Bebe y niños

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La introducción de los alimentos sólidos en el bebé de los cuatro a los siete meses

A los cuatro meses, la dieta de un bebé debe consistir en leche (materna o de fórmula), que puede estar enriquecida con vitaminas o hierro si su pediatra así lo recomienda. Entre los cuatro y los seis meses, ya pueden empezar a introducirse los sólidos. Algunos bebés ya están preparados para ingerir sólidos con sólo tres meses de edad, pero la mayoría de ellos todavía no han perdido el reflejo que les hace sacar la lengua cuando se les mete algo en la boca. Debido a este reflejo, un lactante de pocos meses empujará la lengua contra la cuchara o cualquier otra cosa que se le introduzca en la boca, incluyendo, la comida. La mayoría de bebés pierden este reflejo aproximadamente al cuarto mes. Coincidencialmente, las necesidades energéticas de un bebé aumentan alrededor de esta misma edad, por lo que es el momento ideal para empezar a introducir más calorías en su dieta a través del consumo de sólidos.

Usted puede empezar a introducir los alimentos sólidos a la hora del día más oportuna tanto para usted como para su bebé. De todos modos, recuerde que, conforme su hijo vaya haciéndose mayor, querrá comer con el resto de la familia. Para evitar que se atragante, asegúrese de que está sentado bien derecho, ya sea en su regazo o en una sillita infantil. Si llora o se resiste cuando usted intenta meterle comida en la boca, no lo fuerce. Es más importante que ambos disfruten durante las comidas que el hecho de introducir los sólidos en la dieta de su hijo en una fecha específica. Vuelva a darle el pecho o el biberón durante una o dos semanas y después inténtelo de nuevo.

Utilice siempre una cuchara para darle alimentos sólidos a su hijo, a menos que, por recomendación de su pediatra, tenga que espesar la leche de fórmula porque el niño presenta reflujo gastroesofágico (tendencia a expulsar el contenido del estómago). Algunos padres intentan introducir los alimentos sólidos en el biberón, pero este sistema puede aumentar drásticamente la cantidad de alimento que el bebé consume en cada toma, lo que puede conllevar un aumento de peso excesivo. Además, es importante que su hijo se habitúe al rito de las comidas: sentarse bien derecho, coger el alimento de la cuchara con la boca, descansar entre cucharada y cucharada y parar cuando se sienta lleno. Estas experiencias iniciales ayudarán a sentar las bases de unos buenos hábitos alimentarios para el resto de su vida.

Hasta las cucharitas estándar para bebés pueden ser demasiado anchas para un bebé de esta edad, pero una cucharita de café puede servir. Empiece ofreciéndole media cucharadita o menos (un cuarto de una cucharita) y vaya hablándole durante todo el proceso ("Mmmm, qué rico está")

Probablemente la primera y la segunda vez su hijo no sabrá qué hacer. Puede parecer confundido o molesto, arrugar la nariz, empezar a darle vueltas a la comida dentro de la boca o rachazarla por completo. Es una reacción totalmente comprensible, teniendo en cuenta lo distinta que ha sido su alimentación hasta el momento.

Una forma de facilitar esta transición a los alimentos sólidos consiste en darle primero un poco de leche, después pasar a darle varias medias cucharaditas de comida y acabar con un poco más de leche. Así evitará que se sienta completamente frustrado cuando tenga mucha hambre y, además, podrá asociar la satisfacción de la lactancia con la nueva experiencia.

Por mucho que se esfuerce, la mayor parte de los primeros alimentos sólidos terminarán en la cara y el babero del bebé. Por ello, empiece dándole muy poca cantidad de alimento —una o dos cucharaditas— e incremente paulatinamente la dosis hasta que se acostumbre a tragar sólidos.

El primer alimento sólido que se le suele dar a los bebés es el cereal de arroz, seguido por cereal de avena y de cebada. Generalmente es mejor introducir el trigo y los cereales mixtos más adelante, puesto que pueden provocar reacciones alérgicas en bebés de pocos meses.

