Bebe y niños

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El milagro de ser padres

Su hijo o hija es el mejor regalo que recibirá en toda su vida. Desde el primer momento en el que tome en brazos a ese milagro de vida, su mundo se ensanchará y se enriquecerá. Experimentará multitud de sentimientos, algunos de dicha, admiración y asombro; otros de confusión y agobio, y se preguntará si será capaz de colmar las necesidades de su bebé. Sentirá cosas que jamás había imaginado, sentimientos que sólo surgen cuando se tienen hijos.

El vínculo que se crea entre padres e hijos es tan intenso y personal, que resulta difícil describir todas esas sensaciones y sentimientos. ¿Por qué se nos llenan los ojos de lágrimas cuando nuestro hijo nos sonríe por primera vez? ¿Por qué nos sentimos tan orgullosos de sus primeras palabras? ¿Por qué se nos desboca el corazón la primera vez que vemos cómo tropieza y se cae? La respuesta reside en la relación bidireccional y absolutamente única que se establece entre padres e hijos.

Lo que le ofrece su hijo

Las cosas que le ofrece su hijo, aunque sencillas, son lo suficientemente importantes como para cambiar su vida positivamente.

Amor absoluto. Desde el momento de su nacimiento, usted será el centro del universo de su hijo. Le entregará todo su amor sin pedirle nada a cambio. A medida que crece, le demostrará lo mucho que le quiere de mil maneras diferentes, desde dedicándole sus primeras sonrisas hasta regalándole una tarjeta en el dia del amor y la amistad. Su amor se nutre de la admiración, el afecto, la lealtad y un intenso deseo de complacerle.

Plena confianza. Su hijo cree y confía en usted. A sus ojos, usted es fuerte, capaz, poderoso y sabio. Con el tiempo, le demostrará su confianza relajándose cuando usted esté cerca, buscándole cuando tenga algún problema, y enorgulleciéndose de usted ante los demás. A veces, también acudirá a usted para que le proteja de las cosas que le asustan, incluyendo sus propios sentimientos. Por ejemplo, cuando usted esté a su lado, puede atreverse a hacer cosas nuevas, que jamás haría estando solo o en presencia de un extraño. Confía en que usted velará por su seguridad.

El entusiasmo de descubrir cosas nuevas. Tener un hijo le ofrece la oportunidad única de redescubrir el placer y el entusiasmo de la infancia. Aunque usted no puede volver a vivir su propia vida a través de su hijo, sí puede compartir su emoción al explorar el mundo. En este proceso, probablemente descubrirá capacidades y talentos que jamás soñó poseer. La empatia, mezclada con un creciente conocimiento de sí mismo, le ayudarán a mejorar su capacidad de jugar y relacionarse con su hijo. El hecho de descubrir cosas los dos juntos, se trate de nuevas habilidades, palabras o formas de superar obstáculos, se sumará a su experiencia y a su confianza en sí mismo como padre y le preparará para asumir retos que usted jamás imaginó.

Emociones intensas. Gracias a su hijo experimentará la alegría, el amor, el orgullo y el entusiasmo de una forma totalmente nueva. Probablemente también experimentará ansiedad, enfado y frustración. Por mucho que usted se deleite durante esos momentos maravillosos en que, al coger a su hijo en brazos, siente sus amorosos bracitos alrededor del cuello, habrá momentos en que se sentirá incapaz de comunicarse con él. Estos sentimiento extremos se irán haciendo más patentes conforme su hijo se vaya haciendo mayor e intente conquistar su independencia. El mismo niño que a las tres está bailando alegremente con usted, puede sorprenderle con un inesperado ataque de rebeldía a las cuatro. Estas reacciones extremas no son ninguna contradicción sino, simplemente, parte del crecimiento. El reto que usted debe afrontar, como padre, es aceptar y valorar todos los sentimientos que su hijo exprese o despierte en usted, y utilizarlos para guiarle firmemente.

Lo que usted le ofrece a su hijo

Como padre, lo que usted puede aportarle a su hijo es de vital importancia. Algunas de estas cosas son sutiles, pero fundamentales. El hecho de ofrecérselas le convertirá en una buena madre o un buen padre. El hecho de recibirlas convertirá a su hijo en una persona sana, alegre y capaz.

