales se agravarán y la fiebre puede subir hasta 103° a 105° Farenheit o 39.4° a 40.5° centígrados. La fiebre persistirá hasta dos o tres días después de que haya aparecido la erupción.

La erupción suele aparecer del segundo al cuarto día de enfermedad. Suele empezar por la cara y el cuello, extendiéndose a continuación por el tronco y después por las extremidades. Empieza en forma de granitos muy pequeños de color rojo, que pueden aparecer agrupados formando ronchas de mayor tamaño. Si su hijo tiene granitos pequeños de color blanco dentro de la boca, cerca de los molares, significa que pronto le va a salir la erupción. Ésta le durará entre cinco y ocho días y, cuando desaparezca, es posible que la piel se le pele un poco.

Tratamiento

Aunque no existe ningún tratamiento antiviral autorizado para el sarampión en los Estados Unidos, es importante que el pediatra examine al niño para determinar si, efectivamente, tiene sarampión. Muchas condiciones pueden empezar del mismo modo que el sarampión, y, además, esta enfermedad se puede complicar (por ejemplo, con una neumonía). Por ello el pediatra querrá seguirle de cerca. Cuando llame al pediatra, descríbale bien la erupción y la fiebre para que contemple la idea de que tiene sarampión. Cuando lleve a su hijo a la consulta del pediatra, éste le pedirá que lo separe de los demás pacientes para que no los contagie.

Su hijo podrá contagiar la enfermedad desde varios días antes de la aparición de la erupción hasta que remita tanto la fiebre como la erupción. Mientras tanto, no debe salir de casa (excepto para llevarlo a la consulta del pediatra) y deberá mantenerlo alejado de las personas que no sean inmunes a la enfermedad.

Mientras esté en casa, asegúrese de que su hijo bebe mucho líquido y déle acetaminofén a la dosis adecuada para controlar la fiebre. La conjuntivitis que suele acompañar a esta enfermedad hace que al niño le duelan los ojos cuando se vea expuesto a la luz; por lo que es aconsejable mantener su habitación en la penumbra durante los primeros días de la enfermedad.

A veces, el sarampión se complica con infecciones bacterianas. Las más frecuentes incluyen infección de garganta por estreptococos, neumonía e infecciones de oído. Todas ellas deben ser examinadas por el pediatra y usualmente requieren tratamiento de antibióticos.

Prevención

Casi todos los niños que reciben dos dosis de la vacuna "triple vírica" (MMR, contra el sarampión, la rubéola y las paperas) después de cumplir un año, son inmunes al sarampión de por vida. Hasta un cinco por ciento de los niños no responde adecuadamente a la dosis inicial de la vacuna. Por este motivo, se recomienda administrar una dosis de refuerzo, a los cinco años de edad o bien cuando el niño inicie la enseñanza secundaria (entre los once y los doce años), en función de la norma vigente en cada estado. El pediatra le indicará qué es lo mejor para su hijo.

Si su hijo ha estado en contacto con alguien que tenía el sarampión, o si alguien de la familia está pasando esta enfermedad, informe al pediatra. Los siguientes pasos pueden ayudarle a evitar que su hijo caiga enfermo:

  1. Si todavía no a cumplido un año o tiene el sistema inmune debilitado, se le puede dar un tipo de inmunoglobulina (gammaglobulina) hasta seis días después de la exposición. Esto le puede proteger de la infección, pero no le proporcionará inmunidad para el futuro.
  2. Si el niño está sano y tiene más de un año, todavía se le puede poner la vacuna. La vacuna puede ser efectiva si se administra antes de que hayan pasado setenta y dos horas desde la exposición al virus, y proporciona inmunidad a largo plazo. Si al niño ya se le ha puesto una dosis de la vacuna contra el sarampión y ha pasado por lo menos un mes desde la primera inyección, se le puede inyectar la segunda dosis.
  3. Un lactante de entre seis y once meses de edad puede ser vacunado contra el sarampión, si está expuesto a la enfermedad, reside en una comunidad en la que la exposición es altamente probable o si se desata una epidemia de sarampión.

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