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Diabetes mellitus en niños

La diabetes mellitus ocurre cuando células especializadas del páncreas (una glándula que está detrás del estómago) no producen una cantidad suficiente de la hormona denominada insulina. La insulina permite que el organismo metabolice las proteínas, grasas y azúcares de los alimentos para poder fabricar tejidos y producir y almacenar energía. En las personas que no tienen diabetes se produce suficiente insulina para digerir lo que comen, pero en las personas con diabetes, al producir una cantidad insuficiente de insulina o nada en absoluto, los nutrientes no se digieren con normalidad y permanecen en el torrente sanguíneo sin que el organismo los pueda aprovechar. Sin una fuente de energía, las células reaccionan como si el organismo estuviera en ayunas. Para poder alimentar a las células, el hígado fabrica azúcar a partir de las reservas de proteínas y grasas acumuladas en el organismo. Esto provoca pérdida de peso y debilidad, ya que, al no poder obtener la energía que necesitan, los músculos empiezan a perder volumen. El cuerpo intenta deshacerse del exceso de azúcar en la sangre produciendo más orina. Por ello es que las personas diabéticas orinan más y suelen tener mucha sed, ya que tienen que compensar el líquido perdido a través de la orina. Sin la insulina, la grasa se descompone en cetonas, que también se excretan a través de la orina.

En la actualidad no hay forma de prevenir la diabetes. La tendencia a desarrollar esta enfermedad es hereditaria, aunque muchos niños con diabetes tipo 1 (provocada por la falta de insulina) no tienen parientes cercanos que padezcan la enfermedad. La destrucción de las células encargadas de fabricar insulina se debe a un proceso en el que el cuerpo percibe a estas células como invasoras y pone en marcha una respuesta inmune contra ellas. Este proceso autoinmune se inicia años antes de que aparezca el primer síntoma. El desencadenante del proceso puede ser por un virus o algún otro factor ambiental.

La diabetes tipo 1 es muy distinta a la diabetes tipo 2 (no provocada por falta de insulina). Esta última es mucho más común, ya que afecta a más del 90 por ciento de los adultos diabéticos. Puesto que este tipo de diabetes es muy diferente al que afecta a la población infantil, las recomendaciones a los adultos que padecen diabetes tipo 2 no son aplicables a los niños que padecen diabetes tipo 1.

La diabetes puede aparecer en cualquier momento, incluso durante el primer año de vida. El diagnóstico se suele retrasar en los lactantes y los niños pequeños hasta que están muy enfermos, porque a esta edad los síntomas de diabetes no son los suficientemente específicos. Por este motivo, es importante que informe inmediatamente al pediatra si su hijo presenta alguno de los siguientes síntomas:

  • No crece o no gana peso con normalidad.
  • Pérdida de peso asociada a aumento del apetito y de la cantidad de alimento ingerido o bien a pérdida del apetito (más frecuente en los niños pequeños).
  • Tiene mucha más sed que de costumbre.
  • Orina más de lo habitual. Un niño que ya había aprendido a usar el baño empieza a tener "accidentes", o un bebé necesita cambios de pañal más a menudo.
  • Síntomas de deshidratación.
  • Dermatitis del pañal severa que no responde al tratamiento habitual.
  • Vómitos persistentes, sobre todo si van acompañados de debilidad o somnolencia.

Si lleva a su hijo al médico porque presenta alguno de estos síntomas, asegúrese de que le hacen un análisis de orina para determinar si ésta contiene azúcar. Esta prueba tan sencilla ayuda en un posible diagnóstico de diabetes y permite evitar un deterioro ulterior que podría tener consecuencias desastrosas.

