Bebe y niños

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El biberón suplementario

Usualmente es mejor distribuir las tomas de un recién nacido a lo largo de las veinticuatro horas del día. Esto será más fácil si le dejan tenerlo con usted en la habitación del hospital. Es posible que se sienta tentada a dejar a su hijo en la sala de recién nacidos para poder dormir por la noche de forma ininterrumpida. Sin embargo, las investigaciones han demostrado que las madres que tienen a sus hijos en su habitación las veinticuatro horas al día duermen exactamente la misma cantidad de tiempo que las madres cuyos hijos pasan la noche en la sala de recién nacidos. Además, si su hijo está todo el día a su lado, podrá evitar que le den agua o leche de fórmula durante los primeros días, lo que podría interferir con la lactancia materna.

Pero, si no puede proveerle varias tomas seguidas, el niño deberá tomar o bien leche extraída de su pecho, sea manualmente o con la ayuda de un extractor, o bien leche de fórmula. En ambos casos, usted deberá sacarse leche para estimular su producción ininterrumpida. La leche de fórmula puede sustituir a la leche materna durante las primeras tres o cuatro semanas sólo cuando sea absolutamente necesario y no se le debería dar al bebé más de un biberón cada veinticuatro horas, ya que el hecho de que el bebé se acostumbre a tomar el biberón podría interferir con la lactancia materna. Por norma, sólo se debe acudir a la leche de fórmula cuando la madre esté enferma o deba tomar alguna medicina que podría pasar a la leche y perjudicar al niño. La mayoría de las medicinas suelen ser seguras durante la lactancia, pero siempre deben recibir la aprobación del pediatra o el farmacéutico.

Cuando vea que la lactancia materna está funcionando y que ya tiene un suministro de leche establecido (generalmente al cabo de cuatro semanas), usted podría introducir algún biberón de vez en cuando, sea de su propia leche o de leche de fórmula, para que tenga la opción de estar fuera durante algunas tomas. Probablemente esto no interferirá con los hábitos de lactancia de su hijo, pero puede provocar otro problema: es posible que sus pechos se congestionen y empiecen a gotear leche. Puede mitigar la congestión sacándose leche para vaciarlos. Llevando discos absorbentes podrá solucionar el problema del goteo. (Algunas mujeres tienen que llevar discos absorbentes constantemente durante el primer mes o los dos primeros meses de lactancia.) Además, si usted se saca leche con antelación y la guarda, alguien podrá dársela en el biberón a su hijo, en lugar de la leche de fórmula. En bebés cuyas familias tienen historial de alergias, es muy recomendable evitar la leche de fórmula.

La leche se puede extraer manualmente o utilizando un extractor. Si prefiere extraerla manualmente, asegúrese de que sus manos y el área del pezón están bien limpias y utilice un recipiente estéril para recoger la leche. Sosténgase el seno con una mano, colocando los dedos en la parte superior e inferior de la areola. A continuación, presione rítmicamente el seno contra el pecho hasta que la leche empiece a fluir o a salpicar. La técnica manual descrita anteriormente funciona igual de bien. Transfiera la leche a un biberón estéril, un recipiente de plástico rígido o una bolsa de plástico especial y guárdela en la nevera.

La mayoría de las madres encuentran más fácil utilizar un extractor que sacarse la leche manualmente. Los extractores manuales se pueden adquirir en la mayoría de farmacias o tiendas de artículos para bebé. Evite los extractores "tipo pera". Su diseño no es eficaz, ya que permite que la leche bombeada fluya hacia atrás impregnando la pera de goma, que es virtualmente imposible de limpiar. Por lo tanto, la leche se puede contaminar.

¿Cuál es la mejor elección? Los extractores más utilizados son los que constan de dos cilindros, uno colocado dentro del otro, adosados a un dispositivo rígido en forma de embudo que se ajusta al seno. Cuando se desplaza el cilindro exterior hacia arriba y hacia abajo, se crea una presión negativa sobre el área del pezón y la leche se recoge en el cilindro interior. Este cilindro puede utilizarse con una mamadera especial para que el bebé pueda alimentarse sin que sea necesario transferir la leche a otro recipiente, y todo el extractor puede lavarse en la lavadora de platos. Varias empresas fabrican distintas versiones de este diseño básico.

