Bebe y niños

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Ayuda para cuidar de su hijo

¿Quién cuidará de su hijo o hija mientras usted está fuera de casa? Es muy posible que en algún momento deba plantearse esta pregunta. Ya sea que necesite que alguien cuide de su hijo durante unas cuantas horas a la semana o durante nueve horas al día, es importante confiar plenamente en la persona con quien va a dejar a su hijo. Encontrar a la persona adecuada puede ser todo un reto. Este capítulo le brinda una serie de sugerencias para facilitarle la búsqueda y ayudarle a tomar esta difícil decisión. También ofrece una serie de recomendaciones para prevenir, reconocer y resolver los problemas que puedan presentarse después de hacer la elección.

La parte más crucial del proceso de selección consiste en evaluar el carácter y las habilidades de las candidatas (muchas de las personas que se dedican a cuidar niños son mujeres, pero no todas). Si no se trata de alguien de su familia, es posible que sólo pueda ver a esa persona unas cuantas veces antes de dejarla a solas con su hijo. Sin embargo, usted deseará confiar en ella como si se tratara de un miembro de su familia.

Aunque es imposible estar totalmente seguro de alguien en estas circunstancias, usted puede aprender bastante sobre la forma de proceder de la niñera observándola mientras está con su hijo durante uno o varios días y pidiendo referencias en los lugares donde haya trabajado previamente. No confíe el cuidado de su hijo a una persona hasta que la haya visto relacionarse con su hijo y con otros niños y tenga confianza en sus habilidades y dedicación.

Cualidades que debe buscar en la persona que cuidará de su hijo: Sugerencias para la primera infancia y la etapa preescolar

La mayoría de los niños dan lo máximo de sí mismos cuando están con adultos cálidos y afectivos, que les apoyan y les ayudan a encontrar soluciones, al tiempo que los protegen de tomar decisiones que podrían lastimarlos gravemente. En la siguiente lista encontrará algunos de los aspectos en que debe fijarse al evaluar a las posibles candidatas. Estas indicaciones son aplicables tanto para los empleados de una guardería así como para niñeras y maestras de preescolar y de los primeros años escolares. También es conveniente que las tenga en mente cuando juegue con su hijo o supervise a un grupo de niños.

Una buena niñera debe:

  • Escuchar atentamente a los niños y observar su comportamiento.
  • Establecer unos límites razonables para los niños y hacerlos respetar consistentemente.
  • Explicar a los niños por qué ciertas cosas no están permitidas y ofrecerles alternativas aceptables.
  • Saber afrontar situaciones difíciles cuando surjan y antes de que estén fuera de control.
  • Cumplir las promesas que hace a los niños.
  • Unirse a los juegos de los niños sin interferir.
  • Estimular a los niños a que propongan cosas y tengan sus propias ideas antes de hacer ninguna sugerencia.
  • Recompensar los esfuerzos de los niños y aliviar sus "penas" con gestos afectivos como un abrazo o una caricia.
  • Charlar con los niños de modo natural sobre lo que están haciendo.
  • Ayudar a los niños a animarse mutuamente y a compartir sus logros.
  • Animar a los niños a completar proyectos, aunque tarden más tiempo del que se había programado en un principio.
  • Limitar las conversaciones entre adultos en presencia de los niños.
  • Respetar las ideas y decisiones de los niños.
  • Evitar darle a elegir a un niño cuando sólo hay una opción posible.
  • Dejar que los niños cometan sus propios errores y que aprendan de ellos (siempre que no implique algún tipo de peligro).

¿Qué tipo de ayuda?

Aparte de las recomendaciones generales que acabamos de mencionar, es importante que identifique sus propias necesidades y deseos específicos. Entre las preguntas que debe formularse figuran las siguientes:

  • ¿Dónde quiero que esté mi hijo durante el día? ¿En casa? ¿En la casa de otra persona? ¿En un jardín infantil o guardería? Si ha de ser fuera de casa, ¿en qué zona me iría mejor?
  • ¿Cuántos días y horas a la semana necesito que alguien cuide de mi hijo?
  • ¿Cómo llevaré a mi hijo al centro o a la casa donde van a hacerse cargo de él si está lejos de casa?
  • ¿Qué tipo de arreglos debo hacer con antelación? ¿Qué haré cuando el niño esté enfermo o cuando la niñera no esté disponible por enfermedad o motivos personales? ¿Cómo me organizaré los días de fiesta? ¿Y en vacaciones? ¿Y durante el verano?
  • Siendo realista, ¿cuánto puedo permitirme pagar?
  • ¿De que tamaño quiero que sea el programa al que vaya mi hijo?
  • ¿Qué preparación me gustaría que tuviera la persona que va a cuidar de mi hijo?
  • ¿Cómo quiero que se le imparta disciplina?
  • ¿Qué otras condiciones contribuirían a que me quede tranquila al dejar a mi hijo a solas con alguien?

Aproximadamente la mitad de los padres encuentran ayuda para cuidar de sus hijos dentro de la misma familia, ya sea compartiendo la responsabilidad con la pareja o dejando al niño con algún pariente durante las horas de trabajo. Generalmente ésta es la mejor solución, puesto que el niño conoce a la persona que lo va a cuidar. Si usted tiene amigos o familiares que viven cerca de su casa con quienes podría dejar a su hijo, antes que nada, piense si se sentirá cómodo dejando al niño en sus manos y si ellos estarían dispuestos a cuidar del niño ya sea de modo regular o cuando se presente la necesidad. También debe tener en cuenta que, en lo posible, lo justo es pagar este tipo de servicios, lo que además servirá de estimulo para el familiar que va a quedarse a cargo del niño.

Otras opciones posibles son que la niñera vaya a su casa o bien llevar a su hijo a la casa de otra persona o a una guardería. Sus recursos económicos, la edad y las necesidades de su hijo, así como sus propias ideas sobre cómo se debe criar a un niño le ayudarán a tomar la mejor decisión.

Cuidado en el hogar

Si usted tiene que reincorporarse al trabajo cuando su hijo o hija todavía es un lactante, la mejor elección será probablemente que una persona vaya a su casa para cuidar del bebé y, tal vez, ayudar un poco con los oficios domésticos. Esta persona puede ir cada día a su casa o bien vivir con ustedes. Para encontrar a posibles candidatas puede pedir referencias a sus amigos, buscar en la sección de clasificados de los periódicos o poner un anuncio (sobre todo en revistas para padres) o acudir a una agencia de niñeras.

