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El bebé de los cuatro a los siete meses

Cuando su hijo cumpla cuatro meses, probablemente usted ya habrá establecido una rutina en lo que respecta a su alimentación, siestas, baños y hora de acostarlo en la noche. Esta rutina permitirá que las cosas sean predecibles, lo que contribuirá a que su hijo se sienta seguro, y le permitirá a usted programar sus actividades. Sin embargo, esa rutina debe ser flexible para dar lugar a momentos de diversión improvisados. Ir a dar un paseo cuando después de un día gris sale el sol, una visita inesperada de los abuelos a la hora del almuerzo o ir al zoológico o al parque en familia, son magníficas excusas para romper la rutina. Estar abierto a la novedad y a los impulsos hará que su vida en común sea mucho más agradable y ayudará a su hijo a adaptarse a todos los cambios que va a tener que afrontar en el futuro.

Por el momento, los cambios más importantes son los que están teniendo lugar en su interior. En este período va a aprender a coordinar sus capacidades emergentes de percepción (utilizar los sentidos de la vista, el tacto y el oído) y sus capacidades motoras en proceso de expansión, desarrollando habilidades como agarrar cosas, darse la vuelta, sentarse y, quizás, hasta gatear. El control, que es tan evidente en el plano motor, se pondrá de manifiesto en todas las facetas de su vida. En vez de reaccionar fundamentalmente por reflejos, como hacía durante los primeros meses de vida, ahora decidirá lo que quiere o no quiere hacer. Por ejemplo, cuando era un recién nacido chupaba prácticamente todo lo que entraba en contacto con su boca; pero ahora tendrá preferencias claras. Mientras que en el pasado se limitaba a mirar un nuevo objeto, ahora se lo llevará a la boca, lo palpará y explorará todas sus características.

Ahora su hijo sabrá comunicar mejor sus emociones y sus deseos, lo que hará con frecuencia. Por ejemplo, llorará no sólo cuando tenga hambre o se sienta molesto, sino también cuando quiera otro juguete o desee cambiar de actividad.

También notará que su hijo, de cinco o seis meses, se pone a llorar cuando usted sale de la habitación o cuando entra un extraño de repente. Esto se debe a que está estableciendo un fuerte vínculo de apego con usted y las demás personas que habitualmente cuidan de él. Ha aprendido a asociarle con el bienestar y a distinguirlo de otras personas. Incluso si no se pone a llorar ante la visión de un extraño, su hijo demostrará esta nueva capacidad examinando atentamente el rostro de esa persona. Cuando tenga entre ocho y nueve meses, probablemente rechazará abiertamente a un extraño que se le acerque demasiado. Esta reacción, conocida como "ansiedad ante los desconocidos", señala el principio de una etapa del desarrollo completamente normal.

Sin embargo, durante los meses que preceden a la etapa de la "ansiedad ante los desconocidos", su hijo atravesará probablemente un período de "don de gentes", sonriendo y jugando con todo el que se cruce en su camino. Su personalidad empezará a manifestarse abiertamente y hasta las personas que lo vean por primera vez percibirán algunos de sus rasgos. Aproveche la sociabilidad de esta fase para introducir a aquellas personas que le ayudarán a cuidar de su hijo en el futuro: niñeras, parientes o amigos. Esto no es ninguna panacea contra las tempestades de la etapa de la "ansiedad ante los desconocidos", pero quizás ayude a capear el temporal.

Durante estos meses también aprenderá, si es que todavía no se ha dado cuenta, que no existe una fórmula para criar a un niño ideal. Tanto usted como su hijo son únicos y la relación que mantienen también es singular. Por lo tanto, lo que funciona con un niño no tiene por qué funcionar con otro. Usted tiene que descubrir lo que funciona en su caso mediante ensayo-error. Mientras que es posible que el bebé de los vecinos no tenga ningún problema para conciliar el sueño y duerma toda la noche seguida, su hijo puede necesitar que lo carguen, lo abracen y lo acunen para poder dormirse cuando lo acuesta y para volver a conciliar el sueño cuando se despierta a media noche. Es posible, por ejemplo que, mientras que su primer hijo necesitaba mucho consuelo y muchos abrazos, el segundo necesite estar más tiempo a solas. Estas diferencias individuales no implican necesariamente que el modo en que está criando a su hijo sea "bueno" o "malo"; implican, simplemente, que cada niño es único y como tal se le debe educar. Con el paso del tiempo, usted irá conociendo cada vez mejor los rasgos individuales de cada uno de sus hijos y desarrollará pautas de actividad y de relación adaptadas específicamente a cada uno de ellos. Si usted es flexible y está abierto a estos rasgos especiales, sus hijos le guiarán en la dirección adecuada.

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