Puede darle cereales, listos para usar o en hojuelas, en cuyo caso tendrá que mezclarlas con leche materna, de fórmula o con agua. Los productos ya preparados son muy cómodos, pero los que se venden en hojuelas suelen tener más hierro y su consistencia puede modificarse según las necesidades de cada bebé. Independientemente del cereal que elija, asegúrese que es un producto hecho para bebés. Así tendrá la certeza de que contiene los nutrientes que su hijo necesita a esta edad.

En cuanto su hijo acepte los cereales, podrá empezar a darle lentamente otros alimentos. Un orden posible es el siguiente: verduras o vegetales (exceptuando el maíz, que es difícil de digerir para muchos lactantes de menos de seis meses), frutas y carnes. Introduzca solamente un alimento nuevo a la vez, y espere por lo menos dos o tres días hasta darle el siguiente. Cada vez que le dé un alimento nuevo, esté pendiente de posibles reacciones alérgicas, como diarreas, erupciones o vómitos. Si detecta algunas de estas reacciones, elimine el alimento sospechoso de la dieta del bebé e informe al pediatra. En los siguientes dos o tres meses, la dieta de su hijo deberá incluir leche (materna o de fórmula), cereales, verduras, carnes y frutas, todo esto distribuido en tres comidas diarias. Puesto que los huevos provocan alergias con bastante frecuencia, suelen ser el último alimento que se introduce en la dieta.

En cuanto su hijo sepa mantenerse sentado, puede empezar a darle alimentos que se puedan agarrar con las manos para que vaya aprendiendo a comer solo. Asegúrese de que todo lo que le da es blando, fácil de tragar y que se deshace en trocitos pequeños para que no se atragante. Guisantes verdes, arvejas, habichuelas tiernas y papas, bien cocidas y cortadas, o trozos pequeños de galletas tipo wafer o galletitas de soda, son buenos ejemplos. No le dé a esta edad alimentos que exijan masticar.

En cada una de las tres comidas diarias, su hijo debería ingerir unas 4 onzas o el contenido de un frasco pequeño de compota para bebé. (Puesto que los alimentos enlatados para adultos suelen contener sales y conservativos, no se le deben dar a ningún bebé.)

En este momento también puede introducir los jugos. Sin embargo, puesto que muchos bebés de pocos meses son sensibles al jugo de naranja, es mejor retrasar su introducción, así como la de otros cítricos, hasta el sexto mes. Los jugos de frutas —o ingerir grandes cantidades de fruta en general— pueden hacer que las heces se vuelvan acidas e irriten la piel del bebé. Esto puede provocar salpullidos de un rojo intenso y que pueden dolerle bastante al limpiarle al cambiarle el pañal.

Dejar la zona afectada en contacto con el aire y aplicar una pomada protectora suele bastar para curar la irritación, pero también es recomendable reducir la cantidad de fruta y/o de jugo que se le da durante cierto tiempo.

Si su hijo parece tener sed entre comidas, amamántelo o dele un biberón adicional. Durante los meses más calurosos, cuando pierda mucho líquido a través del sudor, dele a tomar de 2 a 4 onzas de agua o dele más leche para ayudarle a no deshidratarse.

¿Y si usted prefiere darle a su hijo alimentos frescos, en lugar de enlatados o deshidratados? En tal caso, utilice una licuadora o procesador de alimentos, o simplemente maje bien los alimentos blandos con un tenedor. Todo lo que le dé a su hijo debe ser blando, bien cocido y no se le debe añadir sal ni ninguna otra especia. Las verduras o vegetales frescos hervidas o la compota de frutas (véase el próximo recuadro para casos excepcionales) son muy fáciles de preparar. Aunque puede darle a su hijo bananas frescas en puré, deberá hervir todas las demás frutas hasta que sean lo suficientemente blandas. Refrigere todos los alimentos preparados que no use inmediatamente e inspecciónelos bien antes de dárselos a su hijo para detectar posibles indicios de que se están empezando a dañar. A diferencia de los productos comerciales, los alimentos que usted prepara pueden contener bacterias, por lo que se estropearán mucho antes.

