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Infección provocada por el VIH y el SIDA en niños

Todo el que haya leído algún periódico o visto algún noticiero de televisión durante los últimos años tiene que haber oído hablar de la infección provocada por el VIH (Virus de la Inmunodeficiencia Humana), que frecuentemente desemboca en la enfermedad del SIDA (Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida).

Los adolescentes y adultos pueden adquirir el virus por el contacto sexual. En los países industrializados la trasmisión heterosexual ha aumentado notablemente y actualmente las relaciones heterosexuales constituyen el principal factor de riesgo para la población femenina. El uso de drogas intravenosas constituye cada vez una vía menos frecuente de contagio y la contaminación de la sangre y otros productos derivados de la sangre ocurre muy raramente en los Estados Unidos, debido a los estrictos controles a que se someten estos materiales.

Los niños suelen contraer la infección al ser contagiados por sus madres, sea en el útero (al atravesar el virus la placenta), durante el parto (al entrar en contacto con la sangre y fluidos corporales de la madre) o al ingerir leche materna infectada. El porcentaje de hijos de madres infectadas por el VIH no tratadas que desarrolla la infección del VIH oscila entre el 13 y el 39 por ciento. Tratar a la madre y al recién nacido con zidovudina (AZT) disminuye las probabilidades de que el bebé desarrolle la infección del VIH a sólo uno de cada diez bebés, en lugar de uno de cada cuatro o cinco bebés no tratados.

Cuando una persona es contagiada por el virus VIH, éste permanece en su organismo de por vida. La persona que ha contraído la infección puede estar años sin presentar ningún síntoma de enfermedad. El SIDA se desarrolla sólo cuando el virus VIH mina las defensas de la persona infectada, proceso que puede tardar meses o años. Los niños usualmente suelen empezar a manifestar síntomas de estar infectados por el VIH alrededor de los dos años, pero la edad media en la que se manifiesta el SIDA es alrededor de los cinco años.

Los lactantes infectados por el VIH, al principio parecen estar sanos, pero los problemas van apareciendo de forma gradual. Por ejemplo, su peso y estatura no aumentan como lo esperado durante los primeros seis meses de vida. Tienen frecuentes episodios de diarrea o infecciones de piel de carácter leve. Los ganglios linfáticos de cualquier parte del cuerpo pueden estar inflamados y suelen tener infecciones persistentes en la boca (hongo, candida). El hígado y el bazo pueden presentar un aumento de tamaño.

Todos los síntomas mencionados son altamente sugestivos de infección por el VIH. Eventualmente, si la infección progresa y va minando las defensas, se desarrollaran las infecciones y cánceres relacionados con el SIDA. La más frecuente de estas infecciones, la neumonía por Pneumocystis carinii (PCP) cursa con fiebre y dificultad para respirar. Esta neumonía afecta sobre todo a lactantes entre tres meses de edad y un año. Es posible evitar la infección administrando antibióticos, y actualmente se recomienda administrar antibióticos preventivos a todos los niños de madres infectadas por el VIH a partir de las seis semanas de vida. Antes de interrumpir el tratamiento, el médico deberá determinar si el bebé está o no infectado por el virus.

Cuidados que debe recibir un niño infectado por el VIH

Existe abundante información que demuestra que los niños portadores del VIH deben recibir los mismos mimos y juegos que cualquier otro niño. La infección del VIH no se puede contagiar por el mero hecho de abrazarle. De ahí que estos niños deban ir, como cualquier otro niño, a guarderías o jardines de infancia y asistir a sesiones de juego. El personal del centro debe aprovechar todas las oportunidades para ayudarles a sentirse iguales a los demás niños. A menudo, las circunstancias de estos niños les obligan a vivir en situaciones o ambientes que no son precisamente los más idóneos para el crecimiento y el desarrollo. Debemos hacer todo lo posible por contrarrestar estos factores negativos. Tenemos la obligación de contribuir a que tengan un panorama positivo en la vida.

En un niño con VIH, las infecciones más comunes pueden provocar enfermedades devastadoras. Aún así, estos niños deben ir al centro preescolar o a la escuela cuando estén en condiciones de hacerlo. Si se ven expuestos a enfermedades contagiosas como la varicela, sus padres deben e ser informados y éstos, a su vez, deben comentarlo al pediatra. Llame inmediatamente al médico si el niño tiene fiebre, le cuesta respirar, tiene diarrea, problemas para tragar o la piel irritada o si se ha visto expuesto a alguna enfermedad contagiosa. De hecho, debe buscar ayuda médica aun ante cambios mínimos en su estado de salud, ya que el niño con VIH tiene dificultad para combatir incluso enfermedades leves.

Siempre que su hijo necesite atención médica, no olvide informar al personal que le atiende que está infectado por el VIH para que pueda diagnosticarlo y tratarlo adecuadamente y administrarle correctamente las vacunas.

Actualmente existen varios fármacos anti-retrovirales autorizados para su uso en niños. Entre ellos cabe señalar la zidovudina (AZT), la didanosina (ddi), y la lamivudina (3TC). Hay otros que están en proceso de prueba y aprobación. Estos agentes bloquean la replicación del virus y se ha demostrado que fomentan el crecimiento y el desarrollo neuronal al tiempo que retrasan el avance de la enfermedad. Es fundamental que su médico sepa lo antes posible que el bebé está infectado por el VIH para que se le administre el tratamiento anti-retroviral siguiendo las indicaciones que le dé el pediatra. En la actualidad se está trabajando intensamente en el desarrollo de nuevos tratamientos y es posible que en el futuro la supresión completa del virus se convierta en una realidad. Hay sin embargo ciertas guías específicas para el manejo de niños infectados con VIH.