Amor incondicional. El amor constituye el núcleo de la relación con su hijo. Debe fluir libremente en ambas direcciones. Del mismo modo que él le quiere a usted sin reservas, usted debe ofrecerle todo su amor y aceptarlo de forma absoluta. Su amor no debe depender del aspecto que tenga o de lo bien que se porte. Nunca debe ofrecérselo como recompensa ni amenazarlo con retirárselo si se porta mal. Su amor por su hijo es algo incondicional e incuestionable y es usted quien debe trasmitirle este mensaje, sobre todo cuando se porte mal y deba fijarle límites o corregir su comportamiento. Su amor debe estar por encima de cualquier sentimiento pasajero de enfado o frustración por la forma en que se comporte su niño. No confunda nunca a su hijo con su conducta, y no permita que él crea que usted actúa de ese modo. Cuanto más seguro esté su hijo del amor que usted le tiene, más seguridad tendrá en sí mismo cuando sea mayor.

Autoestima. Uno de los mejores regalos que los padres pueden hacerle a su hijo es fomentar su autoestima. No se trata de un proceso fácil ni rápido. Hacen falta años para que el autorespeto y la capacidad de confiar y creer en uno mismo —bases sobre los que se asienta la autoestima— se establezcan firmemente. Su hijo o hija necesita todo su apoyo y su estímulo para poder descubrir sus puntos fuertes. Necesita que usted crea en él o ella para que aprenda a creer en sí mismo. Demostrarle que le quiere, dedicarle tiempo, escucharle y elogiar sus logros, todo ello forma parte de este proceso. Si él confía en su amor, admiración y respeto, le resultará mucho más fácil desarrollar una autoestima sólida, necesaria para crecer feliz y emocionalmente sano.

Valores y tradiciones. Independientemente de si usted desea o no inculcarle sus valores y creencias a su hijo, él absorberá algunos de ellos por el simple hecho de convivir con usted. Su hijo se dará cuenta de lo responsable que usted es en el trabajo, lo profundas que son sus convicciones y si practica o no lo que predica. Su hijo participará en los ritos y celebraciones familiares y reflexionará sobre su significado. No puede pretender que su hijo comparta todas sus opiniones, pero sí puede exponerle sus creencias con sinceridad, claridad y sensatez, teniendo en cuenta la edad y la madurez del niño. No debe darle sólo órdenes, sino ofrecerle su guía e infundirle ánimo. Cuando la edad y el lenguaje del niño lo permitan, anímelo a que le haga preguntas y fomente el diálogo, en vez de forzarlo a asumir sus propios valores. Si sus convicciones son sensatas y usted cree sinceramente en ellas, es probable que su hijo adopte gran parte de las mismas. Si sus acciones no son congruentes con lo que predica, algo que nos ocurre a todos, es muy probable que sea su hijo quien le haga darse cuenta de ello, sea sutilmente a través de su forma de comportarse o, cuando sea mayor, mostrándose en desacuerdo con usted. El camino para adquirir valores no es recto ni infalible. Exige una flexibilidad asentada sobre unas bases firmes. Conocernos a nosotros mismos, estar dispuestos a escuchar a nuestros hijos y estar abiertos al cambio cuando sea conveniente y, sobre todo, demostrar con nuestras obras nuestra firme adhesión a lo valores que defendemos, son ingredientes fundamentales para mantener una buena relación con nuestros hijos. Aunque la elección de valores y principios es algo que, en última instancia, deben hacerla ellos mismos, lo que sí está en nuestras manos es proporcionarles las bases de esa elección, a través de nuestras ideas y reflexiones, y sobre todo, de nuestro comportamiento y nuestras obras.

