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Los niños y la televisión

Su hijo probablemente verá su primer programa de televisión cuando sea sólo un bebé y, cuando tenga tres años, ya tendrá varios programas favoritos. Si usted tiene un televisor y una videocasetera, puede estar seguro de que estos se convertirán en una parte importante de la vida de su hijo y le enseñará muchas cosas, unas buenas y otras malas.

La Academia Americana de Pediatría recomienda que los niños menores de dos años no vean televisión. Durante la etapa preescolar su hijo se puede beneficiar enormemente de programas educativos, como Plaza Sésamo, documentales para niños sobre temas de naturaleza y programas de música o bailes. Aunque los programas de televisión educativos, no substituyen la lectura o el juego, pueden enriquecer la vida de su hijo. Tales programas le permiten a su hijo entrar en contacto con las letras, los números y otras experiencias que no podría tener de otra forma.

Lamentablemente, la mayoría de los programas de televisión no son recomendables para niños pequeños. Incluso en el caso de que su hijo sólo vea dibujos animados, será testigo de cómo sus personajes se pegan, se insultan o se hacen daño de alguna u otra forma a una frecuencia aproximado de veinte veces por hora. Generalmente, estos actos violentos no tienen ninguna razón de ser y las víctimas pocas veces sienten dolor o quedan con heridas permanentes. Tanto los héroes como los "malvados" se atacan mutuamente con armas letales y reaparecen como si nada, dispuestos a seguir luchando. El mensaje que reciben los niños es que la violencia es una forma aceptable de afrontar los problemas y que, en el fondo, no le hace daño a nadie. Esto los estimula a ser más agresivos y los desanima a oponerse cuando ven a otras personas agrediéndose físicamente. Los niños que ven muchas horas de violencia televisiva a la semana pueden volverse insensibles a la violencia y empezar a ver el mundo como un lugar aterrador.

La televisión también expone a los niños al sexo y al consumo de drogas y alcohol cuando todavía no están preparados para entender este tipo de situaciones. Las telenovelas, los programas que se emiten a las horas de mayor audiencia, los vídeos musicales y muchos otros programas permiten invariablemente que los niños vean a gente practicando o hablando sobre sexo, consumiendo o vendiendo drogas, fumando o bebiendo alcohol. A menudo estas acciones se presentan como si fueran cosas divertidas y emocionantes que hacen todos los adultos. Su hijo no verá cómo la gente se enferma, queda embarazada sin desearlo o muere debido a estas acciones, y saldrá con un visión distorsionada sobre cómo debe afrontar estas situaciones en su propia vida.

Además, muchos de los mensajes de la televisión perpetúan mitos y estereotipos asociados a ciertos roles sexuales y raciales que influenciarán pobremente al niño.

Los niños suelen creer lo que se les dice y no entienden el concepto de "publicidad". Del mismo modo que un niño cree que los personajes de los dibujos animados son reales, cree también que al niño del anuncio realmente le encantan los cereales azucarados que se está comiendo, y que los juguetes que salen por televisión son en la vida real tan grandes y funcionan tan bien como los presentan por televisión. Los dibujos animados inspirados en juguetes están especialmente diseñados para que resulten atractivos y aumenten el deseo de los niños de tener toda la gama completa de estos personajes.

Además, el bombardeo constante de productos al que se verá sometido su hijo le creará necesidades completamente ficticias, y es posible que acabe creyendo que debe adquirir constantemente nuevas pertenencias. Usted podrá experimentar la presión publicitaria en carne propia cada vez que vaya de compras con su hijo y éste le suplique que le compre algo que "tiene que tener" porque lo vio por televisión.

Los anuncios de alimentos también pueden tener un impacto indeseable sobre los hábitos alimenticios de su hijo. Muchos de estos anuncios fomentan el consumo de alimentos muy azucarados o muy salados, como cereales, refrescos, galletas u otros productos para picar entre comidas. Menos del 5 por ciento de los anuncios sobre productos alimenticios que se emiten por televisión en un día cualquiera son de alimentos saludables, como frutas y verduras. El resultado es que su hijo acaba teniendo una visión completamente distorsionada de lo que debe comer. Cuanto más anuncios vea más "chucherías" le pedirá y menos le interesarán los alimentos saludables.

