Bebe y niños

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Desarrollo lingüístico del niño de los cuatro a los cinco años

Cuando su hijo o hija tenga aproximadamente cuatro años, sus habilidades lingüísticas estarán en pleno proceso de expansión. Ahora será capaz de pronunciar la mayoría de los sonidos de la lengua española, aunque quizás aún tenga algunas dificultades con la doble 'r' o con la combinación de dos o tres consonantes, sonidos que no pronunciará perfectamente hasta que tenga cinco o seis años.

Su hijo tendrá un vocabulario de unas 1500 palabras, y éste aumentará en otras mil a lo largo de este año. Ahora ya puede contar historias elaboradas utilizando frases relativamente complejas, de hasta ocho palabras. Y hablará no sólo sobre las cosas que le ocurrieron y las cosas que querría que le ocurrieran, sino también sobre sus sueños y fantasías.

No se sorprenda, de todos modos, si algunas de las palabras que utiliza no son precisamente las que a usted le gustaría escuchar. Después de todo, acaba de aprender lo poderosas que pueden ser las palabras y se dedicará a explorar con entusiasmo este poder, tanto para lo bueno como para lo malo. Por lo tanto, si su hijo es como la mayoría de niños de esta edad, a veces será extremadamente mandón, pudiéndoles pedir a usted y a su pareja, por ejemplo, que "se callen la boca" o a un compañero de juego que "venga inmediatamente". Para contrarrestar esta tendencia, enséñele a utilizar las palabras "por favor" y "gracias". Pero también analice el modo en que usted y los demás adultos de la familia se dirigen al niño o se hablan entre sí. Existe la posibilidad de que su hijo no esté haciendo más que repetir muchas de las órdenes que oye a menudo en su entorno.

A esta edad probablemente su hijo o hija también aprenderá a decir una que otra mala palabra. Desde su punto de vista, este tipo de palabras que tienen mucho poder. Los adultos las dicen cuando están disgustados o exaltados y, cuando él mismo las usa, provocan alguna reacción. ¿Cuál es la mejor forma de frenar este comportamiento? En primer lugar, sea un buen modelo y esfuércese en no utilizar estas palabras delante del niño, incluso cuando esté bajo estrés. Y en segundo lugar, haga oídos sordos cuando las diga su hijo. Lo más probable es que no tenga la más mínima idea de lo que significan; es la energía que parecen trasmitir lo que le llama la atención.

Cuando su hijo o hija se disguste, es posible que use palabras para insultar a alguien. No cabe duda de que los insultos son preferibles a la violencia física, pero, no obstante, es lógico que a usted le desagraden. De todos modos, conviene que recuerde que, cuando su hijo insulta a alguien, él también está disgustado. Si dice: "Te odio", lo que en el fondo quiere decir es: "Estoy muy enfadado, y quiero que me ayudes a ordenar mis sentimientos". Si se enfada con él y le grita sólo conseguirá que se sienta todavía más dolido y confundido. Por lo tanto, en lugar de ello, mantenga la calma y dígale que usted sabe que no le odia. Hágale saber que tiene todo el derecho del mundo a enfadarse y hable sobre los acontecimientos que provocaron la explosión. Intente proporcionarle las palabras que le permitan expresar lo que siente.

Si el insulto es suave, la mejor respuesta será probablemente una broma. Por ejemplo, supongamos que le llama "bruja fea", usted se puede reír y contestarle: "Y ahora estoy preparando un delicioso potaje de alas de murciélago y ojos de rana. ¿Quieres probarlo?" Este tipo de humor es una forma excelente de atajar el enfado del niño y, de paso, también el suyo.

De todos modos, habrá ocasiones en que no hará falta que su hijo diga nada ofensivo para que usted pierda la paciencia; su constante chachara puede sacarle fácilmente de quicio.

Una forma de lidiar con esas situaciones es intentar redirigir la energía verbal de su hijo. Por ejemplo, en lugar de permitir que siga repitiendo secuencias de sílabas o palabras sin sentido, enséñele una rima o canción o léale algún poema. Así le enseñará a prestar más atención a las palabras que dice y a valorar más la lengua escrita.

El aprendizaje de la lectura

¿Manifiesta su hijo algún interés por aprenderse los nombres de las letras? ¿Ojea libros y revistas por propia iniciativa? ¿Le gusta garabatear con un lápiz o un bolígrafo? ¿Escucha atentamente cuando le lee un cuento? Si la respuesta a todas estas preguntas es afirmativa, probablemente su hijo está preparado para empezar a aprender los aspectos más básicos de la lectura. Si la respuesta es negativa, probablemente le ocurre como a la mayoría de niños y tardará uno o dos años más en adquirir las habilidades lingüísticas, perceptivas y de memoria necesarias para iniciar el aprendizaje formal de la lectura.

Aunque es cierto que algunos niños de cuatro años desean sinceramente aprender a leer y empiezan a reconocer algunas palabras escritas de uso habitual, no tiene ningún sentido forzar a un niño si todavía no está preparado para este aprendizaje. Aunque usted logre enseñarle a su hijo a leer precozmente, es muy probable que esta "ventaja" desaparezca cuando entre a la escuela. El nivel de lectura de la mayoría de los "lectores precoces" se equipara al de los demás niños en el segundo o el tercer grado de la enseñanza primaria.

El factor crucial que determina si un alumno tendrá o no éxito en el terreno académico no es lo mucho que se le instó a aprender precozmente, sino su propio entusiasmo por el aprendizaje. Esta pasión no se le puede inculcar a un niño forzándole a aprender a leer cuando programas de aprendizaje precoz interfieren con el entusiasmo natural del niño al forzarlo a concentrarse en tareas para las que todavía no está preparado.

Por lo tanto, ¿cuál es el mejor enfoque para enseñarle a un niño a leer? Deje que sea su hijo o hija quien fije el ritmo y que disfrute con sus actividades. No lo agobie con demasiadas letras, números, colores, formas y palabras. En vez de ello, estimule su curiosidad natural y su tendencia a explorar las cosas por sí mismo. Léale libros que le gusten, pero no le obligue a aprenderse de memoria las palabras. Procúrele experiencias educativas, pero, sobre todo, asegúrese de que, además de educativas, sean divertidas.

Cuando su hijo esté preparado para aprender a leer, usted dispondrá de muchas herramientas para ayudarle: programas educativos que se emiten por televisión, juegos, canciones, y hasta programas de computadora. Pero no espere que estas herramientas hagan solas todo el trabajo. Usted tendrá que implicarse. Por ejemplo, si a su hijo le gusta ver Plaza Sésamo o cualquier otro programa educativo, véalo con él para estar seguro de que es adecuado para su nivel evolutivo. Si está jugando en la computadora, asegúrese de que el nivel es apropiado para su edad. Si el juego es demasiado difícil, su hijo se sentirá frustrado y gran parte de su entusiasmo inicial se desvanecerá. Un aprendizaje activo en un ambiente cálido y de apoyo, es la clave del éxito.

Hitos relacionados con el lenguaje hacia el final de este período:

  • Recuerda partes de historias o cuentos.
  • Habla en oraciones de más de cinco palabras.
  • Utiliza el tiempo futuro.
  • Explica historias o cuentos más largos.
  • Sabe decir su nombre y su dirección.

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