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Los niños y el divorcio

En los Estados Unidos más de un millón de niños se ven implicados anualmente en casos de divorcio. Aún los niños que han vivido largos años de infelicidad y conflictos paternos, pueden encontrar los cambios que siguen al divorcio más difíciles que ninguno de los cambios que han tenido anteriormente. Como mínimo, los niños tienen que acostumbrarse a vivir separados de uno de sus padres (generalmente el padre), o, en el caso de que se opte por la custodia compartida, a dividir sus vidas entre dos hogares. Debido a los cambios económicos que suelen surgir, es posible que también tengan que cambiarse a una casa más pequeña o a otro vecindario. Si la madre era ama de casa antes, tal vez tenga que buscarse un trabajo fuera de casa. Y aunque no sea éste el caso, el estrés y la depresión que suelen acompañar a un divorcio pueden hacer que la madre esté menos receptiva y sea menos afectiva con sus hijos.

Nadie puede predecir cómo se van a afectar los niños con un divorcio. La respuesta de un hijo ante el divorcio dependerá de su sensibilidad, del tipo de relación que mantenga con cada uno de sus padres y de la habilidad de estos últimos para cooperar y satisfacer las necesidades emocionales del niño durante el proceso de divorcio. En cierta medida también dependerá de la edad del niño. A grandes rasgos, usted puede anticipar cómo reaccionará su hijo ante el divorcio, en función de la edad de este.

Los niños menores de dos años suelen presentar comportamientos propios de etapas previas (lo que recibe el nombre de regresión). Pueden volverse más apegados, dependientes y frustrarse con más facilidad. Es posible que se nieguen a irse a dormir, y que empiecen a despertarse por las noches.

Los niños entre tres y cinco años también pueden presentar conductas de carácter regresivo, pero, además, es probable que sientan que ellos son los culpables de la ruptura matrimonial. A esta edad, los niños no acaban de entender que sus padres tienen sus propias vidas, independientes de la suya. Ellos creen que están en el centro del universo familiar y, por lo tanto, se culpan de que éste se desmorone. Los niños suelen volverse más agresivos y desafiantes con las madres; las niñas pueden volverse inseguras y dejar de confiar en los hombres. Cuanto menos contacto tenga el hijo con el padre que no obtenga la custodia y más tensas sean las relaciones entre los ex-cónyuges después del divorcio más extrema será la reacción.

La reacción de su hijo ante el divorcio probablemente será más intensa durante la ruptura e inmediatamente después de ésta. Conforme vaya creciendo, probablemente seguirá dándole vueltas al pasado para lograr entender por qué motivo se separaron sus padres. Es posible que la sensación de pérdida le dure mucho tiempo, resultándole especialmente dolorosa durante las vacaciones o en las ocasiones especiales, como los cumpleaños u otras celebraciones familiares.

La mayoría de los hijos de padres divorciados desean desesperadamente que sus padres vuelvan a vivir juntos. Aún así, es peor si los padres intentan reconciliarse repetidamente y vuelven a romper, quesi la primera ruptura es definitiva. Cuando los padres actúan de forma indecisa, es fácil que los hijos se sientan confusos, inseguros y recelosos.

En casos bastante raros, el comportamiento y la autoestima de los niños mejora después del divorcio de sus padres. A veces esto se debe a que los padres, una vez liberados de la tensión y la infelicidad que les provocaba un matrimonio disfuncional, pueden darles a sus hijos el afecto y la atención que necesitan. A veces se debe a que el divorcio permite poner fin a una situación de maltrato físico o emocional. De todos modos, incluso los niños que han sido objeto de maltrato por parte de uno de sus progenitores siguen deseando fervientemente merecer el amor de ese padre y que se vuelva a restaurar la unidad familiar.

¿Cómo pueden los padres ayudar a sus hijos durante el divorcio?

Los niños son un espejo de las emociones de sus padres. Si éstos están enfadados, deprimidos o se comportan violentamente durante el proceso de separación, es fácil que los niños absorban estos sentimientos negativos y que éstos acaben volviéndose en su contra. Si los padres de un niño discuten sobre el niño o éste oye su nombre en alguna de sus disputas, estará más convencido aún de que él es el culpable. Sin embargo, un ambiente de secretos y silencio tampoco le ayudarán a sentirse mejor y, de hecho, es probable que intensifiquen la tensión y la tristeza que embarga el ambiente familiar. La mejor forma de enfocar las cosas es ser sincero con sus propios sentimientos y esforzarse en ser afectivo con su hijo y trasmitirle seguridad. Su hijo tendrá que aceptar que sus padres han dejado de quererse —y usted no tienen por qué simular lo contrario delante de él— pero es importante de que entienda y sienta que sus padres lo siguen queriendo como siempre.

