Bebe y niños

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El niño de los cuatro a los cinco años

Antes de que usted se dé cuenta, el niño de tres años relativamente tranquilo que tenía en casa se convertirá en un generador de energía, motivación, ganas de dominar la situación, beligerancia y comportamiento errático. Es posible que todo esto le recuerde las tribulaciones que le hizo pasar cuando cumplió dos años, pero ahora su hijo va a tomar una dirección muy distinta. Aunque le puede parecer que va de un lugar a otro sin rumbo fijo, de hecho está aprendiendo de todas estas experiencias. Al final se acabará tranquilizando (justo cuando usted creía que no iba a poder soportarlo ni un día más), y, conforme se acerque a su quinto cumpleaños, se irá transformando en un niño mucho más calmado y seguro de sí mismo.

Entre tanto, ésta será una edad bastante difícil. Cada día habrá un nuevo reto que afrontar. Los altibajos emocionales de los niños de esta edad les hacen parecer seguros y presuntuosos en un momento dado, e inseguros y llorones al cabo de un minuto. Además, los niños de esta edad están muy apegados a la rutina y se resisten al cambio por miedo a no saber cómo actuar. Esta resistencia ante la novedad es una manifestación de la inseguridad que sienten.

El carácter errático de su comportamiento también se pondrá de manifiesto en su forma de hablar. A los niños de esta edad les encanta decir palabrotas y observar la expresión de sus padres cuando las dicen. Utilizan las palabras más para provocar una reacción que por cualquier otro motivo así que no se exalte demasiado por este motivo.

Esa máquina generadora de energía que es su hijo todavía tiene una idea muy limitada de lo que significa la palabra "propiedad". A sus ojos, todo les pertenece. Pero esto no significa que los niños de cuatro años sean ladrones o mentirosos; simplemente creen que todo es suyo.

Durante este año también le llamará la atención el tremendo caudal de ideas fantasiosas que ocuparán la mente de su hijo y saldrán por su boca. Hablar sobre los "monstruos" que vio en la escuela o el "dragón" que le ayudó a cruzar la calle, es el pan de cada día en la vida de un niño de cuatro años. Es el reflejo de que a esta edad los niños están intentando distinguir entre fantasía y realidad y sus fantasías a veces se descontrolan un poco. Este tipo de comportamientos y reflexiones ayudarán a su hijo a sentar unas bases sólidas a medida que ingresa al mundo escolar.

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