Cuando su hijo tenga seis o siete meses, probablemente ya se sentará bien y podrá comer sentado en una silla alta para bebé. Para que esté más cómodo, es recomendable cubrir la base de la sillita con un cojín que se pueda quitar y lavar, para eliminar los restos de comida que se acumulen allí. Así mismo, a la hora de comprar la silla para comer, elija una con bandeja extraible y bordes sobresalientes. De este modo, los platos o la comida no se podrán resbalar de la bandeja cuando el bebé esté muy inquieto a la hora de comer. Además, una bandeja extraible puede llevarse directamente al fregadero, donde podrá lavarla con facilidad, algo que valorará mucho durante los meses que se le avecinan. (De todos modos, es posible que algunos días la única forma de limpiar la silla alta sea ¡ponerla bajo la ducha!)

A medida que aumenta la variedad de alimentos en la dieta de su hijo y éste empiece a comer por si mismo con regularidad, comente sus necesidades nutricionales con el pediatra. Recientes investigaciones indican que la obesidad en la etapa adulta tiene un importante componente hereditario, pero, si su hijo adquiere hábitos alimentarios inadecuados durante la infancia, podría tener problemas de salud más adelante.

El pediatra será quien le diga si su hijo está sobrealimentado, no come lo suficiente o come demasiada cantidad de algunos alimentos inadecuados. Si usted se familiariza con el contenido calórico y nutricional de los alimentos que come su hijo, podrá proporcionarle una dieta equilibrada. Fíjese también en los hábitos alimentarios de los demás miembros de la familia. Puesto que su hijo cada vez irá "picando" más alimentos de la mesa familiar (lo que suele iniciarse entre los ocho y los diez meses de edad), imitará la forma en que ustedes comen incluyendo la tendencia a utilizar excesivamente el salero o a estar comiendo bocaditos salados y alimentos procesados. Por el bien de su hijo, y también por el suyo propio, reduzca al mínimo el uso de la sal.

¿Y si a usted le preocupa que su bebé ya pese demasiado? Siga las recomendaciones del pediatra antes de hacer algún cambio en su dieta. Durante estos meses de crecimiento rápido su hijo necesita una proporción equilibrada de grasas, carbohidratos y proteínas. Por lo tanto, no es recomendable darle leche descremada a un niño de esta edad o cualquier otro sustituto bajo en grasa en lugar de la leche materna o de fórmula. Es mejor que reduzca ligeramente las porciones de comida, asegurándose de que su hijo sigue ingiriendo toda la variedad de nutrientes que necesita.

En cuanto empiece a darle a su hijo alimentos sólidos, sus heces se volverán más duras y cambiarán de color. Debido a los azúcares y grasas contenidos en los sólidos, también olerán más fuerte. Los guisantes u otras verduras pueden teñir las heces de un verde intenso; la remolacha puede hacerlo de rojo. (La remolacha a veces también tiñe la orina de rojo.) Si los alimentos no son majados o licuados, sus heces pueden contener partículas de comida no digeridas, sobre todo pieles de guisantes, maíz, tomate u otros productos de origen vegetal. Todo esto es completamente normal. El sistema digestivo de su hijo todavía está inmaduro y tendrá que pasar cierto tiempo para que pueda procesar completamente todos los alimentos que se introduzcan en su dieta. De todos modos, si las heces son extremadamente blandas e, incluso, acuosas o están llenas de mucosidad, podría significar que su tracto digestivo está irritado. En tal caso, acuda al pediatra para saber si su hijo tiene algún problema digestivo.

No prepare estos alimentos en la casa

Remolacha, nabos, col rizada, zanahorias, espinacas. En algunas zonas del país, estas verduras o vegetales contienen importantes cantidades de nitratos, una sustancia química que puede provocar un tipo poco común de anemia en los infantes. Las empresas fabricantes de alimentos para bebés son conscientes de este problema y analizan la cantidad de nitratos contenida en las verduras que utilizan para preparar sus productos; así mismo, evitan comprar estas verduras en los lugares en que se ha detectado una mayor acumulación de nitratos. Puesto que usted no puede analizar la cantidad de nitratos contenida en los alimentos que prepare, es mejor que utilice productos comerciales de estos alimentos, sobre todo mientras su hijo sea un lactante. Si, de todos modos decide preparar estos alimentos en casa, sírvalos siempre frescos y no los almacene. Con el paso del tiempo la cantidad de nitratos contenida en estos productos va aumentando.

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