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Cómo reaccionar ante una rabieta del niño en el segundo año

Mientras usted se esfuerza en fijar las normas y reglas a la que su hijo o hija se debe atener, él está intentando convertirse en el dueño de su propio destino. Por lo tanto, es inevitable que choquen de vez en cuando. El primer anticipo de estos enfrentamientos lo tendrá cuando su hijo de poco más de un año sacuda la cabeza y diga con énfasis "¡No!" cuando usted le pida que haga algo. Al aproximarse su segundo cumpleaños, sus protestas se pueden convertir en gritos y o en rabietas completas, en las que se tirará al suelo, apretará los dientes con fuerza, dará patadas, alaridos, puñetazos contra el suelo y hasta es posible que se quede momentáneamente sin respiración. Por mucho que a usted le cueste tolerar estas "representaciones", son formas normales (y hasta saludables) de afrontar los conflictos a esta edad.

Intente ver la situación desde el punto de vista de su hijo. Como cualquier niño de esta edad, cree que el mundo gira a su alrededor. Está intentando por todos los medios ser independiente y la mayor parte del tiempo usted aplaude su fortaleza y su asertividad. Sin embargo, de tanto en tanto, cuando está intentando hacer algo que realmente desea hacer, usted lo aleja de su objetivo y le insta a que haga otra cosa. Él no puede entender por qué usted actúa de ese modo, ni tampoco puede explicarle con palabras lo molesto que se siente. La única forma que tiene de expresar su frustración es a través de las rabietas.

Por lo tanto, estos estallidos son casi inevitables y será el temperamento de su hijo el que marcará el tono de la mayoría de ellos. Si su hijo es adaptable, es de fácil trato, suele ser positivo y fácil de distraer, es posible que nunca llegue a gritar y a dar patadas. En lugar de ello, probablemente hará gestos de desagrado, dirá que no, o simplemente, se irá en la dirección opuesta a la que usted le ha indicado. La oposición sigue estando ahí, pero es de baja intensidad. Sin embargo, si su hijo ha sido muy activo, acaparador e insistente desde que era bebé, probablemente pondrá la misma intensidad en sus rabietas. Usted necesitará recordarse a sí mismo una y otra vez que esto no es ni bueno ni malo, y que no tiene nada que ver con lo buen o mal padre que usted sea. Su hijo no está intentando fastidiarle conscientemente, sino que está atravesando por una fase normal de su desarrollo que pronto (aunque probablemente no tan pronto como usted desearía) pasará.

Probablemente le costará menos afrontar los berrinches de su hijo si piensa en ellos como "actuaciones teatrales". Esto le ayudará a recordar qué es lo que tiene que hace para detenerlos: básicamente, eliminar al público. Puesto que usted es el único público que le importa realmente a su hijo, salga de la habitación donde se encuentra él. Si él lo sigue, utilice la "pausa obligada" y métalo en su corral. En el caso de que se ponga a dar patadas o a morder durante la rabieta, aplique inmediatamente la "pausa obligada". Aunque es normal que su hijo intente exteriorizar su frustración dando rienda suelta a este tipo de conductas superagresivas, usted no puede permitirlo.

No cabe duda de que, cuando las rabietas ocurren fuera de casa, cuesta mucho más mantener la calma. Si usted está en un lugar público, no puede dejar a su hijo e irse a otra habitación. Y, puesto que usted se sentirá azorado y avergonzado, es bastante fácil que se le escape una palmada. Pero, esto no va a funcionar mejor fuera de casa que en casa y, además, tiene el inconveniente añadido de hacer que a los ojos de los demás usted parezca todavía peor que su hijo. Por lo tanto, en lugar de dejar que se le vaya la mano o que el niño se salga con la suya —comportamientos que sólo conseguirían perpetuar las rabietas— llévelo al baño o métalo en el auto para que pueda acabar su actuación lejos de los demás espectadores. A veces, cuando hay público presente, un abrazo fuerte e inmovilizador, acompañado de una voz tranqulizadora, puede ayudar a calmar a un niño.

Cuando la rabieta haya pasado o la "pausa obligada" haya llegado a su fin, no le dé más vueltas a lo ocurrido. Si lo que desencadenó la rabieta fue una petición que usted le hizo a su hijo, repítasela con voz calmada. Si mantiene la compostura y la determinación, su hijo pronto se dará cuenta de que sus "actuaciones teatrales" son una pérdida de tiempo, tanto para usted como para él.