Los niños que ven mucha televisión tienen más probabilidades de volverse obesos que los que son físicamente más activos. Una de las razones es que los anuncios fomentan el hábito de picar entre comidas y de seleccionar alimentos que engordan. Otra razón es que gran parte del tiempo que pasan sentados delante del televisor lo podrían dedicarlo, a jugar activamente y a quemar calorías.

Todos los niños necesitan jugar activamente, no sólo por los beneficios del ejercicio físico, sino también para tener un desarrollo mental y social adecuado. El ver televisión es una acción pasiva. No le ayuda a un niño a adquirir las habilidades, facultades y experiencias más importantes que necesita a esta edad, como la comunicación, creatividad, fantasía, sentido común y placer de experimentar. Cuanto más tiempo pase su hijo pegado al televisor, menos tiempo podrá dedicar a otras actividades mucho más enriquecedoras.

Cómo actuar

Hay niños y familias que saben aprovechar sabiamente los beneficios de la televisión y minimizar sus efectos negativos. Un enfoque adecuado consiste en hacer un uso limitado e inteligente de la televisión y entender cómo funciona la programación y los anuncios de televisión. Si usted no hace un esfuerzo consciente por controlar lo que su hijo ve por televisión, ésta podría convertirse en una de las peores influencias de su vida.

Para muchos niños pequeños la televisión no es más que un substituto de los amigos, las niñeras, los maestros e, incluso, los padres. Es la forma más sencilla de entretenerse y fácilmente puede convertirse en un hábito, a menos que se establezcan límites.

Por norma general, un niño mayor de dos años no debe ver más de una o dos horas de televisión al día. Esto es fácil de hacer respetar cuando el niño es pequeño, pero a medida que se hace mayor y más independiente, cada vez le resultará más difícil. Por lo tanto, lo mejor es empezar pronto. Si su hijo no tiene la oportunidad de ver mucha televisión, no podrá adquirir un hábito que más adelante será difícil de erradicar. Los padres deben ayudar a sus hijos a elegir los programas que pueden ver. Cuando termine el programa seleccionado, se debe apagar televisor.

La mejor forma de conseguir que su hijo se "despegue" del televisor es distraerlo con otra cosa. Invítelo a que se una a usted en actividades divertidas y constructivas, tales como leer, jugar a cartas o en el patio, pintar, ayudarle a preparar la cena, hacer torres o ir a ver a un amigo. Elogíelo cuando se divierta sin depender de la televisión y déle un buen ejemplo limitando el tiempo que usted dedica a ver la televisión. No utilice la televisión como una recompensa ni su prohibición como un castigo. Así, sólo conseguirá que a su hijo le parezca todavía más atractiva.

Si estas tácticas no surten efecto y su hijo o hija prende la televisión en cuanto usted le da la espalda, probablemente tendrá que utilizar medidas más drásticas, como retirar el televisor o instalar algún sistema de control que sólo permita sintonizar ciertos canales. Muy pronto todos los televisores nuevos llevarán un "v-chip" que permitirá controlar los programas que el pueda ver.

Incluso una o dos horas de televisión al día pueden ser perjudiciales para su hijo, si ve programas violentos o inadecuados. Enséñele a planificar los programas que va a ver. Ayúdele a elegir programas que fomentan el buen comportamiento en lugar de la violencia. Si le prohibe ver un programa en concreto, déle una explicación clara y concisa para que entienda el porqué. Así mismo, asegúrese de que apague el televisor en cuanto acabe el programa que había elegido para que no pueda "engancharse" al siguiente programa. No permita que la televisión se convierta en la niñera de su hijo. Planifique semanalmente con su hijo los programas que va a ver, eligiéndolos con cuidado. Sea un buen modelo. Si usted está pegado al televisor toda la tarde, puede estar seguro de que su hijo no aprenderá a controlar el uso de la televisión.