Alegría de vivir. Su niño no necesitará que le enseñe a ser alegre, pero sí necesita el permiso y algunas veces el estímulo para que su entusiasmo natural fluya libremente. Cuanto más alegre sea usted, sobre todo cuando esté a su lado, más atractiva le parecerá la vida a su hijo y más disfrutará de las cosas. Cuando oiga música, bailará; cuando el sol brille, mirará hacia el cielo; cuando esté contento, reirá. Estas ganas de vivir se manifiestan a través del interés, la curiosidad y el deseo de explorar cosas y lugares nuevos, descubrir el mundo que le rodea e ir incorporando las nuevas imágenes, objetos y personas a su creciente cúmulo de experiencias. Debe tener en cuenta, no obstante, que no todos los bebés son iguales: algunos son más alegres, otros más bulliciosos, otros más juguetones y otros más reservados. Cada bebé demuestra su alegría de vivir a su manera, y es usted, como padre, quien debe descubrir en qué consiste esa manera para poder estimularlo y ayudarle a expresarla libremente.

Buena salud. La salud de su hijo depende en gran medida de los cuidados y de la guía que usted le proporcione durante sus primeros años de vida. El proceso empieza con el embarazo, cuando usted acude regularmente a sus citas y se prepara para el parto. Si después lleva a su hijo regularmente al pediatra, lo protege de lesiones, le da una alimentación equilibrada y lo anima a que haga ejercicio desde niño, le ayudará a fortalecer su cuerpo y a tener buena salud. Usted mismo deberá mantener buenos hábitos alimentarios y evitar hábitos insanos, como fumar, beber en exceso, consumir drogas y no hacer ejercicio físico. Actuando de este modo, dará a su hijo un buen ejemplo a seguir cuando sea mayor.

Un entorno seguro. Naturalmente usted desea que su hijo viva en un hogar seguro y confortable. Esto significa mucho más que una cama caliente donde dormir y un arsenal de juguetes. Proporcionarle un hogar que le reporte seguridad emocional con el mínimo de estrés y el máximo de consistencia y amor es tan importante como darle un techo que le proteja y le reporte una seguridad física. Su hijo puede percibir los problemas que hay entre otros miembros de la familia y puede sufrir mucho por este motivo. Por eso es importante que todos los miembros de la familia intenten resolver de forma cooperativa, directa y rápida hasta los conflictos más mínimos. Es posible que esto implique pedir ayuda profesional, pero recuerde que mantener un buen clima familiar es un requisito indispensable para que su hijo desarrolle todas sus potencialidades. Si los miembros de su familia son capaces de afrontar sus diferencias con eficacia, su hijo se sentirá seguro de su habilidad para afrontar los conflictos y desacuerdos, y tendrá un buen ejemplo a seguir a la hora de afrontar los retos que le depare la vida.

Habilidades y destrezas. A medida que su hijo crece, pasará la mayor parte del tiempo adquiriendo y puliendo habilidades y destrezas en todos los ámbitos de su vida. Usted debe hacer todo cuanto esté en sus manos, animándole y facilitándole la indumentaria y la formación que necesite. En cuanto su hijo entre en la etapa pre-escolar, los libros, las revistas, los grupos de juego, y el jardín infantil empezarán a desempeñar un papel central en su vida. Es importante que usted no se olvide de algunos principios básicos del aprendizaje: su hijo aprenderá más y mejor si se siente seguro, tranquilo y querido, y si se le presenta la información de forma adecuada. Cierta información se trasmite mejor a través del juego que es el lenguaje de los niños. Los niños pequeños pueden aprender gran cantidad de información jugando, sobre todo cuando lo hacen con sus padres o amigos. Hay información que se aprende mejor a través de la experiencia directa. Esto implica exponer al niño a lugares, personas, actividades y experiencias nuevas. Otras cosas se trasmiten mejor a través de relatos, libros de ilustraciones, revistas, o libros de actividades. Y hay cosas que su hijo aprende por observación, sea observándole a usted o a otros niños y adultos. Las experiencias pre-escolares también fomentan la socialización.

Si usted disfruta aprendiendo y descubriendo cosas con su hijo, él en seguida se dará cuenta de que el logro puede ser una fuente de satisfacción personal, aparte de una forma de complacerle a usted. El secreto está en darle las oportunidades que necesita para aprender, y dejarle que lo haga a su modo y a su ritmo.

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