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Los niños y las infecciones del oído

Durante los primeros años de vida, es bastante probable que su niño contraiga una infección de oído, cuando se resfríe. Esto se debe a que, durante los resfriados y las infecciones de vías respiratorias altas, suele acumularse fluido en el oído medio. Cuando las bacterias infectan este fluido, la infección provoca dolor de oído e inflamación del tímpano. Los médicos denominan "otitis media aguda" a este tipo de infecciones.

Dos tercios de los niños tienen por lo menos una infección de oídos al llegar a los dos años. Se trata de un problema frecuente en niños pequeños, debido a que son más susceptibles a contraer infecciones virales en las vías respiratorias altas y a que sus diminutas trompas de Eustaquio, que normalmente se encargan de drenar el fluido sobrante, no funcionan bien durante las infecciones.

Los niños menores de un año que van a guarderías y pasan mucho tiempo con otros niños tienen más infecciones de oído que los que se quedan en casa, básicamente porque se exponen a muchos más virus. Así mismo, los niños que toman solos el biberón mientras permanecen acostados boca arriba tienen más probabilidades de contraer este tipo de infección, puesto que es posible que les entre un poco de leche en la trompa de Eustaquio, obstruyendo la vía de drenaje. Los niños de ciertos grupos raciales, como los esquimales y los indios americanos, son más susceptibles a contraer este tipo de infecciones. Esto puede ser por la forma de la trompa de Eustaquio. Dos factores pueden explicar el que la probabilidad de contraer infecciones de oído decrezca cuando empieza a ir a la escuela: el crecimiento de las estructuras del oído medio disminuye la probabilidad de que se produzcan bloqueos en la vía de drenaje, y las defensas del organismo aumentan con la edad.

Signos y síntomas

Las infecciones de oído generalmente, aunque no siempre, causan dolor. Un niño que sea lo suficientemente mayor para hablar puede quejarse de dolor de oído; un niño más pequeño puede estirarse la oreja y llora. Un lactante que tenga una infección de oído puede llorar más durante las tomas, puesto que, al succionar y al tragar, hay cambios de presión en el oído medio que pueden resultar molestos. Así mismo, al acostarse hay cambios de presión, lo que explica por qué los niños con infección de oído tienen problemas de sueño. La fiebre es otra señal de alarma; las infecciones de oído suelen cursar con fiebre alta de 100° a 104° Farenheit (entre 38° y 40° centígrados).

Es posible que al niño le salga pus o un fluido amarillo sanguinolento del oído infectado. Esta supuración indica que se ha hecho un pequeño agujero en el tímpano (denominado perforación). Estas perforaciones generalmente se curan solas y sin complicaciones; aun así, es algo que el pediatra debe conocer.

También es posible que perciba que su hijo oye menos. Esto se debe a que el fluido acumulado detrás del tímpano interfiere con el proceso de transmisión del sonido. Estas pérdidas auditivas casi siempre son temporales, recuperándose la capacidad auditiva inicial en cuanto deja de haber fluido en el oído. En ocasiones, cuando las infecciones de oído son recurrentes, es posible que se acumule fluido detrás del tímpano durante varias semanas y continúe interfiriendo con la audición. Si le parece que su hijo oye peor que antes de contraer la infección de oído, coménteselo al pediatra. Si aún le preocupa esto, solicite una evaluación por un especialista en audición.

Las infecciones de oído son más frecuentes durante la época de la influenza: invierno y principios de la primavera. Si su hijo se queja de dolor de oído en verano, sobre todo después de un día de playa o de piscina, probablemente tendrá una infección en el canal auditivo externo denominada infección del nadador. Este tipo de infección no afecta la capacidad auditiva, pero puede ser muy dolorosa y debe tratarse con prontitud.

Tratamiento

Siempre que sospeche una infección de oído, póngase en contacto con el pediatra lo antes posible. Así mismo, siga los siguientes pasos para mitigar el malestar del niño.

  • Si tiene fiebre, intente bajársela utilizando los procedimientos descritos en el Capítulo 23.
  • Déle acetaminofén líquido a las dosis apropiadas para su edad y peso.
  • No le ponga gotas para los oídos a menos que el pediatra le dé el visto bueno.

El pediatra examinará el oído de su hijo por dentro utilizando un aparato provisto de luz denominado otoscopio. Para determinar si el niño tiene líquido detrás del tímpano, probablemente colocará un tubito de goma en el otoscopio e insuflará aire suavemente dentro del oído para evaluar la sensibilidad y los movimientos del tímpano. Hay una prueba objetiva que permite determinar si hay o no líquido en la cavidad timpánica. Esta prueba permite obtener los resultados en forma de un informe impreso que recibe el nombre de timpanograma.

Si el niño tiene fiebre, el médico le hará una revisión general para determinar si le ocurre algo más aparte de la infección de oído.

Para tratar una otitis media, el médico le recetará antibióticos. Éstos se venden en forma de jarabe, comprimidos, cápsulas y hasta masticables. A veces, las gotas para los oídos permiten mitigar el dolor, pero sólo se las debe poner a su hijo si se las recomienda el pediatra. A menos que la otitis se asocie a una alergia, los antihistamínicos y los descongestionantes probablemente no servirán de nada.

Los antibióticos son el tratamiento principal de las infecciones de oído. El pediatra le indicará cuál es el patrón de administración que debe seguir (dosis y frecuencia de las tomas). Siga las indicaciones del pediatra al pie de la letra. Cuando la infección empieza a curarse, algunos niños experimentan una sensación extraña dentro del oído, como si se les hubiera destapado; no se preocupe, es una señal de que el proceso de curación sigue su curso. Al cabo de unos tres días, debe haber una clara mejoría, con la desaparición de la fiebre y el dolor.