Algunos extractores que utilizan una pera de goma para crear una presión negativa, aspirando la leche hacia un biberón, son efectivos para algunas mujeres. Tienen un reborde suave y flexible que se ajusta al pezón, haciendo que la areola produzca leche al bombear.

Los extractores eléctricos son más eficaces que los manuales o que la manipulación directa de los senos. Se utilizan básicamente para inducir o mantener la lactancia, cuando la madre no puede dar el pecho a su hijo durante varios días. Estos extractores son más fáciles de usar y más eficaces que los manuales, pero también cuestan bastante más. Los más elaborados cuestan más de $1,000 dólares, por lo que, si usted va a necesitar un extractor durante un período de tiempo breve, resulta mucho más económico alquilarlo a un hospital, una tienda de suministros médicos o agencia de productos relacionados con la lactancia. También puede comprarse un extractor eléctrico pequeño y portátil, que cuesta alredador de $75 dólares. Si tiene que reincorporarse al trabajo al poco tiempo del nacimiento de su hijo pero quiere seguir dándole el pecho, es fundamental que consiga un extractor para sacarse leche.

A la hora de comprar o alquilar un extractor eléctrico, asegúrese de que hace que la leche salga de forma continua ejerciendo una presión variable y que no se trata simplemente de un dispositivo de succión. También existe la posibilidad de adquirir un extractor que permite extraer leche de ambos senos a la vez; con lo que aumentará su producción de leche y ahorrará tiempo.

Independientemente del extractor que elija, fíjese en que todas las partes que entran en contacto con la piel o la leche pueden desmontarse y esterilizarse. En caso contrario, el extractor se convertirá en un campo de cultivo para las bacterias y la leche no será segura para su hijo. Siempre que utilice el extractor, lávese antes las manos.

La leche debe guardarse en frascos estériles, preferentemente de cristal o plástico rígido o en bolsas de plástico especiales. Las bolsas desechables que se acoplan al biberón no son lo suficientemente fuertes ni gruesas para evitar la contaminación de la leche. Si piensa darle la leche a su hijo durante las siguientes cuarenta y ocho horas, deberá cerrarla herméticamente y guardarla en la nevera. Si no utiliza la leche que ha guardado en la nevera antes de que pasen 48 horas, deberá botarla. Se puede congelar luego de un máximo de 24 horas de refrigerada.

Si usted sabe con antelación que no va a utilizar la leche durante los dos próximos días, congélela inmediatamente. La leche congelada dura por lo menos dos semanas y hasta por dos meses. Guárdela en la parte de atrás del congelador. Si dispone de un armario congelador, le puede durar hasta seis meses. Es conveniente poner una etiqueta con la fecha de extracción en cada recipiente, para que utilice primero la leche que se extrajo antes. Es útil congelar la leche en porciones de entre 3 y 4, la cantidad aproximada de una toma. También resulta conveniente congelar pequeñas cantidades de leche (entre 1 y 2 onzas), para tenerlas a mano por si el bebé parece quedarse con hambre en alguna de las tomas.

Cuando vaya a utilizar la leche almacenada, tenga en cuenta que su hijo está acostumbrado a tomarla a la temperatura de su cuerpo, por lo que deberá calentarla por lo menos hasta que esté a temperatura ambiente antes de dársela (de 68° a 72° Farenheit). La forma más sencilla de calentar leche fría o congelada es colocar el recipiente en agua caliente e ir girándolo frecuentemente. Para acelerar el proceso, puede colocar el recipiente en una olla llena de agua y calentarla a fuego bajo en la estufa. También puede descongelar la leche dejándola a temperatura ambiente, pero el proceso será mucho más lento y, si se deja la leche fuera de la nevera durante muchas horas, es posible que le crezcan bacterias.

No debe utilizar el microondas para calentar biberones. Los microondas calientan excesivamente la leche en el centro del recipiente. Aunque al tacto le parezca que el biberón está a una temperatura agradable, la leche caliente del centro del biberón puede quemar la boca del bebé. Además, el biberón podría llegar a explotar si lo deja en el microondas durante demasiado tiempo.

En algunas ocasiones, al descongelarse la leche, es posible que se forme nata, pero esto no supone ningún problema. Basta con que agite suavemente el biberón para que la leche vuelva a adquirir una consistencia uniforme. La leche descongelada debe utilizarse en un plazo máximo de 4 horas. Nunca la vuelva a congelar.

