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La infección del nadador en niños (Otitis externa)

Se trata de una infección que afecta a la piel del canal auditivo externo y que ocurre frecuentemente después de practicar la natación o alguna otra actividad acuática en la que se puede meter agua en los oídos. La infección surge porque la humedad presente en el canal auditivo externo permite la proliferación de ciertas bacterias y, al mismo tiempo, reblandece la piel que recubre dicho canal (como ocurre con la piel cubierta por un vendaje húmedo, que adquiere un aspecto blanquecino e inflamado). Las bacterias invaden la piel reblandecida y, allí, se multiplican.

Los niños que juegan en aguas templadas o calientes durante mucho rato son más susceptibles de contraer esta infección. Sin embargo, por motivos que no están claros, algunos niños tienden más que otros a este tipo de infecciones. Los lactantes, por ejemplo, rara vez contraen esta infección, mientras que los niños de entre uno y cinco años la contraen bastante a menudo, sobre todo durante el verano. A cualquier edad, las lesiones que afecten al canal auditivo (abuso de aplicadores de algodón "Q Tips"), y trastornos como el eccema y la seborrea, pueden aumentar el riesgo a contraer la infección del nadador.

Si se trata de una infección leve, su hijo sólo se quejará de que le pica el oído o de que lo tiene tapado, o —si es demasiado pequeño para explicarlo— probablemente se meterá el dedo en la oreja o se la frotará con la mano. Estos síntomas pueden evolucionar hacia un dolor sordo, que puede empezar en cualquier momento entre cinco horas y seis días desde que el agua entró en el oído. En este momento, la abertura del canal auditivo puede estar inflamada y ligeramente enrojecida y, si usted aprieta en ese punto o estira suavemente de la oreja, el niño se quejará.

En casos más graves de infección del nadador el dolor se hace intenso y constante y el niño puede llorar y apretarse la oreja. El más leve movimiento, incluso masticar, le dolerá mucho. Es posible que el canal auditivo se inflame tanto que prácticamente quede bloqueado y que salga pus o una sustancia blanquecina por la oreja. También pueden aparecer fiebre baja. En infecciones más graves, el enrojecimiento y la inflamación puede extenderse más allá del canal auditivo, afectando a toda la oreja.

Ya que esta infección no afecta al oído medio ni a las estructuras que intervienen en la audición, cualquier pérdida auditiva que se produzca debido al bloqueo motivado por la inflamación será sólo temporal. Es raro que la infección se extienda hacia estructuras más profundas. Si esto llegara a ocurrir, puede ser muy serio y debe aplicarse un tratamiento más intensivo.

Tratamiento

Si su hijo se queja de dolor de oído y usted sospecha que puede tener la infección del nadador, llame a su pediatra. Aunque no se trata de una afección grave, debe ser evaluada y tratada por el médico. Lamentablemente, es difícil para un padre detectar si un hijo pequeño tiene una infección del nadador, una otitis media, o algún otro trastorno. Por lo tanto, no intente nunca tratar a su hijo sin contar con el visto bueno del pediatra.

Hasta que el pediatra pueda ver a su hijo, puede darle acetaminofén y ponerle calor en el área afectada (compresas calientes, una almohadilla eléctrica, una bolsa de agua caliente), para mitigar el dolor. Si éste es muy fuerte y el niño es lo bastante mayor, también le puede dar algún medicamento que lleve codeína, pero consulte siempre al pediatra antes de darle a su hijo cualquier medicamento que no sea acetaminofén.

No se le ocurra meterle aplicadores ("Q tips") ni otro objeto dentro del oído a fin de mitigarle el picor o de ayudar al drenaje; al hacerlo, sólo conseguirá lesionar todavía más la piel y favorecer la proliferación de bacterias.

Dicho sea de paso, utilizar aplicadores de algodón para limpiar los oídos a un niño puede provocarle infecciones en el canal auditivo. Al pasar el extremo del aplicador contra la piel que recubre el canal puede irritarla y llevarse la capa de cerumen que la protege de la humedad y las bacterias.

En la consulta, el pediatra le examinará el oído a su hijo y después es posible que limpie el pus o la suciedad que se haya acumulado dentro del oído con motivo de la infección. En los casos más leves, es posible que éste sea el único tratamiento necesario, pero lo más probable es que el pediatra le recete gotas para el oído para usar de cinco a siete días. Las gotas combatirán la infección y, por lo tanto, reducirán la inflamación, lo que ayudará a mitigar el dolor. Para que las gotas cumplan eficazmente su función, deben ponerse correctamente. He aquí cómo debe hacerlo:

  1. Acueste al niño sobre un costado de tal modo que el oído afectado quede arriba.
  2. Vierta las gotas de tal modo que caigan justo al lado de la abertura del canal auditivo externo, para que el aire pueda ir saliendo conforme las gotas van entrando en el canal. Puede mover suavemente el oído para ayudar a que las gotas se vayan introduciendo por la abertura.
  3. Mantenga a su hijo en esta postura de dos o tres minutos para asegurarse de que las gotas penetren bien en el oído.
  4. Póngale gotas a su hijo tres o cuatro veces al día durante el período que le indique el médico. En ocasiones también le recetarán antibióticos orales.

Si el canal auditivo está demasiado inflamado para que puedan entrar las gotas, es posible que el pediatra utilice una "mecha", un trocito de algodón o de material esponjoso que absorbe el fármaco para verterlo después dentro del canal. En estos casos, usted tendrá que resaturar esta mecha con gotas siguiendo el mismo procedimiento.

Es muy raro que una otitis externa se complique tanto que sea necesario hospitalizar al niño para administrarle antibióticos y analgésicos intravenosos.

Mientras dure el tratamiento, no debe permitir que su hijo practique la natación o cualquier otra actividad acuática. Aún así, podrá ducharse o bañarse diariamente y lavarse el pelo, siempre que usted le seque después bien las orejas con el extremo de una toalla o un secador (puesto a baja intensidad o lo suficientemente lejos de la oreja del niño). Una vez seco, vuelva a ponerle gotas. La infección del nadador no es contagiosa, por lo que no hará falta que su hijo se quede en casa, siempre que alguien se encargue de ponerle las gotas cuando le corresponda.

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