Bebe y niños

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Dificultades de dar el pecho al bebe

Para algunos bebés y algunas madres la lactancia materna va sobre ruedas desde el principio y nunca tienen problemas al respecto. Sin embargo, la lactancia materna puede tener sus altas y sus bajas, sobre todo al principio. Afortunadamente, muchas de la dificultades más habituales pueden solucionarse rápidamente si sabe qué esperar y cómo reaccionar en cada caso. Éstas son algunas sugerencias para afrontarlas:

Sensibilidad o intolerancia a determinados alimentos. En algún momento, a todos nos ha sentado mal algún alimento. Del mismo modo, los alimentos que usted come pueden provocar reacciones en su hijo, ya que una parte de ellos pasa a través de la leche. El niño puede reaccionar con nerviosismo, mamando más frecuentemente de lo habitual, y generalmente llorando desconsoladamente. Es fácil confundir este problema con los cólicos, pero hay una diferencia. Mientras que los verdaderos cólicos ocurren diariamente durante los tres primeros meses, el comportamiento provocado por la sensibilidad a determinados alimentos tiene lugar sólo cuando la madre consume el alimento responsable de la reacción adversa y desaparece en menos de veinticuatro horas.

Su hijo puede tener una reacción de este tipo siempre que usted consuma determinado alimento o sólo cuando consuma una gran cantidad de un alimento que, a dosis reducidas, no ocasiona ningún problema. Los alimentos "flatulentos", tales como el repollo, la cebolla, el ajo, el brécol o el nabo no son bien tolerados por algunos lactantes. Generalmente los síntomas de la reacción duran menos de veinticuatro horas y desaparecen hasta la próxima vez que la madre ingiera los alimentos no tolerados.

En casos bastante excepcionales, los bebes son alérgicos a la leche de vaca o a ciertos derivados lácteos que forman parte de la dieta de la madre, por lo que sufren de cólicos prolongados cuando su madre consume alguno de estos productos. Aparte de los llantos y la inquietud general propia de estos cólicos temporales, una alergia a determinados alimentos puede provocar fuertes molestias gastrointestinales, llevando al niño a levantar las piernas y a retorcerse de dolor. Si su hijo presenta este tipo de reacciones, debería comentarlo con su pediatra antes de eliminar los alimentos problemáticos de su dieta durante por lo menos dos semanas. (Si se trata de una sensibilidad a los productos lácteos, debería dejar de consumir leche, queso, yogurt, helados y requesón) Si los síntomas persisten durante estas dos semanas, lo más probable es que su hijo tenga un verdadero cólico en lugar de una alergia o una intolerancia a los alimentos que usted ha ingerido. Pero si los síntomas desaparecen durante estas dos semanas, deberá considerar seriamente la posibilidad de que el niño no tolere la leche de vaca. En el caso de bebés cuyas familias tienen un historial de alergias, las madres que amamantan deberían reducir al máximo o eliminar estos alimentos de su dieta incluso si el niño no presenta ningún síntoma de malestar.

Puede comprobar si determinado alimento o grupo de alimentos provoca la reacción volviendo a introducirlos en su dieta uno a la vez y viendo si su hijo vuelve a presentar la reacción adversa.

La cafeína es otra sustancia que a veces crea problemas en los bebés amamantados. Parte de la cafeína que consume la madre pasa a su hijo a través de la leche y puede provocar que el niño esté más irritable y quiera lactar más a menudo. Puesto que los lactantes no eliminan bien la cafeína, ésta tiende a acumularse en su organismo. Por lo tanto, es posible que usted no perciba ninguna reacción en su hijo hasta que tenga dos o tres semanas de vida.

No es necesario que elimine toda la cafeína de su dieta. Pero aunque no tome café, puede estar consumiendo más cafeína de la que cree en los refrescos, el chocolate, bebidas de cacao e, incluso, algunos tés de hierbas. Los tés de hierbas pueden ser particularmente perjudiciales, ya que a los fabricantes no tienen la obligación de indicar sus ingredientes en los envoltorios. Tampoco debe olvidar que muchos de los medicamentos que se venden sin receta médica contienen cafeína. No debe tomar ninguna medicina sin consultarlo antes con su médico.

Pezones agrietados. Si no se coloca correctamente al bebé al lactar o él no se agarra bien a su seno, puede acabar con los pezones agrietados, inflamados o doloridos. La causa más frecuente de los pezones agrietados es una mala posición o un agarre incorrecto que permite que el bebé lo muerda o lesione. Amamantar no debería ser una experiencia dolorosa o molesta. Si le duelen los pezones o alguna otra parte del seno, pida consejo a un experto en lactancia. Lávese los senos sólo con agua y no use jabón. Las cremas, pomadas y masajes fuertes tampoco ayudan mucho y es posible que incluso agraven el problema. Vaya cambiando al bebé de posición en cada toma y limite la duración de éstas y de las succiones no nutritivas (utilizar el pecho como un chupete) a cinco o diez minutos (al tiempo que aumenta la cantidad de tomas).