Para ser niñera no hace falta tener una licencia, por lo que es importante comprobar las referencias que le den las candidatas. Cuando tenga una candidata, pídale información sobre su trayectoria laboral durante los últimos cuatro o cinco años y hable con todas las familias en las que haya trabajado. No tema hacer preguntas personales y detalladas, que le permitan averiguar si se trata de una persona digna de confianza. Así mismo, pregúntele cómo enfoca el tema de la disciplina, los horarios, la alimentación y la forma de consolar y tranquilizar a un niño, para ver si "encaja" con su hijo y con su propio estilo educativo.

La persona por la que se decida terminará formando parte de su familia, así que debe elegir a alguien que respeta sus valores, sus creencias y su forma de vida. En lo posible, intente que todos los miembros de la familia participen en el proceso de elección y establezca un período de prueba antes de comprometerse de forma definitiva.

El hecho de que la niñera se desplace hasta su casa tiene ventajas e inconvenientes.

Ventajas

  1. Su hijo está en un entorno conocido y recibe atención y cuidados individualizados.
  2. No se ve expuesto a las enfermedades ni al comportamiento negativo de otros niños.
  3. Cuando el niño se enferme, usted no tendrá que faltar al trabajo ni hacer un arreglo especial para que alguien más lo cuide.
  4. La niñera también puede ayudarle con algunas de las tareas domésticas. Si son éstas sus expectativas, déjelo en claro desde el principio.
  5. No tendrá que preocuparse por el tema del transporte (a menos que quiera que la niñera se lleve a su hijo de paseo o excursión.)

Inconvenientes

  1. Es posible que sea difícil encontrar a una persona dispuesta a aceptar el salario y todo lo que implica trabajar en una casa ajena, o que usted encuentre prohibitivo lo que suelen cobrar las niñeras cualificadas.
  2. Puesto que la niñera será su empleada, deberá cumplir con los requisitos de salario mínimo, seguro social y deducción de impuestos. (Si usted contrata los servicios de una agencia de niñeras por horas, aunque probablemente le saldrán más caras las horas, no tendrá que cumplir con los requisitos gubernamentales ni deducción de impuestos por su cuenta.
  3. La presencia de una niñera puede alterar la vida familiar, quitándoles intimidad, sobre todo si se queda a dormir en su casa. Además, es posible que "traiga" sus problemas y preocupaciones a casa, lo que le quitará a usted parte del tiempo y la energía que tanto necesita.
  4. Puesto que la niñera estará a solas con su hijo la mayor parte del tiempo, usted no tiene forma de saber lo bien que está haciendo su trabajo.
  5. Usted dependerá completamente de la confiabilidad de su niñera. Si se enferma, tiene problemas familiares, encuentra un trabajo mejor o quiere tomarse unos días de fiesta sin previo aviso, usted tendrá que buscar a toda prisa un substituto.

Cuidado en otra casa de familia

Muchas personas se ofrecen a cuidar a grupos pequeños de niños en su propia casa, a menudo mientras cuidan a sus propios hijos o nietos. Algunas incluso ofrecen cuidado en las noches o cuidado para niños con necesidades especiales. Este tipo de servicio suele ser menos costoso y más flexible que los que ofrecen las guarderías. En las casas que ofrecen cuidado para pocos niños no se suele aceptar a más de seis niños y suele haber sólo una persona a cargo de ellos. Las casas que ofrecen cuidado para grupos grandes pueden aceptar hasta doce niños al mismo tiempo y contar con un mínimo de dos personas responsables.

Debe tener mucho cuidado a la hora de comprobar las referencias y certificaciones antes de tomar una decisión.

Esta opción tiene las siguientes ventajas e inconvenientes:

Ventajas

  1. En una buena casa de familia donde se cuidan niños debe haber una buena proporción adulto-niño. Si algunos de los niños son lactantes, el número total de niños no debería superar los tres.
  2. Su hijo o hija tendrá todas las comodidades que supone el hecho de estar en una casa y podrá participar en muchas tareas y actividades similares a las que realiza en su propia casa.
  3. Probablemente en la casa habrá más niños, por lo que su hijo tendrá más oportunidad de socializar que si estuviera en casa a solas con la niñera.
  4. Las casas particulares suelen ser muy flexibles, por lo que generalmente es fácil llegar a arreglos especiales para colmar las necesidades e intereses de cada niño.

Inconvenientes

  1. Usted no puede observar qué pasa con su hijo cuando está allí. Mientras que en algunas casas se organizan actividades adecuadas y estimulantes para los niños, en otras se utiliza la televisión como niñera —incluso dejando que los niños vean programas que no son apropiados para su edad— mientras los adultos se dedican a las tareas domésticas. (Tenga en cuenta que si la niñera va a su casa para cuidar de su hijo puede hacer exactamente lo mismo).
  2. Puede ser difícil encontrar referencias sobre casas particulares concretas.
  3. Muchas de las personas que trabajan en casas particulares no están cualificados ni cuentan con la supervisión ni los consejos de otros adultos.

Antes de llegar a un acuerdo con una familia que cuida niños:

  • Pida referencias y analice detalladamente todos los permisos, acreditaciones e informes de inspección que tengan (si es que tienen alguno).
  • Hable con los padres que lleven a sus hijos allí o que lo hayan hecho en el pasado y pregúnteles cómo valorarían la experiencia.
  • Entérese de cuántos niños (incluyendo los hijos del responsable, si los tiene) están habitualmente en la casa en diferentes momentos del día y días de la semana.
  • Pregunte qué medidas se toman en el caso de que la persona responsable o algún otro miembro de la familia caiga enfermo.
  • Pregunte a la persona responsable cómo actuaría en una situación de emergencia en que estuviera implicado alguno de los niños o ella misma.
  • Asegúrese de que tanto la persona encargada de cuidar a los niños, como las instalaciones (si tiene una licencia de funcionamiento) cumplan con los requisitos básicos de salud y seguridad, tales como los parámetros nacionales estipulados por la Academia Americana de Pediatría. Si su pediatra no dispone de esta lista de requisitos, puede ayudarle a conseguirla.

Centros de cuidado infantil

Las guarderías también se conocen como centros de cuidado infantil o de desarrollo del niño. Muchos de estos centros abren de 6 ó 7 a.m. a 6 p.m., cubriendo, por lo tanto, las necesidades de la mayoría de los padres que trabajan fuera de casa. Estos centros suelen tener grupos de diez niños o más y a veces están ubicados en iglesias, centros comunitarios o escuelas. La mayoría de ellos están autorizados para cuidar a niños de entre dos años y medio y seis años, pero muchos aceptan también a lactantes.

Las cadenas de centros de cuidado infantil. Se han convertido en una industria nacional en proceso de expansión. Las cadenas más extensas ofrecen una amplia variedad de actividades y programas que satisfacen tanto las necesidades de los niños como las de los padres (programas de desarrollo infantil, currículos estructurados, dirección centralizada). Debido a la marcada centralización de la dirección, es difícil que cuenten con las características distintivas que se pueden encontrar en los centros de tipo individual.