No todos los niños acostumbrados a la lactancia materna reaccionan del mismo modo ante el biberón. Algunos lo aceptan enseguida, independientemente del momento en que se introduzca. A otros les gusta tomarse un biberón de vez en cuando, pero sólo si se lo da una persona que no sea su madre o cuando ella está fuera de casa.

Para aumentar las probabilidades de que un lactante acepte el biberón, lo mejor es que primero se lo ofrezca una persona que no sea su madre y, a ser posible, cuando ella no esté presente. Una vez se haya familiarizado con el biberón, es posible que acceda a tomárselo delante de su madre e, incluso, que se lo pueda dar ella misma, pero no se puede dar como un hecho. Si quiere disminuir la resistencia al cambio definitivo del pecho al biberón, ofrézcale a su hijo por lo menos un biberón a la semana a partir del segundo mes. En otros casos, un lactante puede no necesitar nunca un biberón, y el destete puede hacerse directamente del pecho al vaso.

Sistemas de ayuda a la lactancia

La cantidad de leche que producen sus senos depende de la cantidad de leche que salga de ellos. Por lo tanto, si se salta muchas tomas, su cuerpo reducirá automáticamente la producción de leche. Esto le puede ocurrir incluso a pesar de que se saque leche cuando tenga que saltarse alguna toma porque los extractores no estimulan ni vacían los pechos tan eficazmente como la succión de un bebé.

Si tiene que saltarse varias tomas por motivos de enfermedad o porque su hijo no sabe mamar por alguna razón, existe la posibilidad de seguir alimentando al bebé mientras va reestableciendo la producción de leche utilizando un sistema de ayuda a la lactancia, un aparato que permite alimentar al bebé de forma suplementaria con leche de fórmula. Contrario a lo que ocurre con el biberón, que enseña al bebé a alimentarse lejos del pecho materno, este aparato proporciona leche de fórmula suplementaria, mientras el bebé permanece pegado al seno.

Consta de un pequeño recipiente de plástico que contiene leche de fórmula o leche materna previamente extraído que cuelga de un cordel que la madre se coloca alrededor del cuello. Del recipiente sale un tubito flexible de plástico que pasa por encima del seno acabando a la altura del pezón. El extremo del tubito se coloca en la comisura de la boca del bebé cuando succiona. Al succionar, el bebé obtiene la leche contenida en el recipiente y, por lo tanto, a pesar de que la madre no produzca suficiente leche, su hijo estará bien alimentado. Esto hará que se estimule su deseo de amamantar y, a su vez, estimulará la producción de leche.

Este dispositivo, de venta en tiendas de suministros médicos y en alguna farmacias, también se puede utilizar para enseñar a mamar a los bebes que tienen problemas con la lactancia. Puede incluso estimular la lactancia en madres adoptivas, o en madres que han dejado de dar el pecho durante un tiempo prolongado y desean volver a hacerlo. Aunque los sistemas de ayuda a la lactancia no ofrecen garantías de éxito seguro, para aquellas mujeres que, de otra forma se verían obligadas a abandonar la lactancia materna, constituyen una buena opción.

Los sistemas de ayuda a la lactancia también se utilizan en casos de ictericia provocada por la leche materna. La ictericia asociada a la lactancia es un trastorno que se da en bebés amamantados de entre 4 días y dos semanas de edad. Esta ictericia, que a veces puede ser pronunciada, se debe a que algunos componentes de la leche interfieren con el proceso de eliminación de la bilirrubina del cuerpo del lactante. (La bilirrubina es una sustancia química que se forma durante la ruptura normal de viejos glóbulos rojos. La sangre de cualquiera persona contiene pequeñas cantidades de bilirrubina, pero los recién nacidos suelen tener niveles más elevados de esta sustancia porque tienen glóbulos rojos extra en el momento del nacimiento y su hígado, todavía inmaduro, tiene dificultades para procesar este exceso de bilirrubina.) Esta ictericia no suele provocar problemas graves, pero si se prolonga mucho, el pediatra querrá ver al niño. Es posible que recomiende interrumpir la lactancia materna durante un período de tiempo breve.

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