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Asma en niños

Si su hijo tiene tos o emite una especie de silbido al respirar, es posible que tenga asma, un trastorno del aparato respiratorio que afecta a los tubos bronquiales.

Los bronquiolos son unos conductos muy estrechos que conectan los tubos principales (bronquios) con las zonas del pulmón donde tiene lugar el intercambio de oxígeno y dióxido de carbono durante la respiración. Estos tubos están rodeados por unos músculos de fibra lisa que son muy sensibles. Al estimularlos, estos músculos se contraen, lo que provoca que los pequeños conductos por donde pasa el aire se estrechen aún más. Además, la capa que recubre el interior de estos tubos (membrana mucosa) se hincha e inflama y produce un exceso de fluido protector denominado mucus. La inflamación de las vías respiratorias es el aspecto primordial de esta enfermedad. Esta inflamación provoca que la vía de paso de aire sea más reactiva, lo que causa contracciones en los músculos lisos que rodean los tubos bronquiales. Esto conlleva a un estrechamiento de la vía de paso del aire, con la consecuente emisión del sonido sibilante característico del asma durante la exhalación.

Muchas cosas pueden desencadenar una crisis asmática, pero en niños menores de cinco años, los ataques se producen mayormente luego de una infección respiratoria de origen viral, que inflama el recubrimiento de los tubos bronquiales, lo cual estimula a los músculos que los rodean.

Otros de los factores que pueden desencadenar un ataque de asma son:

  • Agentes contaminantes, como humo del tabaco o gases que emanan de pinturas sintéticas.
  • Alérgenos, como polen, esporas, pelo de algunos animales, ácaros, polvo y cucarachas.
  • Hacer ejercicio en algunos niños.
  • Inhalar aire frío.
  • Algunos medicamentos.

Otros desencadenantes menos frecuentes son:

  • Estrés y problemas emocionales.
  • Infección de los senos nasales.
  • Reacciones alérgicas a ciertos alimentos.
  • Lesiones en las vías respiratorias (por ejemplo, en niños a quienes se les ha colocado un tubo endotraqueal o que hayan inhalado previamente humo de tabaco).

Signos y síntomas

Si su hijo tiene un ataque de asma desencadenado por una infección de las vías respiratorias altas, el principal síntoma que tendrá será una tos que empeorará por las noches, al hacer ejercicio, o al entrar en contacto con algún irritante (como humo de tabaco) o con un alérgeno (cómo pelo de animal, polvo o cucarachas).

Emitirá una especie de silbido al exhalar. Conforme el ataque avance es posible que el sonido disminuya, puesto que cada vez entrará y saldrá menos aire.

Si el ataque es muy fuerte, el niño empezará a respirar muy deprisa, su ritmo cardíaco se acelerará, y es posible que vomite. En casos muy graves, parecerá que las paredes del pecho se le hunden en cada respiración, las uñas y los labios se le pondrán azules, se sentirá muy cansado, se moverá muy lentamente y toserá constantemente. Un ataque tan grave requiere atención médica inmediata.

La mayoría de los niños con asma tienen una enfermedad crónica. Pueden tener tos durante el día (o la noche), asociada a ejercicio físico, o al exponerse a determinados agentes; o es posible que el médico oiga silbidos o "pitos" al auscultarlos (sobre todo cuando se les pide que saquen el aire con fuerza) incluso en ausencia de síntomas. En los niños mayores, el asma se puede detectar mediante pruebas que analizan la función pulmonar.

Cuándo acudir al pediatra

Si su hijo tiene asma, es importante saber cuándo requiere atención médica inmediata. Por regla general, debe llamar al pediatra si:

  • El niño tiene seria dificultad para respirar y parece que va empeorando, sobre todo si empieza a respirar muy rápido, las paredes del pecho se le hunden al inspirar y hace una especie de gemido al expirar.
  • Los ojos o las puntas de los dedos se le ponen azules, la piel parece haberse oscurecido, o está muy agitado, extremadamente letárgico o confundido.
  • Le duele el pecho, el cuello o la garganta.

Aunque probablemente sin tanta urgencia, usted también debe contactar al pediatra si:

  • El niño tiene fiebre o una tos o sibilancias persistentes que no responden a la medicación prescrita.
  • Lo vomita todo, por lo que no se le puede dar medicación por vía oral.
  • Tiene dificultad para hablar o dormir debido a la sibilancia, la tos o a lo mucho que le cuesta respirar.
  • Se está medicando con teofilina y este fármaco le produce efectos secundarios como náuseas, vómitos, pérdida de apetito, dolor de cabeza, hiperactividad o temblores.
  • Tiene que faltar a la escuela.