Centros privados independientes. Generalmente se trata de centros pequeños que cuentan con escaso personal. Generalmente no reciben subvenciones de iglesias u otras fuentes, por lo que dependen completamente de sus ingresos para pagar al personal y reportar algún beneficio al propietario. Puesto que estos centros generalmente los han montado una o varias personas con vocación y dedicación, pueden ser bastante bueno, siempre que estos individuos se impliquen activamente en el día a día del centro. Lamentablemente, estos centros no siempre mantienen altos niveles de calidad, debido a la movilidad del personal y/o a los cambios de propietario.

Centros sin ánimo de lucro. Generalmente dependen de iglesias, sinagogas, centros comunitanos, universidades u organizaciones como YMCA o YWCA. Es posible que disfruten de fondos públicos, lo que les permite ofrecer precios más reducidos a las familias con menos poder adquisitivo. Todas las ganancias se reinvierten en el centro, beneficiando directamente a los niños. Sin embargo, estos centros también están sujetos a cambios poco recomendables motivados por las exigencias de las organizaciones que los subvencionan. Muchos también dependen de la participación activa de los padres para recaudar fondos y para ayudar con otros aspectos del funcionamiento del centro.

Llevar a su hijo a un centro de cuidado infantil también presenta ventajas e inconvenientes:

Ventajas

  1. Puesto que los centros de cuidado infantil son más fáciles de controlar y regular, generalmente existe más información sobre ellos que sobre las demás opciones.
  2. Muchos centros tienen programas muy bien estructurados, diseñados para satisfacer las necesidades evolutivas de los niños.
  3. En la mayoría de los centros hay varias personas a cargo de los niños, por lo que usted no dependerá de la disponibilidad de una sola persona.
  4. El personal de estos centros suele estar más supervisado que en las demás opciones.
  5. Generalmente es posible dejar al niño sólo por algunas horas al día o algunos días a la semana, en función del horario laboral de los padres.

Inconvenientes

  1. Las regulaciones sobre el funcionamiento de los centros de cuidado infantil son muy variables. Los requisitos que deben cumplir estrictamente los centros públicos o subvencionados no siempre se cumplen en los centros privados. Además, en algunos estados, los centros que dependen de la iglesia están eximidos de cumplir hasta con los requisitos más mínimos. Para ahorrarse dinero en salarios, la directiva puede contratar a personal menos cualificado de lo que sería aconsejable para cuidar de lactantes y niños pequeños.
  2. Los buenos centros suelen tener largas listas de espera debido a la gran demanda existente.
  3. Puesto que en un centro de cuidado infantil, aunque haya más personal que en las demás opciones, también hay más niños, es posible que su hijo reciba un trato menos individualizado.

Los centros de cuidado infantil por lo común aparecen en el directorio telefónico o pueden identificarse llamando a su agencia local de sanidad o de bienestar social. Muchas comunidades tienen agencias de recursos y referencias que ayudan a los padres a encontrar el cuidado apropiado para sus hijos.

La elección definitiva

Para optar por una u otra posibilidad, usted necesitará conocer todas las reglas y formas de actuar que repercutirán sobre su hijo. Si el programa que elija es lo suficientemente formal como para disponer de un manual impreso, éste puede responder a muchas de sus preguntas. Si no es así, pregunte al director lo siguiente (algunas preguntas se adaptan al caso de niñeras o cuidado en una casa de familia):

  1. ¿Qué requisitos se exigen al personal del centro? A ser posible, los miembros del personal deberían tener por lo menos dos años de formación universitaria, haber pasado una revisión médica y haberse puesto las vacunas básicas. Lo ideal es que tengan experiencia en el campo del desarrollo infantil y que tengan hijos. Los directores por lo común deben tener un título universitario o muchos años de experiencia, lo cual los acreditará como expertos, tanto en el ámbito del cuidado de los niños como en el administrativo.
  2. ¿Cuál es la proporción adulto-niño? Aunque hay niños que necesitan recibir una atención personalizada mientras que otros funcionan bastante bien con una supervisión menos directa, la norma general que se debe seguir es: cuanto más pequeño sea el niño, más adultos deberá haber en cada grupo. A cada niño se le debería asignar un adulto que se responsabilice de él.

¿Qué tamaño tienen los grupos? Generalmente, los grupos más pequeños ofrecen más oportunidades para que los niños interactuen y aprendan los unos de los otros.

  1. ¿Hay cambios de personal con mucha frecuencia? En caso afirmativo, esto podría indicar que hay problemas de funcionamiento interno. En el caso ideal, la mayoría del personal debería llevar varios años en el centro. Lamentablemente, puesto que generalmente se pagan salarios bastante bajos, la movilidad del personal suele ser considerable.
  2. ¿Cuáles son las metas del programa? Algunos centros están muy organizados e intentan enseñar nuevas destrezas o cambiar o moldear el comportamiento de los niños. Otros tienen una filosofía más relajada e insisten en ayudar a cada niño a desarrollarse a su propio ritmo. Y hay otros que se encuentran en un punto intermedio. Primero decida qué es lo que quiere para su hijo y asegúrese de que el programa que elija se ajusta a sus expectativas. Evite los centros que no ofrecen atención ni apoyo personalizado. Generalmente esto es lo que ocurre cuando los grupos son grandes y el personal escaso.
  3. ¿Cuál es el procedimiento de admisión? Los buenos centros suelen pedir información sobre los antecedentes del niño. Prepárese para contestar preguntas muy concretas sobre las necesidades individuales de su hijo, su nivel evolutivo y su estado de salud. También es posible que le pregunten cómo enfoca la educación de su hijo y de los demás niños de la familia. Debería dudar de la idoneidad de un centro a cuya dirección no le interesen este tipo de cuestiones.
  4. ¿La persona o personas que van a cuidar de su hijo disponen de una licencia válida y de un certificado médico actualizado? ¿Se exige que los niños matriculados cumplan todos los requisitos sanitarios e inmunológicos? El centro debería controlar que los niños matriculados lleven al día el calendario de vacunaciones y programar revisiones médicas periódicas a todos los niños y miembros del personal.
  5. ¿Cómo se actúa en caso de enfermedad? Si algún niño o miembro del personal contrae una enfermedad contagiosa (no un mero resfriado, sino enfermedades más importantes como, por ejemplo, la varicela o la hepatitis), se debería informar puntualmente a todos los padres. El centro también debe tener una política muy clara en lo que se refiere a un niño enfermo. Es importante que sepa cuándo debería dejar a su hijo en casa por motivos de salud y cómo reaccionará el centro si se enferma durante el día.
  6. ¿Cuál es el costo? ¿Cuál es el precio de la matrícula? ¿Cada cuánto deberá pagar cuotas? ¿Qué cubre el precio exactamente? ¿Tendrá que pagar igual a pesar de que su hijo falte dal centro cuando esté enfermo o cuando se vaya de vacaciones?
  7. ¿En qué consiste un día típico en el centro? Lo deseable es que se alternen momentos de actividad física con momentos de tranquilidad y reposo. Algunas actividades deberían hacerse en grupo y otras de forma individual. Debería haber un horario establecido para las comidas principales y meriendas. Aunque es conveniente que haya cierta organización, también debe haber espacio para el juego, la improvisación y los acontecimientos especiales.
  8. ¿En qué medida espera la directiva que los padres de los niños se involucren en el centro? Algunos centros insisten mucho en la colaboración de los padres mientras que otros apenas los tienen en cuenta. Un buen centro debería, por lo menos, tener en cuenta sus opiniones y permitirles visitar a su hijo cuando quieran. Descarte cualquier centro que cierre las puertas a los padres, aunque sólo sea durante una parte del día.
  9. ¿Cuáles son las normas generales de funcionamiento? Un centro bien organizado debería tener unas normas claramente establecidas en lo que se refiere a:
  • Horario de funcionamiento.
  • Transporte de los niños.
  • Salidas y excursiones.
  • Comidas y meriendas.
  • Administración de medicinas y primeros auxilios.
  • Evacuaciones en situaciones de emergencia.
  • Notificación cuando un niño falte.
  • Cierre por causas metereológicas.
  • Expulsiones.
  • Material y equipo que deben suministrar los padres.
  • Celebraciones especiales.
  • Cómo ponerse en contacto con el personal por el día o por la noche.
  • Exclusiones temporales por motivos de salud.

