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Apendicitis en niños

El apéndice es una estructura estrecha y hueca en forma de dedo que está unida al intestino grueso. Aunque en los humanos no desempeña ninguna función, puede provocar problemas graves cuando se inflama. Debido a su ubicación, esto ocurre con bastante facilidad; por ejemplo, un trozo de comida o de excreta puede quedar atrapada en su interior, lo que hará que se hinche, se infecte y empiece a doler. Esta inflamación —denominada apendicitis— es más frecuente a partir de los seis años, pero puede ocurrir en niños más pequeños.

Una vez infectado, el apéndice se debe extirpar. En caso contrario, podría perforarse, haciendo que la infección se extienda por la cavidad abdominal. Puesto que este problema puede poner en peligro la vida de una persona, es importante que usted sepa identificar sus síntomas para poder llamar al pediatra en cuanto aparezcan. En orden de aparición, los síntomas son los siguientes:

  1. Dolor abdominal. Suele ser la primera queja del niño. Casi siempre el dolor se experimenta primero alrededor del ombligo. Pasadas varias horas, conforme la infección va empeorando, es posible que el dolor se haga más intenso en la zona inferior derecha del abdomen. Algunas veces, si el apéndice no está en el lugar habitual, el dolor puede aparecer en alguna otra parte del abdomen o, incluso, en la espalda. También se pueden presentar síntomas propios del tracto urinario, como aumento de la frecuencia de la micción o escozor. Incluso cuando el apéndice se encuentra en la posición habitual y el dolor se concentre en la zona derecha inferior del abdomen, es posible que la inflamación irrite también uno de los músculos que conectan el abdomen con la pierna, haciendo que el niño cojee o ande encogido.
  2. Vómitos. Después de varias horas de dolor, pueden aparecer vómitos. Es importante recordar que en la apendicitis, el dolor abdominal precede a los vómitos, no al revés. Los dolores abdominales a consecuencia de vómitos son frecuentes en infecciones virales, como la gripe.
  3. Pérdida de apetito. La perdida de apetito aparece poco después del inicio del dolor.
  4. Fiebre. La apendicitis puede cursar con fiebre, aunque no muy alta (entre 100° y 101° Farenheit, 38° y 38.5° centígrados).

Lamentablemente, los síntomas de la apendicitis a veces quedan ocultos por un proceso infeccioso, viral o bacteriano previo. En tales casos, la diarrea, las náuseas, los vómitos y la fiebre pueden aparecer antes que el típico dolor de apendicitis, dificultando el diagnóstico.

También es posible que, de repente, el niño deje de tener dolor, lo que puede hacer pensar que todo va bien. Desafortunadamente, la desaparición del dolor puede significar que ¡el apéndice se ha perforado! Aunque es posible que dolor desaparezca por varias horas, éste es precisamente el momento de mayor peligro. La infección se extenderá al resto del abdomen, lo que agravará el estado del niño, le subirá la fiebre y será preciso hospitalizarlo para intervenirlo quirúrgicamente y administrarle antibióticos por vía intravenosa. En estos casos, la recuperación es mucho más lenta y pueden haber más complicaciones que cuando la apendicitis se diagnostica y se trata a tiempo.

Tratamiento

Detectar los síntomas de apendicitis no siempre es fácil, sobre todo si el niño es menor de tres años y no puede decir dónde le duele, ni si el dolor se ha desplazado hacia la parte derecha inferior del abdomen. Por este motivo, es mejor actuar pronto si se sospecha que el dolor o el malestar de un niño es más intenso o parece "distinto" de lo habitual. Aunque la mayoría de niños que se quejan de dolor abdominal no tienen apendicitis, éste es un diagnóstico que sólo un médico está capacitado para hacer. Por lo tanto, si su hijo tiene dolor durante más de una o dos horas, acompañado de náuseas, vómitos, pérdida del apetito y fiebre, informe al pediatra inmediatamente. Si él no está seguro de si se trata de apendicitis, es posible que prefiera tener a su hijo bajo observación durante varias horas, sea dentro o fuera del hospital. Durante este período es posible que a su hijo le hagan pruebas complementarias, como análisis de sangre y radiografías, para poder hacer un mejor diagnóstico. Si las pruebas sugieren que el niño tenga apendicitis, se le intervendrá quirúrgicamente lo antes posible.

En casi todos los casos el tratamiento consiste exclusivamente en extirpar el apéndice quirúrgicamente. A veces, aunque raramente, el tejido que recubre los intestinos puede estar recubriendo también el apéndice, siendo este tejido el que contiene la infección. Esto hace que sea difícil extirpar el apéndice sin que se extienda la infección, por lo que se suelen administrar antibióticos, combinándolo a veces con drenaje del área infectada mediante la colocación de un tubito. Pero, ya que la inflamación puede recurrir incluso después de la infección inicial, el apéndice también se suele extirpar.

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