Tratamiento

Cuando se confirma el diagnóstico de diabetes, se inicia inmediatamente un tratamiento a base de inyecciones de insulina. Si el niño no necesita que le inyecten fluidos por vía intravenosa por la deshidratación o vómitos, la mayoría de especialistas no consideran necesaria la hospitalización. Un equipo de profesionales le enseñará a toda la familia a vivir con esta enfermedad. Usted aprenderá a medir el nivel de glucosa en la sangre de su hijo pinchándole el dedo y a ponerle inyecciones de insulina por lo general dos veces al día en un comienzo. En la medida en que usted acepte y sea capaz de realizar con normalidad estos procedimientos básicos, ayudará a su hijo a adaptarse al tratamiento con un mínimo de ansiedad y miedo. Cuando su hijo tenga siete u ocho años, ya podrá desempeñar un papel activo en el tratamiento de su enfermedad y, cuando tenga once años, es posible que ya sepa ponerse las inyecciones de insulina y realizar los análisis de sangre bajo la supervisión de un adulto.

Los niños diabéticos no necesitan seguir una dieta especial, pero hay que procurar que lleven una dieta equilibrada y coman regular y frecuentemente. Tienen exactamente las mismas necesidades nutricionales que los demás niños para crecer y desarrollarse, con la única salvedad de que no pueden saltarse comidas y no deben posponerlas demasiado. Sus comidas principales deben ser igual en tamaño y contenido en términos de hidratos de carbono y proteínas. Puesto que las insulina se absorbe constantemente, estos niños necesitan comer más a menudo, siendo conveniente que tomen meriendas entre comidas y antes de acostarse. También necesitan comer más si hacen más ejercicio físico que de costumbre, puesto que la actividad física potencia el efecto de la insulina.

Una buena dieta para un niño diabético de cualquier edad es exactamente la misma que para cualquier otro niño. Debe incluir muchos hidratos de carbono complejos, como pan integral, pasta, papas y judías, guisantes, alimentos integrales, como la harina de avena o el salvado, y verduras y frutas frescas, y no más del 30 por ciento de la calorías de origen graso. Las grasas deben ser en su mayoría no saturadas, como el aceite líquido. Los alimentos dietéticos especiales para diabéticos son un gasto innecesario y algunos de ellos, como los que sustituyen el azúcar por grasa, hasta pueden ser perjudiciales.

Merendar entre comidas es importante para mantener un aporte constante de alimentos, para que la insulina cumpla su función y no se desarrolle hipoglucemia (azúcar baja). Entre las meriendas recomendables están la fruta, galletas de queso o de mantequilla de maní, yogur, galletas de cereales, galletas "wafer" de vainilla, y barras de granóla en el caso de que el niño vaya a hacer mucho ejercicio físico. Estos alimentos también se pueden utilizar para tratar síntomas leves de hipoglucemia. Entre los postres recomendables para todos los miembros de la familia figuran la fruta fresca, yogures o pudines con bajo contenido en grasas y pasteles de frutas.

El personal de la guardería o escuela donde asiste el niño debe estar informado acerca de la condición del niño, saber que necesita meriendas y poder identificar los síntomas de hipoglucemia.

El permitir que su hijo participe lo máximo posible en su propio cuidado, le transmitirá cierta sensación de control. A un niño menor de tres años se le puede dejar que elija el dedo donde prefiere que le pinche para obtener la muestra de sangre o dónde quiere que le ponga la inyección de insulina. Los padres deben afrontar el tratamiento con total naturalidad y, al mismo tiempo, ser cálidos y afectivos con él. Sugerimos que todos los adultos de la familia compartan la responsabilidad de las muestras de sangre y las inyecciones. Un niño de entre cuatro y siete años puede colaborar en la lectura de los niveles de azúcar en la sangre y en la preparación de las inyecciones. Los niños de esta edad tienden a pensar que la diabetes es un castigo por algo que han hecho; por ello conviene que los padres insistan en que nadie tiene la culpa y que no se les está castigando por nada.

Cuanto más informado esté sobre la diabetes y con más naturalidad afronte la enfermedad, más probabilidades habrá de que su hijo haga lo mismo. Con el tratamiento existente hoy en día, es posible controlar la enfermedad al punto de reducir considerablemente el riesgo de complicaciones y permitir que los niños afectados puedan crecer y llevar vidas productivas y satisfactorias.

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