Una vez disponga de esta información básica, debería inspeccionar el edificio, el patio y los alrededores mientras el centro está abierto para ver cómo interactúan los miembros del personal con los niños. La primera impresión es muy importante, puesto que influirá sobre la actitud que usted tendrá para con el centro. Si comprueba que se trata a los niños con cariño y calidez, probablemente se sentirá bien de dejar a su hijo o hija allí. Pero, si ve a un empleado pegándole a un niño, probablemente reconsiderará seriamente la posibilidad de dejar a su hijo en ese centro, aunque ésa sea la única forma de maltrato que perciba.

Intente observar la rutina diaria del centro, cómo se estructura el día y qué actividades se organizan para los niños. Fíjese en cómo se prepara la comida y cuántas veces se da de comer a los niños. Fíjese también en la frecuencia con la que se lleva a los niños al baño o se les cambian los pañales. Mientras recorre el centro, compruebe también si se cumplen las siguientes normas básicas de salud y seguridad.

  • El local y las instalaciones están razonablemente limpios (sin coartar el juego de los niños).
  • Hay mucho material para jugar y está en buen estado.
  • El material es adecuado para el nivel evolutivo de los niños.
  • Se supervisa de cerca a los niños cuando se encaraman a sitios altos, se revuelcan, juegan con cubos (que pueden tirarse los unos a los otros) o con otros juguetes que pueden ser peligrosos.
  • Existen áreas de juego seguras, tanto en el interior como al aire libre, para realizar actividades que permiten ejercitar los músculos diariamente. El suelo de estas áreas está cubierto de material que sirva para amortiguar posibles caídas y las instalaciones se ajustan a los parámetros de la Comisión para la Seguridad de los Productos de Consumo.
  • El área donde se guardan y preparan los alimentos está claramente separada del baño y del área donde se cambian los pañales.
  • El sitio donde se cambian los pañales se limpia y se esteriliza después de cada uso.
  • Hay lavamanos al lado de los inodoros, del lugar donde se cambian los pañales y del lugar donde se prepara la comida y para uso tanto de los niños como del personal del centro.
  • Deberían evitarse las sillitas-orinal, puesto que favorecen la transmisión de gérmenes que provocan diarreas.
  • Los niños están supervisados constantemente por un adulto, incluso mientras hacen la siesta.
  • Los miembros del personal encargados del cambio de pañales o de ayudar a los niños a usar el inodoro se lavan bien las manos después de cambiar o de ayudar a algún niño. Si es posible, estas personas no preparan ni sirven la comida a los niños.

Cuando esté convencido de que un centro puede ofrecerle a su hijo un ambiente seguro, cálido y saludable, déjele probar cómo se siente en él mientras usted está presente. Observe cómo se relaciona con las personas que lo cuidan y compruebe que todo el mundo está cómodo con la nueva situación.

Cómo forjar una buena relación con la persona que cuidará de su hijo

Por el bien de su hijo o hija, usted necesita establecer una relación positiva con la persona o personas que lo cuidarán mientras usted está fuera de casa. Cuanto mejor se lleve con ellas, más a gusto se sentirá su hijo cuando estén juntos. Cuanto más comunicación haya entre ustedes, más continuidad habrá en el tipo de trato y de cuidados que recibirá su hijo a lo largo del día.

Una buena forma de entablar y cultivar esta relación es hablar con esa persona —aunque sea durante un rato— cada vez que deje o recoja a su hijo. Si a su hijo le pasa algo emocionante o desagradable a primera hora de la mañana, es posible que afecte al comportamiento del niño durante el resto del día, por lo que la persona que va a cuidar de él debería ser informada. Así mismo, cuando vaya a recogerlo, le deberían informar sobre cualquier cosa importante que le haya ocurrido al niño durante el día, desde un cambio en la consistencia de las deposiciones o un cambio de apetito, hasta una nueva forma de jugar o el hecho de que haya dado sus primeros pasos. Así mismo, si le parece que su hijo está cayendo enfermo, debería comentarlo con la persona responsable de cuidar de él y decidir qué hacer en caso de que los síntomas se agraven.

Es posible que surja cierta rivalidad entre usted y la persona encargada de cuidar de su hijo por recibir su afecto y controlar su comportamiento. Por ejemplo, es posible que tenga que escuchar frases como: "¡Qué curioso, conmigo nunca se porta así!". No le dé demasiada importancia, los niños suelen reservar sus peores comportamientos para cuando están con aquellas personas a quienes les tienen más confianza.

