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Desarrollo social del niño de los tres a los cuatro años

Cuando tenga tres años, su hijo será mucho menos egoísta que cuando tenía dos. Tampoco dependerá tanto de usted; otro síntoma de que su sentido de identidad está mucho más desarrollado. Ahora jugará con otros niños, relacionándose con ellos en vez de limitarse a jugar a su lado. En este proceso, su hijo irá descubriendo que no todo el mundo piensa como él y que cada uno de sus compañeros de juego tiene muchas cualidades únicas, algunas agradables y otras no. También comprobará que empieza a manifestar ciertas preferencias por jugar con algunos niños, forjando sus primeras relaciones de amistad. En este proceso descubrirá que él también tiene cualidades especiales que lo hacen agradable a los demás, una revelación que será un buen acicate para su autoestima.

Hay aún más buenas noticias sobre el desarrollo social de su hijo a esta edad: conforme se vaya haciendo más consciente y más sensible a los sentimientos y acciones de los demás, irá dejando gradualmente de competir y aprenderá a cooperar cuando juegue con sus amigos. En grupos reducidos, será capaz de esperar su turno y de compartir juguetes, aunque no siempre estará dispuesto a hacerlo. En lugar de tratar de quitarle cosas a los demás mediante la fuerza, el llanto y los gritos, pedirá las cosas con educación la mayoría de las veces. Por lo tanto, es probable que se reduzcan las conductas agresivas y que las sesiones de juego sean mucho más tranquilas. A menudo, los niños de tres años saben resolver sus disputas por su cuenta, estableciendo turnos para que todo el mundo pueda jugar con determinado juguete o haciendo "tratos".

Sin embargo, sobre todo al principio, es importante fomentar este tipo de cooperación. Por ejemplo, puede sugerirles que "utilicen palabras" para resolver sus conflictos en lugar de acciones agresivas. Así mismo, puede recordarles que, cuando dos niños deciden compartir un juguete por turnos, cada uno debe esperar a que le toque el turno. Cuando dos niños quieran el mismo juguete, sugiérales formas simples de llegar a una solución. Por ejemplo, uno puede dedicarse a pintar, o a jugar con otra cosa mientras espera su turno. Este tipo de soluciones no siempre funcionan, pero merece la pena intentarlo. También puede ayudar a su hijo proporcionándole las palabras que necesita para expresar sus deseos y sentimientos a fin de que no se sienta frustrado. Por encima de todo, enséñele a través de su propio ejemplo a afrontar pacíficamente los conflictos. Si usted tiene un carácter explosivo, intente controlar sus reacciones en presencia del niño. De lo contrario, cuando esté bajo estrés su hijo acabará imitando su forma de comportarse.

De cualquier manera, es posible que haya momentos en que el enfado y la frustración de su hijo se materialicen en agresiones físicas. Cuando ocurra esto, deténgalo para que no le haga daño a nadie, y, si no se tranquiliza, aléjelo de los demás niños. Hable con él sobre sus sentimientos e intente averiguar por qué está tan alterado. Hágale saber que usted entiende y acepta sus sentimientos, pero deje bien claro que atacar físicamente a otro niño no es una forma adecuada de expresar las emociones.

Ayúdele a ver las cosas desde el punto de vista del otro niño, recordándole cómo se sintió cuando alguien le pegó o le gritó a él en el pasado, y después sugiérale formas más pacíficas de resolver los conflictos. Por último, una vez que su hijo haya entendido qué es lo que ha hecho mal, pídale que se disculpe con el otro niño. Sin embargo, el limitarse a decir "lo siento" tal vez no sea suficiente para corregir una conducta indeseable. Su hijo también necesita entender por qué se está disculpando. Es posible que todavía no lo pueda entender del todo, pero, cuando tenga cuatro años este tipo de explicaciones empezarán a tener sentido para él.

De hecho, el tipo de cosas que más les interesan a los niños de esta edad permitirá que haya pocas peleas. Con tres años, los niños se pasan la mayor parte del tiempo fantaseando, lo que favorece más la cooperación que otro tipo de juegos. Como probablemente habrá visto, su hijo y sus compañeros de juego se asignarán roles los unos a los otros y se enfrascarán en complejos juegos de simulación, utilizando objetos reales o imaginarios. Este tipo de juegos les ayuda a desarrollar importantes habilidades sociales, tales como turnarse, prestar atención a los demás, comunicarse (a través de acciones y expresiones así como de palabras), y reaccionar ante el comportamiento de sus compañeros. Además, estos juegos tienen otro beneficio: permiten que los niños se metan en el papel que desean representar —incluyendo He-man, La mujer maravilla, Superman o el hada madrina— lo que les ayuda a explorar conceptos sociales más complejos, como el poder, la riqueza, la compasión, la crueldad y la sexualidad.