En climas húmedos, el mejor tratamiento de los pezones agrietados es la sequedad, la luz del sol y el calor. No se ponga en los senos forros ni pañitos de plástico que retienen la humedad. En cambio, y hasta puede utilizar un secador (poniéndolo a baja intensidad y no demasiado cerca de la piel). Algunas mujeres prefieren utilizar una lámpara con una bombilla de 60 vatios colocada a unas 18 pulgadas de los senos durante veinte o treinta minutos varias veces al día. También es conveniente lavarse los pezones después de cada toma para enjuagar la saliva del niño y después sacarse un poco de leche y dejarla secar sobre los pezones. La leche seca formará una capa protectora que puede acelerar el proceso de curación. En climas secos, podría untarse bálsamos de lanolina purificada e hipoalérgica. Si estas medidas no parecen solucionar las cosas, consulte a su médico.

Congestión. Como ya hemos comentado, una vez le haya bajado la leche, sus pechos pueden congestionarse si su hijo no lacta a menudo o no lo hace eficazmente. Aunque es lógico que sus pechos se congestionen un poco al principio de la lactancia, una congestión excesiva provoca una hinchazón de los conductos galactóforos y de los vasos sanguíneos del pecho. El mejor tratamiento es sacarse leche entre tomas, sea manualmente o utilizando un extractor y asegurándose de que el niño mame de ambos senos en cada toma. Puesto que el calor estimula la salida de la leche, puede servir de ayuda el darse una ducha caliente mientras se extrae leche manualmente o bien utilizar compresas tibias. También alivia bastante utilizar compresas tibias mientras amamanta y compresas frías entre tomas.

Sin embargo, si sus pechos están muy congestionados, el calor puede ser contraproducente, al estimular la circulación sanguínea. En tal caso, utilice compresas de agua fría o tibia para sacarse leche. Algunas mujeres prefieren alternar el agua caliente y fría entre tomas. Sea cual sea el método que utilice, la congestión debería disminuir en pocos días.

Mastitis. La mastitis es una infección de los senos de origen bacteriano. Causa inflamación, escozor y dolor, generalmente sólo en uno de los dos senos o en una parte del seno, y puede provocar fiebre baja y malestar general. Si usted tiene alguno de estos síntomas, informe a su médico enseguida para que pueda empezar a tratar la infección con antibióticos. No se olvide de comentarle que piensa seguir dándole el pecho a su hijo, para que le recete una medicina que no esté contraindicado con la lactancia. No deje de tomar los antibióticos aunque se encuentre mejor. Tampoco deje de darle el pecho a su hijo; con ello sólo conseguiría empeorar la mastitis y aumentar el dolor. Al bebé no le hará daño la mastitis y la composición de su leche no va a cambiar debido a la mastitis o al hecho de que usted tome antibióticos.

La mastitis puede ser un síntoma de que sus defensas están bajas. Guarde cama, duerma y disminuya su ritmo de actividad para reponer fuerzas. Así mismo, al drenar los senos evitará que la infección se vaya extendiendo. En lo que respecta a la salud de su hijo, puede estar tranquila: la mastitis no va a infectar la leche y, por lo tanto, no hay ningún motivo para interrumpir la lactancia. En contadas ocasiones, algunas mujeres encuentran demasiado doloroso amamantar con el seno infectado. En tal caso, lo mejor es dejar que la leche del seno infectado fluya sobre una toalla o cualquier otro tejido absorbente, como un pañal limpio, mientras el bebé mama del otro seno. De este modo, el niño podrá mamar del pecho infectado sin que resulte tan doloroso para la madre.

La cuestión del cáncer. Las investigaciones indican que dar el pecho ofrece cierta protección contra el cáncer de los senos premenopáusico. Si a una mujer se le ha diagnosticado un cáncer y se le ha extirpado el tumor, su médico puede recomendarle que amamante a su hijo. Sin embargo, muchos médicos consideran que dar el pecho no representa ningún inconveniente aun si a una a mujer se le ha extirpado un quiste o un tumor benigno (no canceroso).

La lactancia después de la cirugía estética. El hecho de que una mujer se haya sometido a una intervención para aumentar el volumen de los senos no tiene por qué interferir con la lactancia, siempre que los pezones no se hayan desplazado ni se hayan cortado los conductos lácteos. Últimamente existe cierta preocupación sobre los posibles riegos que tienen, tanto para la madre como para el bebé, los escapes de los implantes de silicona. Se trata de una cuestión que todavía no está resuelta, pero la mayoría de autoridades sanitarias recomiendan amamantar incluso después de haberse realizado este tipo de implantes. Sin embargo, las intervenciones para reducir el volumen de los senos son un tema diferente; a menudo tiene como consecuencia que la lactancia resulta imposible, sobre todo si se han desplazado los pezones o se han cortado conductos y células nerviosas. De todos modos, muchas mujeres a las que su cirujano les había advertido que no podrían lactar a sus hijos, han comprobado, para su sorpresa, que pueden lactar sin ningún problema. Por lo tanto, merece la pena intentarlo.

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