Si usted tiene un trato de camaradería con las personas que cuidan de su hijo, éstas sentirán que usted las respeta y posiblemente pondrán más entusiasmo a la hora de cuidar de su hijo. Aquí tiene algunas formas de fomentar una buena relación diaria con la persona que cuida de su hijo:

  • Enséñele algo que su hijo haya hecho o cuéntele cosas que haya dicho o hecho que sean particularmente divertidas o interesantes. Dígale que compartir este tipo de información es importante para usted y anímela a hacer lo mismo para que haya un intercambio de información.
  • Respétela y trátela con educación.
  • Facilítele material y propóngale proyectos especiales para que los desarrolle con su hijo, tanto individualmente como con otros niños.
  • Contribuya a que el día empiece bien quedándose un rato con su hijo mientras la niñera o el niño se "vayan instalando". Por ejemplo, si usted lleva a su hijo a una guardería, ayúdele a quitarse el abrigo o la chaqueta y espere a que se implique en alguna actividad o en algún juego con otros niños. Si la niñera viene a su casa, espere a que se haya implicado en alguna actividad con su hijo antes de irse. Asegúrese de que su hijo sepa siempre que usted se va, diciéndole adiós antes de marcharse. No alargue demasiado las despedidas ni tampoco se limite a "desaparecer".
  • Ayude a la niñera a programar y realizar actividades especiales con su hijo.

Periódicamente es recomendable que tengan conversaciones más largas para comentar cualquier problema que surja y planificar posibles cambios en la rutina diaria. Intente programar estas conversaciones para cuando usted no tenga afán de irse ni distracciones. Si es posible, organice las cosas para que otra persona se haga cargo de su hijo mientras dura la conversación. Tómense el tiempo suficiente para que puedan tratar todos los hechos y opiniones que ambas tengan en mente y se puedan poner de acuerdo sobre objetivos y formas concretas de actuar.

A la mayoría de los padres les resulta mucho más fácil mantener este tipo de conversación si preparan una lista de temas para comentar. También ayuda bastante empezar la conversación comentando alguna cosa que hace la niñera que usted valora positivamente y, después, pasar a hablar de las cuestiones que le preocupan. Después de dar sus opiniones, pregúntele qué opina ella y escúchela atentamente. Recuerde que, en lo que a la forma de criar a un niño se refiere, hay pocas cosas que estén estrictamente bien o mal y en la mayoría de las situaciones hay varios enfoques "adecuados". Por lo tanto, intente adoptar una actitud abierta y flexible. Acabe la conversación dejando en claro el plan de actuación específico y fijando la fecha de la próxima reunión. Ambas se sentirán mejor si acaban la conversación con algo en concreto, aunque sea decidir que continuarán con el mismo curso de acción durante uno o dos meses más.

Lista de comprobación

Puede utilizar esta lista para evaluar la idoneidad de una persona o centro de cuidado infantil. Idealmente todas las respuestas deben ser afirmativas aunque siendo realistas, siempre habrá algunas respuestas negativas. Analice detenidamente las preguntas contestadas con un "no" y reflexione sobre cuan importantes son para usted.

Para todos los niños

La persona que va a cuidar de su hijo:

  1. ¿Parece ser una persona con quien usted podría entablar una relación franca y abierta?
  2. ¿Da la impresión de que le gustan los niños? ¿Le parece que le gustará a su hijo?
  3. ¿Coincide con usted en lo que se refiere al modo en que se debe cuidar y educar a un niño? ¿Respeta los valores religiosos y culturales de su familia?
  4. ¿Aporta materiales y propone actividades adecuadas para fomentar el aprendizaje y el crecimiento del niño?
  5. ¿Fomenta hábitos higiénicos saludables, tales como lavarse las manos antes de comer?
  6. ¿Domina las técnicas básicas de primeros auxilios?
  7. ¿Puede dedicar suficiente tiempo a cada uno de los niños que están a su cargo?
  8. ¿Intenta que cada niño se sienta bien consigo mismo?
  9. ¿Se toma su tiempo para hablar con usted sobre su hijo con regularidad?
  10. ¿Se hace chequeos médicos y la prueba de la tuberculina regularmente?

El centro o la casa particular:

  1. ¿Tiene los permisos al día?
  2. ¿Está bien situado con respecto a su casa o lugar de trabajo?
  3. ¿Tiene siempre las puertas abiertas a los padres?
  4. ¿Dispone de suficiente espacio, tanto interior como al aire libre, para que los niños puedan moverse libremente y, al mismo tiempo, estén seguros y protegidos?
  5. ¿Dispone de suficiente personal para satisfacer las necesidades de todos los niños?
  6. ¿El equipo utilizado está limpio y bien conservado? ¿Es suficientemente seguro y apropiado para la edad que tienen los niños?
  7. ¿Tiene suficiente luz? ¿Está lo suficientemente caldeado y ventilado?
  8. ¿Tiene una política clara sobre cómo actuar en caso de enfermedad? ¿Existe un área separada para cuidar de los niños enfermos? (No es imprescindible que el centro disponga de un área completamente aislada, pero sí un lugar tranquilo para descansar)
  9. ¿Cumple con las normas básicas de salud y seguridad? Entre ellas deben figurar las siguientes:
  • Superficies acolchadas en los lugares donde puedan producirse caídas desde cierta altura, sea en el interior o al aire libre
  • Un botiquín o enfermería con material para primeros auxilios
  • Detectores de humo y suficientes salidas de emergencia para poder evacuar rápidamente el local en caso de incendio
  • Radiadores y calentadores debidamente cubiertos
  • Mallas o barras resistentes en las ventanas, que no estén al nivel del suelo
  • Clavijas de seguridad en todos los enchufes
  • Un lugar para guardar las medicinas y otras sustancias tóxicas fuera del alcance de los niños y, a ser posible, bajo llave.

Hay oportunidades para:

  1. ¿Jugar tranquila y activamente tanto afuera como adentro?
  2. ¿Jugar individualmente y en grupo?
  3. ¿Utilizar libremente materiales y equipos que fomentan la adquisición y perfeccionamiento de nuevas habilidades y destrezas?
  4. ¿Aprender a relacionarse con los demás y a compartir?
  5. ¿Aprender sobre distintas culturas a través del arte, la música y los juegos?

Si su hijo es todavía un bebé o aún no ha cumplido los tres años

La persona que va a cuidar de su hijo:

  1. ¿Disfruta arrullando a su hijo?
  2. ¿Colma adecuadamente las necesidades físicas de su hijo, alimentándole y cambiándole los pañales cuando es preciso?
  3. ¿Pasa bastante tiempo cargando al bebé, hablando y jugando con él?
  4. ¿Ayuda al bebé a encontrar cosas interesantes que mirar, tocar y oír?
  5. ¿Coopera con usted para enseñarle a su hijo a usar el inodoro?
  6. ¿Ofrece un entorno seguro para su hijo, si éste está empezando a andar o a gatear?

El centro o la casa particular:

  1. ¿Tiene rejas de seguridad colocadas en la parte inferior y superior de las escaleras?
  2. ¿Hay asientos especiales en los inodoros o inodoros diseñados especialmente para niños pequeños y que sean fáciles de limpiar? (Deberían evitarse las sillitas-orinal, puesto que es difícil mantenerlas limpias y favorecen la transmisión de enfermedades infecciosas)
  3. ¿Dispone de un área reservada para el cambio de pañales?
  4. ¿Tiene cunas con colchones estables y cubiertos de un forro grueso de plástico?
  5. ¿Tiene una cuna y ropa de cama para cada bebé?