Cuando su hijo empiece a mejorar, usted tendrá la tentación de interrumpir el tratamiento. ¡No lo haga! Es posible que aún queden algunas de las bacterias que provocaron la infección. Dejar la medicación antes de tiempo, puede volver a multiplicar las bacterias y reactivar la infección con toda su fuerza. La única forma de evitar una reactivación es medicar al niño durante todo el tiempo recomendado por el pediatra (generalmente unos diez días).

El pediatra querrá volver a ver a su hijo cuando haya completado los antibióticos para comprobar si queda fluido dentro de la cavidad timpánica. Esto puede ocurrir incluso después de haber controlado la infección. Este trastorno, denominado "otitis media con efusión", es muy frecuente; cinco de cada diez niños siguen teniendo líquido en la cavidad timpánica tres semanas después de iniciar el tratamiento. En nueve de cada diez el fluido desaparecerá en tres meses sin necesidad de tratamiento adicional.

En algunas ocasiones, las infecciones de oído no responden al primer antibiótico recetado, por lo que, si su hijo sigue teniendo fiebre o sigue quejándose de dolor de oído durante más de tres días, debe llamar al pediatra. Para determinar si el antibiótico está cumpliendo su función, el pediatra —o el otorrinolaringólogo— extraerá una muestra de fluido del interior del oído introduciendo una aguja a través del tímpano. Si el análisis de la muestra extraída revela que la infección está provocada por bacterias resistentes al antibiótico prescrito inicialmente, el pediatra le recetará otro antibiótico. En casos muy raros, la infección no remite a pesar de cambiar varias veces de antibiótico. En estos casos, puede ser necesario internar al niño en un hospital para administrarle antibióticos por vía intravenosa y drenarle el oído quirúrgicamente.

Un niño que tenga una infección de oído, ¿debe quedarse en casa? Si el niño se encuentra bien, no es necesario que se quede en casa, siempre y cuando haya alguien en la escuela o guardería que pueda darle la medicación adecuadamente. Hable con la enfermera de la escuela o con su niñera, para repasar a qué horas y qué dosis de antibiótico deben darle al niño. Compruebe también que haya una nevera en caso de que el antibiótico tenga que guardarse en un lugar frío. Los medicamentos que no tengan que estar en la nevera deben guardarse en un armario cerrado con llave y separado de otros objetos, y los frascos deben estar identificados con el nombre y apellidos del niño y la dosis y horario de administración.

Si a su hijo se le perfora el tímpano, podrá realizar prácticamente cualquier actividad, exceptuando probablemente la natación. Por norma general, volar en avión no debe suponer ningún problema.

Prevención

Las infecciones de oído ocasionales no se pueden prevenir. En algunos niños, se asocian a alergias estacionales, como la fiebre del heno; que causa congestión, lo que bloquea el drenaje del oído medio a la garganta. Si su hijo suele contraer infecciones de oído en la época en que hay más alergias, coménteselo al pediatra. Es posible que le haga otras pruebas y/o que le recete antihistamínicos o descongestivos.

¿Y qué ocurre con los niños que salen de una infección de oído para contraer otra? Si su hijo ha tenido varias infecciones de oído seguidas, es posible que el pediatra le recete antibióticos preventivos y, así, tenga menos probabilidades de contraer otra infección. Estos antibióticos se le recetarán a una dosis baja por una o dos veces al día. Aunque durante este período se pueden contraer nuevas infecciones, éstas ocurren con mucho menos frecuencia.

Si su hijo continúa con infecciones de oído a pesar del tratamiento preventivo, probablemente el pediatra le referirá a un especialista en oídos que quizás recomiende implantar un tubito de ventilación en el tímpano para favorecer el drenaje. Estos tubos también pueden implantarse en caso de que, después de una infección de oído, el fluido permanezca más de tres meses en la cavidad timpánica y esto afecte su audición. Una vez implantados los tubos, el niño volverá a oír bien y no volverá a acumularse fluido.

Existe cierta polémica en torno a la implantación de estos tubos, debido a que sus beneficios a largo plazo todavía no se han podido validar. Además, la implantación de los tubos exige utilizar anestesia general, lo que implica hospitalizar al niño durante varias horas o, incluso, durante una noche. Esta intervención se ha convertido en un estándar de cuidado en los siguientes casos: persistencia del fluido en la cavidad timpánica por más de tres meses asociada a pérdida auditiva, y persistencia del fluido por más de seis meses aunque no afecte la audición. No obstante, su uso aún es controversial.

En un niño mayor, la intervención se puede posponer con un seguimiento cercano de su audición, a ver si mejora con el tiempo. Si el pediatra le recomienda posponer la operación, debe hablar con él sobre el problema específico de su hijo, para que usted conozca y entienda tanto las ventajas como las desventajas de ambas opciones.

Si a su hijo le implantan los tubos de ventilación, deberá evitar que le entre agua en el oído. Bañarse, ducharse o nadar sin sumergir la cabeza no suele provocar problemas, pero es posible que el médico le pida que le ponga tapones en los oídos. Aun con tapones, no le permita sumergirse ni bucear.

Las infecciones de oído recurrentes pueden ser agotadoras, tanto para usted como para su hijo. Sin embargo, tenga la seguridad de que se trata de un problema temporal que mejorará con la edad.

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