Bebe y niños

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Los sentimientos de la madre por el bebe

Si usted es como la mayoría de las madres, lo primeros días que pase con su bebé serán una mezcla de dicha, dolor y agotamiento, y —sobre todo si se trata de su primer hijo— dudas sobre sus capacidades como madre. En los momentos de mayor ansiedad, le costará creer que alguna vez pueda llegar a convertirse en una experta en bebés. Pero tranquilícese. En cuanto vuelva a su casa, las cosas empezarán a caer en su sitio. Por lo tanto, mientras esté en el hospital, aproveche el tiempo para descansar y recuperarse físicamente.

Muy a menudo, las madres están tan emocionadas con el nacimiento de su hijo, que no se dan cuenta de lo agotadas y adoloridas que están. Si no planea bien las cosas, la decisión de tener o no a su hijo en su habitación puede complicar todavía más las cosas. Debe tener en cuenta que el hecho de que su hijo duerma en la sala de recién nacidos puede no darle la paz que quizás imaginó, si cada vez que oye llorar a un bebé, piensa que es el suyo. Puede solucionar este problema dejándole dormir al lado suyo, en el moisés facilitado por el hospital, para que usted pueda dormir cuando él lo haga y cargarlo cuando se despierte.

Por otro lado, sobre todo si le han practicado una cesárea o ha tenido un parto largo y prolongado, probablemente no tendrá las fuerzas ni el ánimo suficientes como para hacerse cargo del bebé durante todo el día. Si le han hecho una cesárea, es posible que le cueste trabajo levantar a su hijo durante varias semanas; probablemente tendrá que probar distintas posturas para cargarlo y darle de mamar sin forzar los puntos de la herida. Estos obstáculos pueden hacerle sentir que no está estableciendo el vínculo que imaginaba que se iba a forjar con su hijo; y, si usted esperaba tener un parto natural sin complicaciones, todavía se sentirá más decepcionada. Afortunadamente, las principales preocupaciones de su hijo durante estos días serán dormir y recuperarse, y no le importará demasiado dónde lo haga, siempre que esté abrigado y seco y lo alimenten cuando tenga hambre. Así que, por el momento, el personal de enfermería del hospital podrá cumplir perfectamente esta función. Usted y su hijo tendrán suficiente tiempo para forjar un buen vínculo afectivo cuando los dos se hayan recuperado físicamente.

Si éste no es su primer hijo, es posible que se plantee algunas de las siguientes preguntas:

¿Se interpondrá el nuevo bebé entre usted y su hijo mayor?

Esto no tiene por qué ocurrir, si usted dedica cierto tiempo a estar a solas con cada uno de sus hijos. Cuando empiece a establecer la nueva rutina diaria durante las primeras semanas de vida del nuevo bebé, no olvide incluir un tiempo especial para estar con su hijo mayor.

¿Será capaz de darle al nuevo bebé todo el amor que le dio al primero?

De hecho, cada niño es especial y es lógico que despierte sentimientos y reacciones diferentes en usted. La forma en que usted se relacione con su nuevo bebé no tendrá demasiado que ver con el hecho de que sea el primero, el segundo o el tercero.

¿Cómo puede evitar compararlos entre sí?

Puede sorprenderse a sí misma pensando que el nuevo bebé no es tan hermoso o no está tan despierto como lo estaba el primero al nacer, o puede preocuparse porque es más atractivo y despierto. Al principio, estas comparaciones son inevitables, pero, a medida que se vayan haciendo evidentes las cualidades únicas del recién llegado, se sentirá tan orgullosa de las diferencias que haya entre sus hijos como de sus parecidos.

Desde un punto de vista más práctico, la idea de tener que ocuparse de dos o más niños pequeños a la vez puede preocuparle y con razón. A partir de ahora, el temor a no disponer de suficiente tiempo y a no saber enfocar el tema de la rivalidad entre hermanos se cernirá sobre usted. No deje que todo esto le agobie. Con tiempo y paciencia, todos aprenderán a ser una familia.

Si la novedad de la situación, el agotamiento y las dudas aparentemente sin respuesta que se plantea la hacen estar triste e, incluso, llorar, no se sienta culpable. No será la primera madre primeriza que llora, ni tampoco la última. Si el llorar la hace sentir mejor, es posible que sus hormonas tengan parte de la culpa de su frágil estado emocional.

Los cambios hormonales que experimentó en la adolescencia o los que tiene cada vez que le viene la menstruación no son nada al lado del cataclismo hormonal que sigue a un parto. Culpe a las hormonas de su estado emocional y tranquilícese. Esto también acabará pasando.

Aparte de los cambios hormonales, experimentará importantes cambios emocionales. Acaba de traer al mundo a un nuevo ser maravilloso, pero también acaba de adquirir una nueva e inmensa responsabilidad. Su vida familiar y su relación con su pareja van a experimentar cambios importantes. Es normal que piense en todas estas cosas y es fácil que les dé demasiada importancia.

Sin embargo, no sirve de nada agobiarse por tanto cambio ni tomarse las cosas demasiado a pecho. Si le parece que es eso lo que le está ocurriendo, lo mejor que puede hacer es comentar sus preocupaciones con su pareja, su ginecólogo, su pediatra o cualquier otra persona cuyas opiniones respete y valore. No dude en pedir ayuda si se siente incapaz de afrontar sus preocupaciones o si cada vez está más deprimida. Aunque deprimirse un poco después de dar a luz es algo bastante normal, estos sentimientos no deberían ser demasiado acentuados ni durar más de unos cuantos días.

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