Hay oportunidades para:

  1. ¿Gatear y explorar sin incurrir en riesgos?
  2. ¿Jugar con objetos y juguetes que estimulan los sentidos del tacto, la vista y el oído (como móviles, sonajeros, gimnasios, juguetes de encajar, pelotas y bloques)?

Si su hijo es un preescolar (entre los tres y los cinco años)

La persona que va a cuidar de su hijo:

  1. ¿Organiza diversas actividades para el niño?
  2. ¿Participa en esas actividades?
  3. ¿Establece límites sensatos y fomenta la independencia del niño?
  4. ¿Reconoce la importancia del juego y la creatividad?
  5. ¿Tiene paciencia y acepta la individualidad de su hijo?

El centro o la casa particular:

  1. ¿Tiene lavamanos accesibles para los niños al lado de los inodoros?
  2. ¿Dispone de instalaciones recreativas seguras y resistentes, tanto en el interior como al aire libre?
  3. ¿Tiene un área para jugar al aire libre rodeada por una cerca que se puede cerrar con llave?
  4. ¿Tiene un salón adecuado para jugar?
  5. ¿Juguetes y material educativo?

Hay oportunidades para:

  1. ¿Participar en juegos de simulación utilizando objetos y disfraces?
  2. ¿Que cada niño pueda elegir sus propias actividades durante parte del día?
  3. ¿Hacer excursiones cortas?

Si, después de completar esta lista de comprobación, sigue teniendo dudas sobre a quién puede confiar el cuidado de su hijo, comente sus preocupaciones con el pediatra.

Cómo resolver los conflictos que surjan con la persona que cuida de su hijo

Supongamos que usted ha elegido cuidadosamente el centro o la persona que se encargará de cuidar de su hijo o hija. ¿Significa esto que sus problemas se han acabado? Probablemente no.

Siempre que dos o más personas comparten la responsabilidad de cuidar y educar a un niño, hay posibilidades de que se presenten conflictos. En la mayoría de los casos los desacuerdos pueden resolverse simplemente hablando sobre el tema. Es posible que se dé cuenta de que el conflicto, en el fondo, obedecía a un malentendido o a una interpretación incorrecta de alguna situación. Sin embargo, habrá veces, sobre todo si hay varias personas implicadas en el conflicto, en que tendrá que adoptar un enfoque más estructurado para resolver las cosas. Seguir una estrategia paso a paso, tal y como se explica a continuación, puede ayudarle bastante:

  1. Defina el problema con claridad. Averigüe qué personas están implicadas, pero evite culpar a alguien. Por ejemplo, supongamos que su hijo ha mordido a varios niños en la guardería. Averigüe a qué niños ha mordido y qué miembros del personal estaban presentes. Pregúnteles qué fue exactamente lo que vieron antes de decidir que el problema le compete sólo a su hijo. Quizás alguien lo provocó. Quizás usted pueda sugerir una forma alterna de actuar en el caso de que se repitiera el incidente.
  2. Escuche las ideas de todos para encontrar posibles soluciones.
  3. Pónganse de acuerdo sobre un plan de actuación en el que se especifiquen con claridad las obligaciones de todo el mundo —usted incluído— y fijen el período de aplicación del plan.
  4. Contemple qué puede fallar en el plan diseñado y decida cómo podrían evitarse o resolverse esos problemas en caso de que surjan.
  5. Ejecute el plan.
  6. Fijen una fecha para volverse a reunir y decidir si el plan está funcionando. Si no es así, reinicie el proceso, planteándose de nuevo qué cambios conviene hacer.

Consejos para hacer más llevaderas las separaciones

Empezar un nuevo día es todo un reto: usted tiene que alimentar y vestir a toda la familia y conseguir salir de casa con suficiente tiempo para llevar a su hijo o hija a la guardería y llegar al trabajo puntualmente. El momento más duro de todos es cuando usted tiene que separarse de su hijo. Las separaciones siempre son difíciles, independientemente de la edad que tenga un niño, pero resultan especialmente problemáticas durante los dos primeros años de vida. A continuación encontrará algunas recomendaciones para que este difícil ritual matutino resulte más llevadero para ambos.

Cómo actuar cuando su hijo se enferma

Si su hijo o hija es como todos los demás, se enfermará de tanto en tanto, independientemente de que lo lleve o no a un centro de cuidados infantiles. En la mayoría de los casos se tratará de un simple resfriado o de otra infección de las vías respiratorias, que son más habituales entre principios del otoño y finales de la primavera. Habrá momentos en que su hijo contraerá una infección tras otra y se pasará semanas enfermo. Si tanto el padre como la madre trabajan fuera de casa a jornada completa, esta situación se puede convertir en un verdadero problema.

Es posible que los responsables de la guardería envíen a un niño a casa por el mero hecho de estar levemente enfermo, y con un buen motivo. Un niño enfermo puede convertirse en un foco de contagio para sus compañeros. Además, es posible que necesite cuidados y atenciones especiales, que la mayoría de las guarderías no están en condiciones de ofrecer.

En algunos estados hay regulaciones que exigen a los centros enviar a un niño a casa cuando está enfermo. Esto tiene sentido, sobre todo cuando el niño tiene fiebre y presenta síntomas como estornudos, tos, vómitos o diarrea, ya que éstas son precisamente las principales vías de contagio de las enfermedades infecciosas.

Sin embargo, las enfermedades del aparato respiratorio son contagiosas justo antes de que aparezca ningún síntoma. Cuando alguien se da cuenta de que un niño está enfermo, es bastante probable que ya haya contagiado a otro compañero y el hecho de que se quede en casa no permitirá evitar la transmisión de la enfermedad. Sin embargo, muy pocas guarderías aceptan la responsabilidad de cuidar a niños enfermos a no ser que se trate de algo muy leve.

Lo ideal sería que usted se pudiera quedar en casa con su hijo cuando esté enfermo. Pero, si usted trabaja a jornada completa, esto será bastante difícil. Hable con su superior con suficiente antelación para ver si es posible que usted se pueda quedar en casa con su hijo cuando esté enfermo. Puede proponerle llevarse trabajo a casa, si es factible, o buscar con anticipación un compañero que pueda substituirla en caso necesario.

Si ni usted ni su pareja pueden faltar al trabajo cuando su hijo esté enfermo, tendrán que hacer algún arreglo especial cuando se dé esta circunstancia. Probablemente lo mejor será que el niño esté en un entorno conocido y con una persona conocida. Si le pide a un familiar que se quede con él o contrata a una niñera, asegúrese antes de que esa persona sabe qué es lo que le pasa al niño y cómo debe tratar la enfermedad.

