Bebe y niños

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Desarrollo emocional del niño en el segundo año

Durante su segundo año de vida, su hijo o hija oscilará constantemente entre la acérrima independencia y el querer aferrarse a usted. Ahora que ya sabe andar y hacer cosas por su cuenta, podrá alejarse de usted y poner a prueba nuevas habilidades. Pero, al mismo tiempo, todavía no se siente del todo cómodo con la idea de ser un individuo, separado de usted y del resto del mundo. Sobre todo cuando esté cansado, enfermo o asustado, querrá que usted esté a su lado para que lo consuele y lo acompañe.

Es imposible predecir cuándo su hijo le dará la espalda y cuándo vendrá corriendo en busca de protección. Es posible que cambie de actitud de un momento a otro, o que parezca muy maduro e independiente por varios días seguidos y, de repente, tenga un retroceso en su comportamiento. Usted también podrá tener reacciones encontradas: mientras que en algunos momentos le encantará que su "bebé" acuda en su busca, habrá otros en que le molestará que su hijo siga siendo tan dependiente y tan llorón. Algunas personas denominan este período "la primera adolescencia". No es más que el reflejo de los sentimientos contradictorios que tiene su hijo ante la experiencia de crecer y de alejarse de usted, y es algo absolutamente normal. Recuerde que la mejor forma de ayudarle a recuperar la compostura es ofrecerle toda la atención y todo el apoyo que necesite. Si usted le recrimina diciendo que tiene que comportarse "como un niño mayor" sólo conseguirá que se sienta peor y que se comporte más inseguramente.

El separarse de usted durante breves períodos de tiempo puede ayudar a su hijo a adquirir mayor independencia. Seguirá experimentando cierta ansiedad de separación y es posible que haga un escándalo cuando usted se vaya, incluso si sólo va a estar fuera unos minutos. Pero sus protestas durarán poco. Es posible que estas separaciones le intranquilicen más a usted que a su hijo, pero intente que él no se dé cuenta. Limítese a darle un beso y a decirle que volverá. Y, cuando regrese, salúdelo con entusiasmo y dedíquele toda su atención durante un rato antes de dedicarse a otras cosas. Cuando su hijo entienda que usted siempre vuelve y sigue queriéndolo, se sentirá más seguro.

El niño agresivo

Algunos niños son agresivos por naturaleza y esto es algo que se suele empezar a manifestar durante el segundo año. Quieren controlar absolutamente todo lo que ocurre a su alrededor. Cuando no consiguen lo que quieren, transforman su energía en violencia, dando patadas, puñetazos y mordiscos.

¿Se ajusta su hijo o hija a esta descripción? En tal caso, deberá vigilarlo muy de cerca y fijarle límites firmes y consistentes. Permítale canalizar su energía de forma positiva a través del ejercicio y juegos activos. Y, cuando se relacione con otros niños, no le quite la vista de encima para evitar problemas graves, y no se olvide de elogiarlo cuando no provoque ningún conflicto en una sesión de juegos.

En algunas familias se fomenta la agresividad, sobre todo en los varones. Ciertos padres dicen con orgullo que sus hijos son "duros", lo que el niño puede interpretar como que tiene que pegar y morder para ganarse su aprobación. Contrariamente, en otras familias, los estallidos agresivos propios de esta edad se interpretan como un mal presagio de que el niño será un delincuente. Con el convencimiento de que tienen que frenar este comportamiento lo antes posible, los padres lo castigan "con mano dura". Sin embargo, un niño al que se le trata de este modo es probable que acabe creyendo que así es como debe tratar a la gente cuando no le gusta cómo actúa. Por lo tanto, este tipo de reacción puede acabar reforzando su agresividad. La mejor forma de enseñarle a su hijo a controlar sus impulsos agresivos es actuar con firmeza y coherencia cuando se porte mal. Así mismo, debe recibir un buen ejemplo, tanto de usted como de sus hermanos.

El niño tímido

A algunos niños les asustan mucho las situaciones y personas nuevas. Antes de decidirse a participar en una actividad grupal, se mantienen al margen, observando y esperando. Si se les fuerza a probar algo nuevo, se resisten y, cuando se les presenta a una persona desconocida, se pegan literalmente a las faldas de su madre. Para quien desea fomentar la independencia y la sociabilidad en sus hijos, este comportamiento puede resultar muy frustrante. Pero el forzar o ridiculizar a un niño tímido solo hará que se sienta todavía más inseguro.

La mejor solución es dejar que el niño vaya a su propio ritmo. Déle el tiempo que necesita para adaptarse a las situaciones nuevas y déjele que le agarre de la mano en los momentos en que necesite su apoyo. Si usted está a la altura de las circunstancias, los demás serán menos propicios a ridiculizar al niño y éste adquirirá más seguridad en sí mismo. De todos modos, si su hijo continúa comportándose de este modo durante mucho tiempo, coménteselo al pediatra. Él podrá darle consejos específicos para su caso concreto y, si fuera necesario, remitirle a un psicólogo o a un psiquiatra infantil.

Hitos emocionales hacia el final de este período

  • Muestra mayor independencia.
  • Empieza a presentar conductas desafiantes.
  • La ansiedad de separación va en aumento hasta los dieciocho meses y después remite.

Alertas sobre el desarrollo

Puesto que cada niño evoluciona a su propio ritmo, es imposible saber exactamente en qué momento su hijo dominará completamente determinada habilidad. Los hitos de desarrollo citados en este libro le darán una idea general de los cambios que puede esperar a medida que su hijo vaya creciendo, pero no se preocupe si su hijo sigue un patrón ligeramente distinto. Sin embargo, en el caso de que presentara algunos de los siguientes síntomas, que pueden indicar la existencia de un retraso del desarrollo en niños de esta edad, informe pediatra.

  • Con dieciocho meses cumplidos, todavía no camina.
  • Todavía no ha desarrollado una forma madura de andar, apoyando primero el talón y luego los dedos de los pies, a pesar de llevar varios meses caminando, o anda exclusivamente en puntillas.
  • Con dieciocho meses cumplidos, dice menos de quince palabras.
  • Con dos años todavía no utiliza frases de dos palabras.
  • Con quince meses no parece conocer la función de los objetos domésticos de uso habitual (cepillo, teléfono, timbre, tenedor, cuchara).
  • No imita acciones ni palabras al final de este período.
  • Con dos años no sigue instrucciones simples.
  • Con dos años no sabe empujar juguetes que tienen ruedas.

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