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Disciplina del bebé de los cuatro a los siete meses

A medida que su hijo se vuelva más activo, más móvil y más curioso, también se volverá más asertivo. Esto es maravilloso para su autoestima y es algo que usted debería fomentar al máximo. Sin embargo, cuando quiera hacer algo que sea peligroso o que pueda molestar al resto de la familia, usted deberá tomar cartas en el asunto.

Durante los primeros seis meses, la mejor forma de afrontar este tipo de conflictos es distraer al bebé con un juguete o una actividad alternativa. Las técnicas de disciplina estándar no empiezan a surtir efecto sino hasta que aumenta el alcance de la memoria del bebé, alrededor de los siete meses de edad. Sólo a partir de este momento podrá utilizar una mayor variedad de técnicas para erradicar el comportamiento no deseado.

Cuando, finalmente, decida empezar a impartir disciplina, no lo haga con "mano dura". A menudo, el enfoque adecuado consiste en reforzar siempre la conducta deseada, reteniendo las recompensas cuando su hijo no se comporte de la forma deseada. Por ejemplo, si su hijo llora sin motivo aparente, asegúrese de que no tiene alguna molestia física; y, cuando deje de llorar, recompénsele con atención extra, palabras cariñosas y abrazos. Si vuelve a ponerse a llorar, espere un poco más antes de dedicarle su atención y háblele con voz firme. Esta vez, no lo recompense con atención extra, ni abrazos.

El principal objetivo de la disciplina es fijarle a su hijo unos límites claros, así que debe ayudarlo a entender exactamente qué es lo que está haciendo mal cada vez que viole una norma. Si hace algo que no está permitido, como tirarle del pelo, hágale saber que no está bien diciéndole "no" con voz serena, impídale que lo siga haciendo y dirija su atención hacia otra actividad aceptable.

Si su hijo está tocando o metiéndose en la boca algo que no debe, apártele la mano suavemante mientras le dice que no está permitido coger ese objeto en particular. Pero, puesto que quiere estimularlo a que toque otras cosas, evite decirle "No se toca". Frases más concretas, tales como "La flores no se comen" o "Las hojas no se comen", trasmiten mensajes que no lo confunden.

Puesto que a esta edad es relativamente fácil modificar su comportamiento, es un buen momento para establecer su autoridad. Pero trate de no tener reacciones exageradas. Su hijo todavía es demasiado pequeño para portarse mal intencionadamente y, si le grita o lo castiga, no va a entender nada. Por lo tanto, aunque debe ser firme y consistente, cuando lo corrija, también deberá mantener la calma y ser cariñoso con él. Si su hijo aprende ahora que es usted quien tiene la última palabra, será mucho mejor para ambos cuando, más adelante, se vuelva más testarudo.

Su hijo y los antibióticos

Los antibióticos son unos de los medicamentos más importantes y efectivos. Cuando se utilizan adecuadamente, pueden salvar vidas, pero, si se utilizan mal, pueden ser muy perjudiciales.

La mayoría de las infecciones son provocadas por dos tipos de gérmenes: los virus y las bacterias. Los virus provocan todos los resfriados y la mayoría de los dolores de garganta y toses. Las infecciones virales más comunes no se curan con antibióticos. Su hijo se recuperará de la infección viral cuando la enfermedad haya seguido su curso. Los antibióticos no deben utilizarse para tratar infecciones virales.

Los antibióticos pueden utilizarse para tratar infecciones bacterianas, pero algunas cepas de bacterias se han hecho resistentes a ciertos antibióticos. Si su hijo sufre una infección provocada por una bacteria resistente a los antibióticos, es posible que le tengan que tratar en un hospital, con medicinas más fuertes por vía intravenosa. Hay un número reducido de cepas de bacterias que son intratables. Para proteger a su hijo contra estas bacterias resistentes a los antibióticos, déle antibióticos sólo cuando el pediatra crea que pueden ser eficaces, puesto que el uso repetido o inadecuado de los antibióticos contribuye a la proliferación de bacterias resistentes.

  • ¿Cuándo conviene administrar antibióticos? ¿Cuándo no conviene?

Éstas son preguntas que debe responder el pediatra, puesto que su respuesta depende del diagnóstico específico de la afección que tenga su hijo. Si cree que su hijo podría requerir tratamiento, póngase en contacto con su pediatra.

  • Infecciones de oído: La mayoría requieren tratamiento con antibióticos, pero algunas no.
  • Sinusitis: Los antibióticos son necesarios en los casos más graves o persistentes, pero el mero hecho de que su hijo tenga mucosidad de color amarillo o verde no significa necesariamente que tenga una infección de origen bacteriano. Es normal que la mucosidad se espese y cambie de color a lo largo de un resfriado de origen viral.
  • Bronquitis: Los niños rara vez necesitan tomar antibióticos cuando tienen bronquitis.
  • Dolor de garganta: La mayoría de los casos son de origen viral. Sólo los provocados por estreptococos, que se deben diagnosticar con una prueba de laboratorio, requieren antibióticos.
  • Resfriados: Los resfriados son provocados por viruses y pueden durar hasta más de dos semanas. Los antibióticos no tienen ningún efecto sobre los resfriados. El pediatra le indicará cómo puede aliviar los síntomas mientras la enfermedad sigue su curso.

Las infecciones virales pueden desembocar a veces en infecciones bacterianas. De todos modos, no deben tratarse con antibióticos para prevenir la infección bacteriana ulterior, ya que esto, aparte de no curar la infección viral propiamente dicha, puede fomentar el desarrollo de infecciones provocadas por cepas de bacterias resistentes a los antibióticos. En el caso de que la enfermedad empeore y/o dure demasiado, mantenga informado al pediatra para que le indique el tratamiento a seguir.

Si el pediatra le receta antibióticos, asegúrese de que su hijo se tome todas las dosis prescritas. Nunca guarde antibióticos para usarse mas tarde.

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