Si su hijo tiene que tomar algún medicamento, deje escritas con mucha claridad las instrucciones de la administración. Explíquele a la persona que lo va a cuidar por qué se le da la medicina, cómo se debe conservar y administrar (dosis y periodicidad), qué efectos secundarios puede provocar y cómo debería actuar en el caso de que el niño presentara alguno de ellos. Explíquele que las medicinas no se deben "disfrazar" como si fueran alimentos ni describirse como golosinas. En lugar de ello, al niño se le tiene que explicar para qué sirve la medicina y por qué necesita tomársela. Pídale a la persona que se vaya a quedar con el niño que anote las horas exactas a las que le ha dado el medicamento al niño. Si deja a su hijo en una guardería o una casa particular es posible que le pidan que firme un documento dando su consentimiento para que su hijo reciba la medicación.

En algunas comunidades, hay servicios que se especializan en el cuidado de niños levemente enfermos. Entre dichos servicios figuran:

Programas de carácter doméstico

  1. Hogares particulares que están equipados para atender a niños tanto enfermos como sanos. Si un niño se enferma, puede continuar asistiendo a la casa en que lo cuidan, pero en lo posible se le restringe a un área específica.
  2. Hogares particulares que sólo cuidan a niños enfermos. Algunos están asociados con centros de cuidado infantil.
  3. Agencias o centros de cuidado infantil que disponen de personal para ir a cuidar al niño en su propia casa.

Programas ubicados en un centro infantil

  1. Centros regulares de cuidado infantil que tienen personal entrenado para cuidar a niños enfermos dentro de las mismas instalaciones, pero aparte de los niños que están sanos.
  2. Centros que ofrecen un cuarto separado para niños enfermos con personal asignado.
  3. Centros de cuidado infantil que están dedicados específicamente a atender a niños enfermos.

En los programas para niños enfermos, el personal ajusta el nivel de actividad a la habilidad que tiene cada cual de participar, y los niños reciben mucha atención y cariño. Estos programas deben prestar especial atención a la higiene tanto en bien del personal como de los niños. Las instalaciones y el equipo, sobre todo los juguetes, deben limpiarse a fondo y con frecuencia. En algunos casos, dependiendo de la naturaleza de la enfermedad, se necesita disponer de juguetes desechables. Cada uno de estos centros debe contar con un pediatría y un asesor de salud pública a los que se pueda llamar en caso necesario.

Control de enfermedades infecciosas en los centros de cuidado infantil

Siempre que hay varios niños juntos, aumenta el riesgo de contagio de enfermedades. Los bebés y los niños pequeños son especialmente vulnerables, puesto que tienden a meterse las manos y los juguetes en la boca, facilitando, de este modo, el proceso de contagio.

En un centro de cuidado infantil es imposible que todos los objetos y juguetes se mantengan en perfectas condiciones de higiene. Sin embargo, hay algunas prácticas y precauciones que pueden ayudar a controlar el contagio. Las vacunas, por ejemplo, pueden reducir drásticamente los brotes de enfermedades infecciosas graves. Estos centros deben exigir que los niños reciban (a las edades adecuadas) las vacunas contra difteria, tétanos, tos ferina, poliomielitis, sarampión, paperas, rubéola, Haemophilus influenzae tipo b, hepatitis B, varicela y tal vez la de influenza. Así mismo, se debe comprobar el estatus inmunológico del personal del centro y, en caso de duda, se les deben administrar las vacunas pertinentes.

Además de exigir que los niños cumplan el calendario de vacunaciones sistemáticas, los centros de cuidado infantil deben ser extremadamente cuidadosos con la higiene. Los niños deben tener fácil acceso a los lavamanos. Así mismo, se les debe recordar que se laven las manos (e incluso ayudarlos a hacerlo) después de usar el inodoro. El personal debe hacer lo mismo después de cambiar pañales, ayudar a los niños a usar el inodoro o sonarles la nariz, y antes de tocar la comida. Si en un centro coinciden lactantes, niños pequeños que todavía llevan pañales y niños que ya saben usar el inodoro, cada grupo debe tener un área separada con su propio lavamanos. El local y los equipos deben limpiarse por lo menos una vez al día. Los cambiadores, los sanitarios, los lavamanos y cualquier objeto que pueda entrar en contacto con la boca de los niños debe lavarse, rociarse o impregnarse con una solución desinfectante y dejarse secar.

Como padre, usted también puede contribuir a controlar el contagio de enfermedades en el centro al que vaya su hijo no dejándole asistir cuando tenga una enfermedad infecciosa o que requiera una atención especial. (El centro debe dar guías para que los padres sepan cuándo deben actuar de este modo). También debe informar al responsable del centro cuando a cualquier miembro de su familia se le diagnostique una enfermedad grave que sea contagiosa, y solicitar que, cuando algún niño del centro contraiga una enfermedad de este tipo se alerte a todos los padres.

Enséñele a su hijo los hábitos adecuados de higiene para que tenga menos probabilidades de contribuir al contagio de enfermedades. Y, por último, infórmese sobre las enfermedades que son más frecuentes entre los preescolares para saber qué esperar y cómo reaccionar en caso de que alguno de los niños del centro de su hijo las contraiga. Entre estas enfermedades, se incluyen las siguientes:

Resfriados, gripe y otras infecciones de las vías respiratorias

Las infecciones más frecuentes están provocadas por los virus que producen los síntomas de los resfriados o de la gripe o que terminan en infecciones de oído. Puesto que los infantes matriculados en centros de cuidado infantil entran en contacto con mucha gente cuando aún son muy pequeños, estos suelen contraer este tipo de infecciones a una edad más temprana que los que se quedan en casa. Sin embargo, en cuanto el niño entra en la etapa de la primera infancia, el riesgo de contraer este tipo de enfermedades en un centro de cuidado infantil que cumpla los requisitos de higiene básicos, disminuye considerablemente. Las infecciones provocadas por la bacteria Haemophilus influenzae tipo b representan una importante excepción. Las mismas son entre dos y tres veces más frecuentes en los niños que asisten a centros de cuidado infantil. Afortunadamente la probabilidad de que un niño contraiga esta enfermedad se puede reducir administrándole las diferentes dosis de la vacuna correspondiente a partir de los dos meses de edad.

Diarrea

Los trastornos gastrointestinales son menos frecuentes que las infecciones respiratorias. En promedio, un niño tiene entre uno y dos episodios de diarrea al año. Este tipo de enfermedades se contagian fácilmente en los centros de cuidado infantil y casas particulares que carecen de hábitos higiénicos adecuados en lo que a lavarse las manos, cambiar y manipular pañales y preparar la comida se refiere. De todos modos, incluso cuando el personal es muy cuidadoso, un sólo niño infectado puede contagiar a todos los demás.