Cómo vacunar a un niño de una madre infectada por el VIH

El pediatra de su hijo dispone de información actualizada sobre qué vacunas deben o no administrársele a un niño con VIH. A continuación, un breve resumen de las recomendaciones vigentes en la actualidad:

Los niños infectados con el VIH (infecciones de hongo bucales, infecciones menores recurrentes, ganglios linfáticos agrandados, hígado o bazo agrandados, o con infección generalizada), así como niños con VIH asintomático, deben ponerse las siguientes vacunas a las edades recomendadas habitualmente:

  • DTPa (difteria, tétanos y tos ferina acelular).
  • IPV (vacuna contra el virus de la poliomielitis inactivada), nunca la OPV.
  • Hepatitis B.
  • Hib (Haemophilus influenzae tipo b).
  • Los niños infectados por el VIH deben recibir la vacuna triple vírica (MMR), a menos que estén gravemente inmunodeprimidos. El pediatra sabrá si conviene o no inyectarle esta vacuna a su hijo.
  • Los niños infectados por el VIH no deben recibir la vacuna contra la varicela. Esta recomendación se está estudiando actualmente, por lo que podría cambiar.
  • Los niños infectados por el VIH deben ponerse, además, la vacuna contra el neumococo y la gripe (influenza). Los niños no infectados por el VIH que vivan en una casa donde haya niños o adultos infectados no deben recibir la vacuna OPV, puesto que podrían expulsar el virus a través de las heces e infectar a otros miembros de la familia más vulnerables.

La varicela y el sarampión pueden ser enfermedades serias para un niño con VIH. Si se viera expuesto a estas infecciones, se debe informar al pediatra para que le administre inmunoglobulina especial por vía endovenosa.

A veces, los padres de niños infectados por el VIH ocultan el diagnóstico a sus parientes, para evitar que esta información provoque rechazo. Sin embargo, la mayoría de las familias suelen reaccionar muy bien en estos casos, apoyando a los padres y asumiendo la responsabilidad del cuidado de sus hijos cuando aquéllos necesiten asistencia.

Si usted está embarazada

A todas las mujeres embarazadas se les debe proporcionar información actualizada sobre el VIH y se les debe hacer la prueba para determinar si están o no infectadas por este virus. Hacer el diagnóstico a tiempo es importante para la salud de la madre, y, además, el tratamiento puede reducir las probabilidades de trasmisión del virus al hijo.

En el salón de clase

Las actividades que se desarrollan rutinariamente en un salón de clase no suponen riesgo para la trasmisión del VIH. Este virus no se trasmite por contacto casual. No se transmite a través del aire, por el tacto, o por los asientos de los inodoros. Prácticamente todos los niños con el VIH pueden asistir regularmente a la escuela.

Aunque no existen pruebas de contagio del VIH en centros escolares o preescolares, la facilidad con que se trasmiten otras enfermedades infecciosas en estos centros exige la adopción de medidas higiénicas estrictas para tratar la sangre, las heces y otros fluidos corporales. La forma estándar de actuar en caso de pérdida de fluidos corporales consiste en lavar inmediatamente la piel expuesta al fluido con agua y jabón. La superficies sucias deben lavarse con un desinfectante como el cloro (disuelto en agua una parte en diez). Siempre que sea posible, se deben utilizar pañuelos y toallitas desechables. Así mismo, se recomienda el uso de guantes cuando haya que entrar en contacto con sangre, razón por la cual todo centro escolar o preescolar debe disponer de guantes. También es importante que se laven a fondo las manos después del cambio de pañales. Además, se debe insistir en que los niños se laven bien las manos después de utilizar el baño y antes de comer, y lo mismo debe hacer el personal antes de preparar la comida.

También es importante que las escuelas incluyan el tema del SIDA en su currículo. Todos los niños deben conocer los factores de riesgo para contraer esta infección a través de relaciones sexuales o uso de drogas intravenosas. Se les debe enseñar cómo evitar el contacto con la sangre u otros fluidos corporales que podrían estar contaminados por el VIH. Y se les debe dejar muy en claro que el VIH no se puede contagiar a través del contacto piel a piel.

Nuestra Posición

La Academia Americana de Pediatría está a favor de legislaciones y políticas de la administración pública que buscan eliminar cualquier forma de discriminación basada en la prueba del VIH.

El SIDA en las escuelas. La mayoría de niños infectados por el VIH deben asistir a la escuela o a centros preescolares sin ninguna restricción, con la aprobación de su pediatra.

Legislación sobre el SIDA. Mientras la cantidad de niños, adolescentes y mujeres jóvenes infectadas por el VIH siga creciendo, la Academia continuará apoyando la asignación de fondos federales para investigación sobre el SIDA y para centros y servicios especializados en la atención de personas infectadas por el VIH y sus familias.

La prueba del SIDA. La Academia Americana de Pediatría recomienda incluir la prueba del SIDA y educación sobre esta enfermedad en los análisis rutinarios que se realizan a toda mujer embarazada, siempre y cuando se cuente con su consentimiento informado. Todas las mujeres deben recibir información sobre el VIH como parte integrante de un programa educativo global de salud. La Academia también recomienda que se haga la prueba del SIDA a todo recién nacido cuya madre no se haya hecho dicha prueba.

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