Para que su hijo saque el mayor partido a los programas de televisión, véalos con él. Hasta un "mal programa" puede resultar educativo si lo comentan mientras lo ven. Hágale entender que la violencia que ve en la pantalla no es real y que, en el caso de que lo fuera, los personajes resultarían gravemente heridos. Explíquele que lo que pasa en las películas es algo inventado y que los personajes son actores que representan papeles imaginarios. Critique a los personajes que beben alcohol, fuman, consumen drogas o van en carro sin el cinturón de seguridad. Si su hijo sabe lo que usted desaprueba de esos personajes, empezará a reflexionar sobre su comportamiento y a cuestionarlo en vez de aceptarlo automáticamente. Cuestione los estereotipos negativos o falsos de cualquier tipo: sexuales, étnicos, religiosos o culturales. Esto puede ser una lección sumamente efectiva. Un padre inteligente puede utilizar hasta un mal programa de televisión para enseñar y trasmitir valores positivos a sus hijos.

Mientras ve televisión con su hijo, puede aprovechar la ocasión para educarlo sobre la publicidad. Enséñele que los anuncios no son lo mismo que los programas y que el único objetivo de la publicidad es conseguir que él desee tener algo que no tiene. Ésta no es una lección fácil para un preescolar, pero si le explica cuál es la diferencia entre un alimento "saludable" y otro "no saludable" y entre un juguete de buena y de mala calidad, le ayudará a ser un televidente más crítico. Instarle a que se fije en el anuncio de un producto que él ya ha probado y no le ha gustado, le puede ayudar a entender lo engañosa que puede ser la publicidad.

Usted también puede contribuir a mejorar la programación infantil poniéndose en contacto directamente con las cadenas de televisión, patrocinadores o programadores. Hágales llegar sus quejas y preferencias. Si hay un programa que le gusta especialmente, hágaselo saber a los programadores, ya que los programas de calidad suelen tener audiencias reducidas y su apoyo como televidente puede contribuir a que se siga emitiendo.

Únase a grupos o asociaciones que trabajan para mejorar la programación o en contra de la violencia televisiva en su localidad, únase a coaliciones comunitarias para diversas campañas, y exija que en las escuelas eduquen a los niños en la evaluación critica de los medios de comunicación.

Otros medios de comunicación, como la música de rock, los vídeos musicales, las películas de cine, los juegos de vídeo o de computadora, y el Internet, plantean a las familias los mismos retos que la televisión. Al dedicar más tiempo a la computadora o a escuchar música, absorben más lecciones importantes, aunque no siempre adecuadas, sobre la violencia, la sexualidad, el abuso de sustanciéis, las relaciones y el mundo en general. Los padres deben estar informados sobre los medios de comunicación que consumen sus hijos y establecer límites, ver o escuchar los programas con ellos y hablar sobre su contenido y sus personajes. Sólo las familias y los niños que tengan una buena educación en torno a los medios de comunicación, estarán en condiciones para hacer frente a la influencia negativa de los mismos y aprovechar sus beneficios.

Nuestra posición

Aunque la Academia Americana de Pediatría no considera que la televisión sea la única responsable de la violencia que hay en nuestra sociedad, consideramos que la violencia televisiva tiene un efecto innegable sobre la conducta de los niños y fomenta el uso de la violencia para resolver conflictos. El hecho de que la violencia que los niños ven por televisión no se asocie a consecuencias negativas y la rapidez con que parecen resolver sus problemas los personajes que la utilizan, aumentan las probabilidades de que la violencia esté entre la primeras estrategias a las que un niño suele acudir, en lugar de entre las últimas.

Tanto los padres como los encargados de la programación tienen que asumir la responsabilidad de los programas que ven los niños. Instamos encarecidamente a los padres a que limiten el tiempo que les dejen ver la televisión a sus hijos, a que supervisen los programas que ven y a que vean la televisión con ellos para ayudarles a aprender de lo que están viendo.

La Academia Americana de Pediatría apoya por completo las iniciativas legislativas para mejorar la calidad de la programación infantil.

La meta principal de los anuncios de televisión dirigidos a la población infantil es "venderle a los niños" productos, desde juguetes hasta "comida para picar". Los niños pequeños no saben distinguir entre un programa de televisión y un anuncio, ni tampoco acaban de entender que los anuncios se hacen para venderles algo (a ellos a o sus padres).

La televisión también es culpable de distorsionar muchos aspectos de la realidad, como las drogas, el alcohol, el tabaco, la sexualidad, las relaciones familiares y los roles sexuales.

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