Si su hijo tiene diarrea, consulte al pediatra o al personal del centro para saber cómo debe actuar. Si tiene una diarrea leve, probablemente bastará con que se quede en casa un par de días para minimizar las probabilidades de contagio. Pero, si se sospecha que puede tener algo más grave, se le deberán practicar diversas pruebas para identificar la causa (bacteria, virus o parásito) antes de que el niño regrese al centro.

Infecciones oculares y cutáneas

El impétigo, los piojos, el empeine, la sarna humana, el herpes labial y la conjuntivitis son problemas bastante frecuentes entre los niños. Estas infecciones que afectan a la piel y a las mucosas se pueden contagiar simplemente tocando a una persona en el área afectada. Afortunadamente no son enfermedades graves, pero son desagradables y molestas. El personal del centro al que lleve a su hijo debe informarle a los padres si alguno de los niños contrae alguna de estas infecciones, para que puedan estar pendientes de la aparición de algún síntoma. Si se presenta algún síntoma de infección, póngase en contacto con el pediatra para que éste puede emitir un diagnóstico y aplicar el tratamiento pertinente.

Hepatitis

Si un niño que va a una guardería contrae la hepatitis A, una infección viral que afecta al hígado, es fácil que la contagie a otros niños y miembros del personal. En los lactantes y los niños pequeños, la mayoría de las infecciones suelen ser asintomáticas o bien provocar síntomas leves y poco específicos. Los niños mayores pueden presentar solo fiebre baja, náusea, vómitos, diarrea o ictericia (color amarillento en la piel). Sin embargo, los adultos que contraen la enfermedad usualmente confrontan estos mismos problemas pero en mayor magnitud. La transmisión de la hepatitis puede ser controlada administrando inyecciones de gammaglobulina, pero es posible que algunos miembros del personal o algunos padres contraigan la infección antes de que se detecte el problema. Por lo tanto, siempre que se le diagnostique hepatitis A a alguien remotamente relacionado con la guardería, se debe alertar a los padres y al personal del centro y consultar a un médico para decidir la mejor forma de evitar la propagación de la enfermedad. Ahora existe una vacuna contra la hepatitis A. Se recomienda administrar esta vacuna a las personas que van a realizar ciertos viajes internacionales o que tienen trabajos de alto riesgo, como por ejemplo, en centros de cuidado infantil.

Citomegalovirus (CMV)

El citomegalovirus suele provocar síntomas leves en niños y adultos, y los primeros a menudo no presentan ningún síntoma en absoluto. Sin embargo, este virus es peligroso para cualquier mujer embarazada que no sea inmune, puesto que puede provocar malformaciones congénitas en el feto. Esta infección se trasmite fácilmente al entrar en contacto directo con fluidos corporales (lágrimas, orina, saliva). Afortunadamente, la mayoría de mujeres adultas son inmunes a esta enfermedad. De todos modos, si una mujer que está embarazada lleva a su hijo a la guardería o trabaja en uno de estos centros, tendrá más probabilidades de exponerse al citomegalovirus, por lo que debería consultar a su médico obstetra.

VIH (Virus del SIDA) y Hepatitis B

El virus VIH (virus del SIDA) y el virus de la hepatitis B provocan infecciones crónicas serias. La infección provocada por el VIH, cuando se desarrolla como SIDA propiamente dicho, constituye una enfermedad fatal. Los niños que están infectados por alguno de estos dos virus generalmente han sido contagiados por sus madres durante el embarazo o el parto. Un niño infectado sólo puede contagiar estos dos virus a otro niño a través del intercambio de sangre. Puesto que esto no es algo que suele presentarse en los centros de cuidado infantil, los niños portadores de estos virus no representan ningún peligro para sus compañeros. Para garantizar que no se transmitan estas graves enfermedades, el personal de los centros debe llevar guantes protectores cuando tenga que curar cualquier herida, y lavar y desinfectar todas las superficies o ropas que hayan entrado en contacto con la sangre.

Prevención y manejo de lesiones en centros de cuidado infantil

Muchas de las lesiones que ocurren en las casas y en las guarderías son previsibles y, por lo tanto, evitables. Aunque la dirección y el personal del centro son los mayores responsables, usted puede ayudarles a identificar riesgos potenciales en las instalaciones y en las prácticas de los profesores o monitores. Por ejemplo, usted puede pasearse por el centro haciendo "inspecciones de seguridad", para comprobar que las instalaciones y el material están en buenas condiciones e identificar y reducir posibles riesgos.

La seguridad dentro y cerca de los autos, tanto para los niños como para los adultos, es de particular importancia. El centro debe tener un área claramente delimitada y lo suficientemente amplia para que los padres puedan estacionar el auto cuando dejen o pasen a recoger a sus hijos. Tanto esta área como el trayecto que vaya del estacionamiento a la entrada del edificio deben estar debidamente resguardados para que los padres y los niños no se mojen cuando llueva mientras colocan a sus hijos en sus asientos de seguridad y los aseguran con los arneses y cinturones. En la carretera, junto al centro, deberían haber señales de tráfico (en ambos sentidos de la marcha) indicando que hay niños cerca. Si alguien pasa por su domicilio a recoger a su hijo para llevarlo a la guardería en auto, asegúrese de que lo sienta y lo asegura correctamente. El conductor debe comprobar que todo el mundo está bien sentado y bien sujeto antes de poner el auto en marcha y que todo el mundo ha salido del auto antes de cerrar las puertas en el estacionamiento. También conviene dejar bien claro que sólo se permitirá que un niño abandone el centro si pasa a recogerlo un adulto conocido.

Si el lugar al que va su hijo tiene piscina, compruebe que cumplan los requisitos de seguridad. Cualquier piscina, lago, riachuelo o estanque frecuentado por niños debería ser revisado periódicamente por las autoridades sanitarias. Si la piscina está dentro del edificio o cerca del mismo, debería estar rodeada por una cerca a prueba de niños que mida por lo menos cinco pies de altura y cuya puerta pueda cerrarse con llave. Por razones de higiene, las piscinitas portátiles deben evitarse.

Seguridad de camino a la guardería

Si usted se turna con otras mamas para transportar a los niños a la guardería, debe ser tan responsable de cada uno de ellos como del suyo propio. Esto significa comprobar que todo el mundo está bien sentado y bien sujeto, no sobrecargar el auto, corregir a los niños que desobedezcan las reglas básicas de seguridad y comprobar que su seguro cubre a todos los pasajeros. Además, tanto usted como los otros conductores, deben tomar las siguientes precauciones:

  • Recoger o dejar a los niños deteniendo el auto junto a la acera o a la en

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