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Disciplina del bebé de los ocho a los doce meses

El deseo de explorar que tiene un bebé de esta edad es prácticamente imposible de satisfacer. Su hijo querrá tocar, manipular y probar absolutamente todo lo que caiga en sus manos. En el proceso, está predestinado a meterse en lugares y situaciones prohibidas. Por lo tanto, y a pesar de que su curiosidad es vital para su desarrollo global y no debería coartarse innecesariamente, no se puede permitir que ponga en peligro su integridad física ni que destruya objetos valiosos. Ya sea que a su hijo se le occurra tocar las hornillas de la estufa o arrancar plantas del macetero, usted necesita ayudarle a detenerse.

Tenga en cuenta que el modo en que usted enfoque estos incidentes iniciales sentará las bases de la futura disciplina de su hijo. Aprender a no hacer algo que le encantaría hacer es un gran paso hacia el autocontrol. Si su hijo aprende bien esta lección ahora, usted tendrá que intervenir menos en los años que se avecinan.

Por lo tanto, ¿cuál es la mejor estrategia? Como sugerimos antes, la distracción suele ser una forma eficaz de frenar las conductas indeseables. La memoria de su hijo todavía es muy limitada por lo que podrá modificar su foco de atención, con muy poca resistencia. Si su hijo va directo hacia algo que no debería tocar, usted no tiene necesariamente que decirle "no". Si abusa de esta palabra, a largo plazo, dejará de surtir efecto. En lugar de ello, cargúelo y diríjalo hacia algo que pueda hacer. Busque algo que pueda captar su atención y que le permita seguir estando activo sin coartar su curiosidad natural.

La disciplina seria debe reservarse a aquellas situaciones en que el comportamiento del niño podría exponerlo a un peligro real, como por ejemplo, jugar con cables eléctricos. Este es el momento de decir "no" con firmeza, al tiempo que lo aleja del peligro. Pero, no espere que su hijo aprenda a partir de sólo uno o dos incidentes. Debido al escaso alcance de su memoria, esta escena se tendrá que repetir una y otra vez hasta que su hijo reconozca la situación y siga sus advertencias.

Para mejorar la eficacia de la disciplina, la consistencia es fundamental. Por lo tanto, asegúrese de que todas las personas que van a hacerse cargo de su hijo sepan qué puede y qué no puede hacer. Establezca un número reducido de normas, a ser posible limitadas a aquellas situaciones que son potencialmente peligrosas para el niño. Y asegúrese de que oye "no" cada vez que entra en territorio prohibido.

La inmediatez es otra de las componentes esenciales de una buena disciplina. Reaccione en cuanto vea que su hijo puede meterse en problemas, no al cabo de cinco minutos. Si usted pospone la reprimenda, su hijo no entenderá el motivo de su enfado y sus palabras serán en balde. Así mismo, no lo consuele inmediatamente después de reñirlo. Sí, quizás se ponga a llorar, a veces tanto por la sorpresa como por el disgusto; pero espere uno o dos minutos antes de consolarlo. De lo contrario, su hijo no sabrá si realmente hizo algo indebido.

A medida que mejora sus técnicas de disciplina, no pase por alto la importancia de reaccionar positivamente cuando su hijo se porte bien. Este tipo de reacción es igual de importante para ayudarle a adquirir el autocontrol que necesita. Si su hijo se detiene antes de tocar la estufa, demuéstrele que notó cómo se controló y dígale lo mucho que le gusta que se comporte de ese modo. Así mismo, déle un abrazo cada vez que se porte bien con otra persona. Conforme vaya creciendo, su buen comportamiento dependerá, en gran medida, del deseo de complacerle a usted. Si ahora le trasmite lo mucho que usted valora que se porte bien, será mucho menos probable que se porte mal sólo para llamar la atención.

A algunos padres les preocupa la posibilidad de "malcriar" a un niño de esta edad por el hecho de dedicarle demasiadas atenciones, pero usted no debe preocuparse. De los ocho a los doce meses, un bebé tiene una capacidad muy limitada para manipular voluntariamente a los demás. Usted debe asumir que, cuando su hijo llora, no está fingiendo, sino que lo hace porque alguna de sus necesidades no ha sido convenientemente satisfecha.

Estas necesidades cada vez serán más complejas y usted percibirá más variaciones en el llanto de su hijo y en la forma que usted reacciona ante el mismo. Por ejemplo, usted acudirá corriendo cuando oiga el quejido contundente que indica que algo va realmente mal. En cambio, podrá acabar lo que está haciendo antes de reaccionar ante el gritito agudo que significa "ven-aquí-quiero-que-estés-a mi lado". Probablemente también aprenderá a reconocer el llanto lastimero y apagado que trasmite algo parecido a "me podría quedar dormido ahora si me dejaran solo". Reaccionando adecuadamente a los mensajes que se ocultan tras los llantos de su hijo, conseguirá trasmitirle que sus necesidades son importantes, pero que sólo responderá a los llamados que merecen ser atendidos.

De todos modos, habrá veces que usted no sabrá exactamente por qué motivo está llorando su hijo. En estos casos, es posible que ni siquiera él mismo sepa qué es lo que le ocurre. Lo que mejor suele funcionar en estos casos es consolarlo un poco, junto con las técnicas de autoconsuelo que él mismo escoja. Por ejemplo, cargúelo mientras él abraza a su peluche favorito o a su manta especial, juegue a algo con él o léale un cuento. Ambos se sentirán mejor si él está contento. No olvide que la necesidad de atención y afecto es tan importante como la necesidad de alimento o de estar limpio.

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