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Artritis en niños

La artritis es una inflamación de las articulaciones que produce hinchazón, enrojecimiento, calor y dolor. Aunque solemos creer que esta enfermedad es algo propio de la gente mayor, algunos niños también la padecen. Hay cuatro grandes tipos de artritis infantil:

Sinovitis de cadera

Se trata del tipo de artritis más común en niños. Aparece de repente y desaparece después de un período de tiempo breve, sin dejar secuelas importantes. La causa más probable es un virus.

Infección bacteriana

Cuando una bacteria infecta una articulación, el niño puede empezar a cojear (si la articulación afectada es la cadera, la rodilla o el tobillo). También puede tener fiebre y sentir dolor al mover dicha articulación. Si su hijo presenta estos síntomas, llévelo al pediatra inmediatamente. La infección bacteriana de la cadera puede ser un trastorno grave y debe diagnosticarse y tratarse adecuadamente con carácter de urgencia.

Enfermedad de Lyme

Se trata de una infección trasmitida por las garrapatas que puede provocar una forma de artritis conocida como "artritis de Lyme" (porque fue diagnosticada por primera vez en un niño de Old Lyme, Connecticut). La enfermedad empieza con la aparición de una erupción alrededor de la picada de la garrapata.

Luego, aparecen cambios similares en otras partes del cuerpo. Más adelante, el niño presenta dolor de cabeza, fiebre, escalofríos, y dolores musculares. Semanas o meses después desarrollará la artritis. Aunque esta infección puede ser bastante incapacitante, tiende a durar un período limitado de tiempo. Desde que se descubrió, se ha detectado en otras partes del mundo. Si se diagnostica antes de que pase un mes desde el momento de la picada, el tratamiento a base de antibióticos suele ser eficaz. A los niños que tienen la enfermedad de Lyme crónica y con recaídas, a veces resulta útil administrarles dosis elevadas de antibióticos.

Artritis reumatoidea juvenil

Es el tipo más común de artritis crónica (de curso largo) que puede afectar a un niño. Lamentablemente, puede dejar secuelas permanentes. Se trata de una enfermedad desconcertante, que suele ser difícil de diagnosticar y que a los padres les cuesta bastante comprender.

Si su hijo presenta alguno de los síntomas abajo descritos, particularmente fiebre inexplicable, rigidez persistente de las articulaciones o dolor e inflamación en las articulaciones, llame al pediatra. Todos estos síntomas podrían deberse a una artritis.

La artritis reumatoidea juvenil se da más a menudo en niños de tres a seis años o durante la pubertad. Es raro que empiece antes de que el niño tenga un año o después de que cumpla dieciséis. Aunque esta enfermedad puede ser incapacitante, con el tratamiento adecuado la mayoría de los niños se recuperan completamente, y suele desaparecer después de la pubertad.

Aunque la causa exacta de la artritis crónica juvenil todavía se desconoce, probablemente se debe a la combinación de varios factores. Los investigadores creen que esta enfermedad puede desencadenarse o estar relacionada con una infección viral en niños que tienen una anomalía en el sistema inmune (o de defensas). En un niño no susceptible, el virus probablemente provocará sólo una enfermedad leve y de curso breve. Pero en algunos niños el sistema inmune reacciona de forma desproprocionada ante la infección, sobre todo en las zonas de las articulaciones. Es esta reacción desproporcionada la que provoca la inflamación y el dolor en las articulaciones.

Los síntomas, el pronóstico y las secuelas de esta enfermedad varían según el tipo concreto de artritis reumatoidea juvenil contraída. Por ejemplo, la artritis reumatoidea juvenil sistémica, aparte de provocar fiebre y dolor en las articulaciones, puede afectar a los órganos internos. Cuando esta enfermedad afecta a los órganos internos, el niño puede presentar inflamación de la membrana que recubre el corazón (pericarditis), del músculo del corazón (miocarditis), de la membrana que recubre los pulmones (pleuritis) o de los mismos pulmones (neumonía). Mucho menos frecuentemente, la inflamación puede afectar al cerebro y a las membranas que lo recubren (meningoencefalitis).