Tratamiento

El asma siempre tiene que tratarse bajo la supervisión de un médico. Las metas del tratamiento son:

  1. Si es posible, eliminar los factores que desencadenan los ataques, incluyendo irritantes como humo de tabaco o sustancias a las que el niño sea alérgico (alérgenos).
  2. Controlar las sibilancias y normalizar la función pulmonar.
  3. Diseñar, junto con el pediatra, un "plan de acción" para responder ante un ataque de asma severo, reduciendo, de este modo, la necesidad de acudir a un servicio de urgencias o de hospitalizar al niño.
  4. Conseguir que su hijo crezca y se desarrolle con normalidad y que participe al máximo posible en las actividades propias de su edad.
  5. Reducir la frecuencia y la gravedad de los ataques.
  6. Evitar al máximo que el niño pierda clases.
  7. Conseguir que el niño duerma bien por las noches.
  8. Minimizar el uso de medicamentos y reducir las probabilidades de que el niño sufra sus efectos secundarios adversos.
  9. Reducir el uso de los servicios de emergencia.

Teniendo estas metas en mente, el pediatra recetará a su hijo medicinéis, en el caso de que sea necesario, o quizás refiera el caso a un especialista para que le examine a fondo la función pulmonar. El pediatra también le ayudará a planificar un programa de tratamiento en el hogar específico para su hijo. Probablemente el programa incluirá aprender a usar la medicación y diseñar un plan de acción para eliminar del hogar los irritantes y alérgenos.

Si el asma de su hijo parece tener una base alérgica importante, probablemente el pediatra les referirá a un alergista pediátrico o un neumólogo pediátrico para que evalúe a fondo la alergia y la función pulmonar del niño. Es posible que el alergista recomiende ponerle al niño vacunas para reducir su sensibilidad a los alérgenos que desencadenan las crisis asmáticas. Esto conlleva inyectar regularmente una forma diluida de las sustancias alergénicas, entre las que se suele incluir el polvo, las esporas, los ácaros y el polen. Así mismo, cuando sepa qué es lo que provoca las crisis, podrá disminuir su frecuencia, evitando exponer al niño a tales sustancias.

El tipo de medicación prescrita dependerá del tipo de cisma que tenga su hijo:

  • Si los síntomas son esporádicos, probablemente el pediatra le recetará un fármaco de acción rápida que permita ensanchar las vías respiratorias (un broncodilatador) para que lo utilice cuando tengan lugar las crisis. Estos fármacos se administran, bien por vía oral o bien mediante inhaladores.
  • Si se trata de un asma recurrente o crónica, probablemente el pediatra le recetará un medicamento para que el niño lo tome diariamente y así controlar a largo plazo la condición. Puede recetarle un broncodilatador, esferoides para inhalar, cromoglicato sódico, que se puede inhalar utilizando un nebulizador o en forma de polvos finos, u otros medicamentos nuevos en el mercado como los modificadores de leucotrienos. Es posible que, para que estos fármacos hagan efecto tengan que pasar varias semanas. El cromoglicato y la inhalación de esteroides reducen la inflamación de las vías respiratorias y la reactividad al igual que los nuevos medicamentos. Los broncodilatadores actúan ensanchando directamente los bronquíolos.
  • Para las crisis más agudas, probablemente el pediatra le recetará, además, otros fármacos, como los corticosteroides (cortisona) y broncodilatadores de acción rápida.

Prevención

La forma más eficaz de evitar que su hijo tenga ataques de asma es:

  • Seguir al pie de la letra las instrucciones del pediatra a la hora de medicar al niño. Ato deje de medicarlo demasiado pronto, no le dé la medicación menos frecuentemente de lo que le corresponde, ni cambie a otro medicamento o a otro tratamiento sin comentárselo al pediatra. Si usted no entiende por qué se le está dando algún medicamento a su hijo, pídale al pediatra que se lo explique.
  • Mantener al niño alejado de aquello que desencadena el ataque de asma, como, polvo, humo, polen, ciertos animales domésticos y ciertos alimentos. Llevar un diario de cuándo ocurren los ataques y qué es lo que los precede puede ayudarle a identificar los causantes. Si es posible, aprenda a anticipar las crisis. Si su hijo suele tener ataques asmáticos cuando contrae infecciones virales, empiece a darle la medicación contra el asma cuando presente los primeros síntomas de infección. El tratamiento debería consistir en fármacos antiinflamatorios (esteroides), junto con un broncodilatador. No espere a que aparezca la tos y la sibilancia para empezar a medicarlo. El momento más fácil y mejor para tratar una crisis cismática es en sus fases iniciales, antes de que se intensifique.

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