Si su hijo todavía no ha cumplido dos años, no podrá trasmitirle este mensaje con palabras. Deberá hacerlo a través de las acciones. Cuando esté con su hijo, intente dejar a un lado sus penas y preocupaciones y concéntrese en las necesidades del niño. Mantenga la rutina diaria lo más consistente posible y no le exija demasiado a su hijo ni espere que haga ningún cambio importante (como aprender a usar el baño, pasar de la cuna a la cama, adaptarse a una nueva niñera o cambiar de habitación). Al principio, intente ser comprensivo y paciente si su hijo presenta alguna conducta regresiva, pero si este patrón persiste después del divorcio, cuando ya se haya establecido una nueva rutina, pida consejo al pediatra.

Si su hijo es mayor, necesita sentir que tanto su padre como su madre se preocupan por él y que son capaces de dejar a un lado sus diferencias por su bienestar. Esto significa que ambos deben participar activamente en la vida del niño. En el pasado, después del divorcio la mayoría de los padres iban desapareciendo progresivamente de la vida de sus hijos al concederse la custodia usualmente a la madre. Sin embargo, hoy en día, tanto las leyes como los psicólogos están intentando corregir este patrón, en parte distinguiendo entre la custodia física y la custodia legal. De esta manera, aunque sólo uno de los padres tenga la custodia física del niño, la custodia legal puede ser compartida, lo que significa que ambos padres seguirán implicados en las decisiones referentes a la educación, la salud y otras necesidades básicas del niño. El niño usualmente puede ver regularmente al padre que no tiene su custodia física. También es posible que ambas custodias, la física y la legal, sean compartidas. Esta opción tiene la ventaja de que permite que ambos padres sigan plenamente implicados en la vida del niño. Aun así, esto trae algunos inconvenientes. Los niños, sobre todo los menores de diez años, pueden sentirse divididos entre dos casas, dos grupos de amigos y dos rutinas distintas. A muchos padres que tienen la custodia compartida de sus hijos les cuesta mucho tomar decisiones cotidianas sobre programación de actividades, cumpleaños, clases especiales y hasta sobre la tarea escolar. A menos que ambos padres se comprometan plenamente para que funcione, este acuerdo puede provocar muchos conflictos, confusión y estrés. Lo importante es que el acuerdo de custodia elegido dé prioridad a las necesidades emocionales y de desarrollo del niño.

Independientemente de cuál sea el acuerdo de custodia, tanto usted como su excónyuge seguirán desempeñando un papel fundamental en la vida de su hijo. Intenten apoyarse mutuamente en estos roles. Eviten al máximo criticarse el uno al otro delante del niño. Su hijo necesita saber que le está permitido querer tanto a su padre como a su madre. También necesita sentir que está seguro con cualquiera de los dos y que no hay lugar para secretos ni para sentimientos de culpabilidad. Si no puede haber cooperación entre usted y su ex-cónyuge, por lo menos sean tolerantes con las rutinas, las normas y los planes del otro, incluso si tienen ciertas reservas al respecto. En estas circunstancias, la discusión que usted tenga con su ex-cónyuge por la cantidad de horas de televisión que puede ver su hijo o por lo que debe comer pueden hacerle más daño al niño que la televisión o la comida en sí mismas. Si es preciso, coméntele a su ex-cónyuge lo que le preocupa cuando el niño no esté delante. Si un niño escucha cómo un padre intenta minar la autoridad del otro, puede acabar pensando que no puede confiar en ninguno de ellos o que no puede expresar abiertamente sus sentimientos. Esta atmósfera de hostilidad puede impedir que el niño disfrute cuando esté con cada uno de sus padres.

Cuando su hijo cumpla cuatro o cinco años, su mundo se ampliará, pasando a incluir nuevos amigos y nuevas actividades, tanto en la escuela como en el vecindario, y tendrá ideas más complejas sobre cuál es su lugar en el mundo. Usted debe comentar con su excónyuge cómo se comporta y de qué habla cuando está con cada uno de ustedes. Aunque se hayan divorciado, siguen compartiendo la responsabilidad de cuidar y educar a su hijo y necesitan colaborar para solucionar cualquier problema de comportamiento o emocional que pudiera surgir. Estén especialmente pendientes de cualquier síntoma de baja autoestima, decaimiento, depresión o mal humor, o si el niño empieza a disculparse o a autocriticarse en exceso. Esto podría indicar que se está culpando a sí mismo por el divorcio. Si es así y no hay forma de convencerlo de que él no tiene la culpa de lo que ha pasado, hable con el pediatra. Es posible que le recomiende llevar al niño a un psicólogo, un psiquiatra o algún otro profesional de la salud mental.

Si usted se siente muy deprimido y sin fuerzas después del divorcio y no parece encontrar la forma de volver a encauzar su vida, no podrá ofrecerle a su hijo el apoyo, el amor y el consuelo que necesita y que a usted le gustaría darle. Por el bien de todos, busque ayuda psicológica cuanto antes.

Si su divorcio está cargado de tensiones y conflictos, usted puede temer que los enfrentamientos persistan y que su hijo no se recupere nunca. Aunque es cierto que algunas de las repercusiones emocionales del divorcio sobre un niño pueden ser permanentes, su hijo tendrá la oportunidad de crecer sano y feliz si recibe el amor, el afecto y el apoyo que necesita de sus padres y demás personas encargadas de cuidar de él.

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