Al observar cómo se comporta su hijo o hija en estos juegos de simulación, usted comprobará que está empezando a identificarse con su propio sexo. Cuando juegan a "Mamás y Papás", los niños adoptan de modo natural el rol de padre y las niñas el de madre, reflejando las diferencias que han percibido en su propia familia y en el mundo que les rodea. A esta edad los varoncitos pueden sentirse fascinados por su padre, sus hermanos mayores u otros chicos del vecindario, mientras que las niñas lo harán por sus madres, hermanas mayores y otras chicas mayores.

Las investigaciones han puesto de manifiesto que muy pocas de las diferencias evolutivas y del comportamiento que suelen distinguir a un niño de una niña, están determinadas biológicamente. Por ejemplo, un niño preescolar promedio tiende a ser más agresivo, mientras que las niñas suelen ser más verbales. Sin embargo, a esta edad, la mayoría de características relacionadas con el rol sexual se deben a la influencia del entorno familiar y cultural. Incluso si ambos padres trabajan fuera de casa y comparten equitativamente las tareas domésticas, los niños seguirán viendo modelos convencionales de rol masculino y femenino en programas de televisión, revistas, libros, avisos publicitarios y lo que ven en las familias de sus amigos y vecinos. Es posible, por ejemplo, que su hija tienda más a jugar con muñecas debido a la publicidad sobre juguetes, los regalos de familiares bienintencionados y los comentarios de aprobación de otros niños y adultos. A los niños, sin embargo, se les incita a que se olviden de las muñecas (aunque a la mayoría les encantan durante la primera infancia), y se orienten hacia juegos más bruscos y hacia el deporte. A las niñas que prefieren este tipo de juegos se les dice que actúan como varones, "chicazos", mientras que a los niños se les dice que son fuertes y asertivos. No es nada raro que los niños sepan percibir la connotación, de aprobación o desaprobación, que subyace en estos rótulos y que modifiquen su comportamiento en consonancia. De ahí que, cuando un niño o una niña empieza a ir al kinder, su identidad sexual suele estar bastante establecida.

A esta edad, los niños suelen llevar el proceso de identificación sexual hasta los extremos. Las niñas insisten en llevar ropa femenina, pintarse las uñas e ir maquilladas a la escuela o al parque. Los niños, por su parte, manifiestan una asertividad que raya en el descaro y pasean sus armas de juguete por todas partes. Esta forma de comportarse refuerza su sentido de ser un hombre o una mujer.

A medida que su hijo adquiere una identidad sexual en estos primeros años, experimentará actitudes y comportamientos propios de ambos sexos. No hay ningún motivo para coartar estos impulsos, a no ser que impliquen rechazar u oponerse a parámetros culturales firmemente asentados. Por ejemplo, si su hijo se empeña en llevar vestido todos los días, usted podría persuadirlo suavemente de que no lo haga. Si continúa insistiendo, será mejor que se lo comente al pediatra.

También es posible que su hijo imite algunas conductas que los adultos consideran sexuales, como, por ejemplo, el coqueteo. Si un niño es muy teatral y expresivo, es posible que sus "seductoras" miradas y movimientos desconcierten a sus padres. No obstante, la seducción sólo está en la mente del adulto, no en la del niño. A esta edad, los niños no tienen intenciones sexuales maduras y esta forma teatral de comportarse no es más que un juego de imitación, así que no debe ser un motivo de preocupación. Sin embargo, en el caso de que su hijo o hija imite abiertamente comportamientos sexuales propiamente dichos, podría deberse a que o bien ha presenciado este tipo de actos, o bien ha sido objeto de abusos sexuales, por lo que es recomendable hablar con el pediatra.

Hitos sociales hacia el final de este período:

  • Le atraen las experiencias nuevas.
  • Coopera con otros niños.
  • Juega a "Papás y a Mamás".
  • Cada vez tiene mayor capacidad de inventiva en el juego simbólico.
  • Se viste y se desnuda por su cuenta.
  • Negocia soluciones a conflictos.
  • Mayor independencia.

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