Hay otros dos tipos de artritis crónica juvenil: la pauciarticular (sólo afecta a una o dos articulaciones) y la poliarticular (afecta a muchas articulaciones). La primera puede asociarse a inflamación ocular, lo que a su vez puede provocar glaucoma o cataratas. La artritis pauciarticular es la forma de artritis crónica juvenil más común y suele afectar sobre todo a niñas pequeñas. También es la que tiene el mejor pronóstico y la que deja menos secuelas.

Se están haciendo grandes avances en el tratamiento de la artritis reumatoidea juvenil, y en la mayoría de los casos la enfermedad se puede controlar completamente. La meta del tratamiento consiste en reducir la inflamación. Al principio, se solían recetar aspirinas (ésta era una de las pocas indicaciones para darle aspirinas a un niño), porque se trata de un fármaco antiinflamatorio seguro y barato. Aún así, tiene algunos efectos secundarios adversos, como la irritación de las paredes internas del estómago. Así mismo, debido a su asociación con el Síndrome de Reye, en el caso de que el niño contrajera la varicela o alguna enfermedad de tipo gripal, debía interrumpirse inmediatamente el tratamiento. Por ello, hoy día, es posible que el pediatra le recete alguno de los nuevos antiinflamatorios no esteroideos. Al igual que la aspirina, son fármacos de acción rápida, pero es menos probable que provoquen efectos secundarios adversos aunque son mucho más caros.

Si se trata de una artritis crónica juvenil grave y progresiva, probablemente el pediatra le recetará algún otro fármaco de acción lenta y en ocasiones se tendrá que recurrir a medicamentos que regulen la respuesta inmune.

Aunque la artritis reumatoidea juvenil no se puede prevenir, es posible frenar el avance de la enfermedad. A veces los padres deberán hacer cosas bastante difíciles, como forzar al niño a ejercitarse cuando le duele todo el cuerpo. Es algo imprescindible, pues si un niño con artritis crónica permanece inactivo, el dolor y la deformidad aumentan.

La artritis crónica juvenil exige una gran capacidad de adaptación, tanto para el niño como para el resto de la familia. Si toda la familia trabaja en equipo, se reducirán significativamente las probabilidades de que el niño quede con secuelas permanentes. Si necesita ayuda, el pediatra le indicará cómo contactar a organizaciones y asociaciones que pueden ayudarle.

Tratamiento

El tratamiento varía según el tipo concreto de artritis que tenga el niño. Puede incluir medicación, ejercicio, fisioterapia o inmovilización. Sea cual sea el tipo de tratamiento que prescriba el pediatra para el caso concreto de su hijo, es fundamental que usted siga todos los pasos al pie de la letra. A veces puede costarle mucho, sobre todo cuando su niño tiene dolor, pero es importante no desistir a fin de evitar ulteriores sufrimientos y deformidades.

Si a su hijo le han diagnosticado una artritis infecciosa, probablemente el pediatra le recetará antibióticos durante cierto tiempo. Las infecciones bacterianas de cadera deben tratarse inmediatamente mediante punción en la articulación, drenaje quirúrgico y administración de antibióticos por vía intravenosa.

Si a su hijo le han diagnosticado una sinovitis de cadera, probablemente el tratamiento recomendado será guardar cama, y, en algunos casos, tracción (estirar suavemente la articulación utilizando un sistema de pesas y poleas). La enfermedad de Lyme, si se diagnostica a tiempo (antes de que haya pasado un mes desde la picada de la garrapata), se trata con antibióticos. Si la artritis es severa, probablemente le recetarán también otros medicamentos para controlar la inflamación y el dolor hasta que el trastorno desaparezca gradualmente por sí solo.

Cómo quitar una garrapata

  1. Limpie el área con suavidad utilizando una esponja o una bolita de algodón mojada en alcohol.
  2. Utilizando unas pinzas, unas tenazas o directamente con los dedos (protegiéndolos con un pañuelo de papel o un pañito), coja la garrapata lo más cerca posible de la boca del animal y de la piel del niño.
  3. Realizando un movimiento suave pero decidido, tire de la garrapata hacia arriba y hacia afuera. Asegúrese de que la garrapata esté muerta antes de deshacerse de ella. (Conserve la garrapata en el caso de que el departamento de salud de su localidad esté interesado en analizarla).
  4. Una vez extraída la garrapata, limpie a fondo la zona de la picada, con alcohol u otro agente desinfectante.

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