Bebe y niños

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Disciplina del niño de tres a cinco años

Cuando tenga cuatro años, su hijo o hija tendrá relativamente bajo control sus reacciones emocionales impredecibles, pero todavía no sabrá controlar sus deseos de desafiar a la autoridad. Por lo tanto, a esta edad, es posible que desobedezca intencionadamente las normas familiares, que le conteste, le grite e, incluso, le insulte. A menudo se portará mal sólo por fastidiarle. Por muy irritante o embarazoso que le parezca este comportamiento, muy pocas veces es el síntoma de un trastorno emocional y, si usted lo toma con tranquilidad, probablemente desaparecerá a comienzos de la etapa escolar.

Esto no significa que usted tenga que dejar que su hijo le controle y le intimide. Lo crea o no, esto no es lo que él desea. Muy al contrario, lo que espera es que usted lo detenga cuando se pase de la raya, del mismo modo que asume que usted le protegerá si hace algo peligroso. Por lo tanto, debe enseñarle qué comportamientos son aceptables y cuáles inaceptables. La única forma de que aprenda a fijarse sus propios límites más adelante es que usted le fije ahora unos límites razonables.

A la hora de decidir los límites a establecer, conviene que tenga en cuenta que muchas de las estrategias que utilizó cuando su hijo era más pequeño siguen siendo útiles ahora. Continúa siendo importante recompensar la conducta deseable más a menudo que castigar la conducta indeseable, y evitar los castigos físicos. Y sigue siendo fundamental corregir la mala conducta interviniendo inmediata y consistentemente en vez de esperar y dejar que su hijo se olvide de lo que ha hecho mal.

A esta edad, su hijo es mucho más consciente que antes de cuándo se porta mal. Durante la primera infancia actuaba sobre todo por curiosidad, intentando encontrar y poner a prueba sus propios límites; ahora, como preescolar, su comportamiento será mucho menos inocente. Un niño de tres años, al enterarse de que su madre está embarazada o de que sus padres se van a separar, por ejemplo, puede reaccionar haciendo deliberadamente algo que sabe que no está permitido. Es posible que no entienda las emociones que le están llevando a saltarse las normas, pero no cabe duda de que sabe que se las está saltando.

Para frenar este tipo de conductas, ayude a su hijo a expresar sus emociones a través de las palabras en lugar de a través de actos violentos, o desagradables. Si una niña le dá una patada a su madre, esta puede decirle: "¡No más! Estás enfadada. ¿Dime qué pasa?" Si, después de esta intervención, la niña sigue comportándose así, lo mejor será mandarla a su cuarto o a una esquina.

A veces su hijo no sabrá por qué está enfadado y usted tendrá que ayudarle a descubrirlo. Aunque esto puede ser un verdadero reto para su paciencia, puede estar seguro de que merece la pena. Generalmente, verá las cosas mucho más claras si analiza la situación desde el punto de vista del pequeño. La madre embarazada que acabamos de describir, por ejemplo, puede sugerirle a su hija: "Estás enfadada por el bebé, ¿verdad?" Este enfoque le resultará mucho más eficaz si usted anima a su hijo o hija a que le hable habitualmente sobre sus problemas y sentimientos.

"Pausa obligada"

Aunque no se puede ignorar un comportamiento peligroso o destructivo, hay casos en que es mejor utilizar la "pausa obligada". Esta técnica resulta especialmente eficaz con niños de tres y cuatro años, que generalmente saben cuándo han hecho algo realmente grave y entienden por qué se les castiga. Para aplicar la "pausa obligada", proceda del siguiente modo:

  1. Defina el comportamiento que quiere erradicar y registre su frecuencia de ocurrencia. Los castigos sólo deben aplicarse cuando el niño hace intencionadamente algo que sabe que está prohibido.
  2. Avise a su hijo que, si continua así, lo castigará.
  3. Reserve una zona para aplicar la "pausa obligada", preferentemente una habitación que no contenga juguetes, televisión ni cualquier otra distracción, en otras palabras, una habitación que sea lo más aburrida posible. Si no dispone de una habitación con estas características, puede usar una silla orientada de cara a la pared en un corredor o en una habitación donde no haya nadie.
  4. Cuando su hijo haga algo que sabe que se castiga con una "pausa obligada", envíelo inmediatamente a la zona reservada para tal propósito y dígale cuánto tiempo tendrá que permanecer allí. Cinco minutos suelen bastar. Deje un despertador o un cronómetro a la vista para que él mismo pueda controlar el tiempo.
  5. Si llora o grita, vuelva a poner el cronómetro a cero. Si abandona la zona reservada para al "pausa obligada", vuélvalo a llevar allí y empiece a contar el tiempo desde ese momento.
  6. Utilice la "pausa obligada" cada vez que su hijo viole esa norma en concreto. Así mismo, siempre que usted se dé cuenta de que su hijo la está respetando, felicítelo por su buen comportamiento.

Mentir

Mentir, a esta edad, es algo bastante habitual. Los preescolares pueden mentir por diversas razones. A veces lo hacen por miedo al castigo, o porque se dejan llevar por la imaginación, o tal vez porque están imitando una conducta que han visto hacer a los adultos. Antes de castigar a su hijo o hija por no decir la verdad, asegúrese de que usted entiende sus motivos.

Si miente para evitar el castigo, es posible que haya violado alguna de las normas de la casa. Por ejemplo, es posible que rompiera algo que está prohibido tocar, o quizás fue demasiado brusco y lastimó a alguno de sus compañeros de juego. En cualquier caso, no cabe duda de que cree que lo que ha hecho es una ofensa más grave que el hecho de mentir. Si usted quiere que confiese, debe ayudarle a entender que mentir es una falta más grave. Por lo tanto, guárdese el enfado y el castigo más severo para cuando su hijo se empeñe en ocultar la verdad y, cuando sospeche que ha hecho algo malo, en lugar de acusarlo directamente, dígale algo como: "Esto está roto. ¿Me pregunto cómo ocurrió?" Si confiesa, mantenga la calma y castigúelo con menos dureza que si siguiera ocultando la verdad. De este modo, la próxima vez le dará menos miedo confesar.

Inventarse historias no es exactamente lo mismo que mentir. Se trata simplemente de la manifestación de la productiva e incansable imaginación de su hijo que no perjudica a nadie. Sólo se convertirá en un problema si usted —o su hijo— dejan de saber distinguir entre realidad y ficción. Aunque inventarse una historia fantasiosa no es algo que merezca un castigo, sí merece una lección. Explíquele a su hijo el cuento de "Pedro y el lobo" y hágale entender lo peligroso que puede ser inventarse cosas falsas. (Por ejemplo, ¿y si estuvieras enfermo o te hubieras hecho daño y yo no supiera si creerte o no?) Trasmítale que lo mejor para su propio bien es que diga la verdad.

Si su hijo o hija miente porque le está imitando a usted, la mejor forma de erradicar ese comportamiento es modificar el ejemplo que usted le da. Cuando le oye decir "mentiras piadosas", tal vez no entienda que usted lo hace por cuestiones de tacto o para no herir los sentimientos de alguien. Lo único que sabe es que usted no está diciendo la verdad, y es muy probable que deduzca que él también puede mentir libremente. Usted puede intentar explicarle la diferencia que hay entre una mentira piadosa y una mentira propiamente dicha, pero la más probable es que el pequeño no entienda sus argumentos. Obtendrá mejores resultados modificando su modo de actuar delante de él.

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