Por otra parte, es posible que en algunas de sus rabietas más extremas su hijo se quede sin respiración. A veces esto puede durar lo suficiente como para que el niño llegue a desmayarse durante un período de tiempo breve. Este tipo de episodios puede causar pánico, pero el niño recuperará la conciencia al cabo de 30 a 60 segundos. Si esto le ocurre, limítese a mantener a su hijo en un lugar seguro y protegido, e intente no reaccionar desproporcionadamente, puesto que así sólo conseguirá reforzar este comportamiento. Si no se refuerzan, este tipo de conductas suelen desaparecer en poco tiempo.

Nuestra posición

La Academia Americana de Pediatría se opone tajantemente a golpear a un niño. Si a un padre se le escapa sin querer una palmada, más adelante le deberá explicar a su hijo por qué lo hizo, es decir, la conducta específica que lo provocó y lo enfadado que estaba. Así mismo, debería disculparse ante su hijo por haber perdido el control, pues esto suele ayudar a los niños pequeños a entender y aceptar que les hayan pegado.

Cómo evitar las rabietas

En lo que respecta al tema de la disciplina, usted tiene algunas ventajas sobre su hijo. En primer lugar, usted sabe que inevitablemente van a haber conflictos entre ambos (hasta es posible que pueda predecir qué situaciones los van a desencadenar), por lo que puede planificar su estrategia con antelación para evitar posibles fricciones.

Siga las siguientes indicaciones para reducir al máximo las rabietas de su hijo, tanto en cantidad como en intensidad. Asegúrese de que todas las personas que cuidan del niño entienden y siguen consistentemente estas pautas.

  1. Cuando le pida a su hijo que haga algo, utilice un tono de voz amistoso y plantee su petición como una invitación en lugar de como una orden. También puede ayudar bastante el decir "por favor" y "gracias".
  2. No reaccione de forma desproporcionada cuando su hijo diga "no". Durante bastante tiempo es posible que diga "no" automáticamente ante cualquier petición o instrucción que se le dé. A esta edad, ¡hasta es posible que diga no a un pastel o a un helado! Lo que en el fondo le quiere decir su hijo es algo parecido a "Quiero tener el control de la situación, por lo tanto diré que no hasta que vea que la cosa va en serio". En lugar de poner el grito en el cielo, responda al reto oculto de su hijo repitiendo la petición con calma y claridad. No lo castigue nunca por decir que "no".
  3. Elija bien sus batallas. Su hijo no tendrá una rabieta a menos que usted lo presione, por lo tanto no lo presione a menos que lo que esté en juego merezca la pena. Por ejemplo, que esté bien sujeto en su asiento cuando van en el auto es algo prioritario, pero conseguir que se coma las arvejas antes que la compota de manzana no lo es. Por lo tanto, aunque él diga que "no" a todo, usted debería decir "no" sólo cuando sea absolutamente necesario.
  4. No le permita elegir cuando sólo haya una opción y no haga tratos. Hay cuestiones, como el baño, la hora de acostarse o el no cruzar la calle solo, que son innegociables. No debe prometerle a su hijo una galleta extra o un paseo por el parque por el hecho de respetar estas normas. Los sobornos sólo le enseñarán a su hijo a saltarse la norma cada vez que usted olvide de darle la recompensa acordada.
  5. Déle a elegir siempre que sea posible. Déjele que decida qué pijama quiere ponerse, qué cuento quiere que le lea, con qué juguete le apetece jugar. Si usted estimula su independencia en estos ámbitos, será mucho más fácil que le obedezca en las cuestiones realmente importantes.
  6. Evite las situaciones que pueden desencadenar una rabieta. Si su hijo siempre monta una escenita en el supermercado, déjelo con la niñera cuando tenga que ir de compras. Si alguno de sus compañeros de juego siempre le saca de quicio, sepárelos durante varios días o semanas y vea si mejora la dinámica a medida que crecen.
  7. Refuerce la buena conducta con elogios y atención. El simple hecho de sentarse a su lado mientras él mira tranquilamente un libro, puede servir para demostrarle que usted aprueba lo que hace.
  8. Tenga sentido del humor. Aunque no es una buena idea reírse de su hijo mientras éste grita y da patadas durante sus "actuaciones", puede ser muy terapéutico reírse y hablar de ello con amigos y otros miembros de la familia cuando él no pueda oírles.

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